A ver, identifíquese

Dicen que en esta vida hay que probarlo todo y, como desde que nací soy blanco, empieza a rondarme por la cabeza convertirme en negro. No es necesario embetunarse la cara, como el rey Baltasar de algunas cabalgatas trasnochadas (cada vez menos), o los actores blancos que hace un siglo interpretaban papeles de negros, empezando por Al Jolson en El cantor de jazz. Todo eso está mal visto ahora, y con razón.

Para decidir ser negro basta, simplemente, identificarse como tal. Mira tú si es fácil. El paso adelante lo han dado los profesores del Sindicato de Universidades e Institutos del Reino Unido: “Debería permitirse a todo el mundo identificarse como negro sin tener en cuenta el color de su piel o sus orígenes”. La iniciativa es la evolución lógica de la ya vieja disputa sobre si a los hombres se les debe permitir identificarse como mujeres y ser tratados como tales, “independientemente de su anatomía”, dice la prensa inglesa. La posición del sindicato –de izquierdas y con diversas acusaciones de antisemitismo a sus espaldas– es que las personas no sólo tienen derecho a identificarse con el género que elijan, sino también con su raza preferida: “Nuestras normas nos obligan a acabar con todas las formas de discriminación, intolerancia y ­estereotipos. Nuestro sindicato tiene una larga historia que permite a sus miembros autoidentificarse, sea como negros, LGTBI+ o mujeres”.

Pero, para empezar, muchas feministas no están de acuerdo en eso de que un señor sea mujer simplemente porque se defina como tal. Y, por no aceptar ese supuesto axioma, a muchas académicas las vetan en los debates. Sus ideas no están à la page hoy en día. Por no hablar de las deportistas mosqueadas con muchas trans que, en tanto que reconocidas como mujeres, desde hace tiempo compiten con ellas y, por sus características físicas y sus hormonas masculinoides, las dejan fuera de los podios. 

Hace un par de años se supo del caso del actor Anthony Lennon, nacido en Londres de padres irlandeses, que confesó que se identifica como africano (born-again African, para ser exactos) y de esa forma consiguió una beca de una institución de artes escénicas que había creado un programa específico para ayudar a que actores de minorías étnicas desarrollasen sus carreras. La cosa se ha salido de madre; o de padre, no querría yo ahora molestar a nadie.