Un soldado menos

Si mis cálculos no están mal hechos, tú, lectora, lector, vas a leer estas líneas el día de las elecciones generales. Ayer habrás reflexionado o no, hoy votarás o no, pero los dos somos respetuosos con la ley, y mientras esperamos los resultados (tú, probablemente con ilusión; yo, seguramente resignado) nos ocuparemos de otros asuntos que no sean los asuntos políticos. ¿Cuáles? Los inmediatos suelen ofrecer alicientes más estimulantes.

hasta el escrutinio tenemos aún mucho tiempo, ocupémonos de otros asuntos

Tengo en este momento entre las manos una recopilación de canciones infantiles hecha por el folclorista Joaquín Díaz hace casi cuarenta años. Hace tres o cuatro nos enseñó él (a Jiménez Lozano, a mi mujer y mí) su extraordinario museo de Urueña, dedicado a la música popular y sus diferentes manifestaciones a lo largo de los siglos. Entre las canciones infantiles está el romance de La pedigüeña. El libro de Díaz es un trabajo serio, concienzudo, en la órbita de los que empezó Menéndez Pidal y siguió Caro Baroja. “Un francés vino de Francia / en busca de una mujer, / se encontró con una niña / que le supo responder. / –Niña, si quieres ser mía / por el término de un año / te vistiera y te calzara / y te regalara un sayo. / –Una niña como yo / no se vende por un sayo / porque soy pequeña y joven / y reconozco mi daño. / Caballero, si usted gusta / de mi hermosura gozar / todo cuanto yo le pida / me lo tiene usted que dar”. Caramba con la niña. Después de esto empieza uno a ver cosas raras en todos los romances: “Al pasar la barca / me dijo el barquero: / Las niñas bonitas / no pagan dinero. / La volví a pasar, / me volvió a decir: / Las niñas bonitas / no pagan aquí”. Qué sé yo.

Pero hasta la hora del escrutinio tenemos todavía mucho tiempo. Tarda este en pasar y vuela, todo en uno. Ese es el misterio de la vida, y de no otra cosa trató Proust en À la recherche. Este libro de Díaz nos lleva de susto en susto: “De Cataluña vengo / de servir al rey / ay, ay, de servir al rey”. Con el inocente folclore no gana uno para sobresaltos. Doy por fin con uno de mi entera satisfacción, El quintado, o soldado de quintas al que mandan a la guerra el día de su boda. Llora su suerte, pero su capitán se apiada de él: “–Coge licencia y vete / en busca de esa doncella / que con un soldado menos / también se acaba la guerra”. Claro que tampoco eso es verdad.