14/10/2007

Queremos su opinión


Cuidar a los hijos y a la vez trabajar, desarrollarse y pagar la

hipoteca es una ecuación difícil para los padres del siglo XXI. No

es sencillo encontrar la mejor solución: ¿permisos?,

¿guarderías?, ¿más facilidades laborales? El Magazine quiere

conocer la opinión y las experiencias de los lectores.
Nuestros lectores participan

De: Carmene Reguera Gandón

Sólo es cuestión de "amor"

Cuando algo se quiere de verdad, lo más importante es estar el "mejor" tiempo posible a su lado. Traigamos los hijos al mundo con amor, hagámoslo lo mejor posible. Si la sociedad necesita juventud, que empiece a ayudar de verdad a los padres responsables.

Nuestros lectores participan

De: Isabel Tamayo Foj

El dilema también es masculino

Estoy a punto de cumplir 40 años y hace 13 meses que tuve a mis mellizos. Mucho antes de quedarme embarazada ya tenía decidido que, al nacer mis hijo (o hija, o hijos), me tomaría un año entero de excedencia. Sabía que en mi trabajo no tendría ninguna clase de problemas, me considero una privilegiada en ese sentido. Y así fue. Desde el primer día, mi marido ha tratado de conciliar su vida profesional con la llegada de los bebés: con la antigua ley de conciliación familiar todavía en vigor, decidimos que estaríamos juntos el primer mes en casa y, para ello, le cedí uno de mis meses de baja maternal. Luego, durante todo 2007, le permitieron flexibilizar su horario laboral para adaptarlo a nuestras necesidades. Lamentablemente, en 2008 se ha visto obligado a solicitar una reducción de jornada de casi el 26% porque su empresa ha cambiado de política. Sus palabras fueron "no estoy dispuesto a perderme la infancia de mis hijos". Si en el caso de las madres las trabas son importantes, no olvidemos que, para los hombres, es todavía mucho más duro. Por eso quiero rendir un homenaje desde aquí a todos los hombres que, como él, han tenido el arrojo de enfrentarse a sus superiores, y no han dudado ni un momento a la hora de luchar por sus derechos. Y todo pese a las posibles represalias que eso les pueda suponer en el futuro.

Nuestros lectores participan

De: Cynthia Ribera

Cada día hacemos "virguerías"

Hacemos virguerías para llegar a fin de mes, virguerías para compaginar hijos y trabajo, virguerías para todo. Y desgraciadamente seguimos siendo las mujeres las que las tenemos que hacer. Me gustaría poder decir lo contrario pero no puedo, (y ya sé que hay hombres geniales que renuncian a su profesión para estar con sus familias y que ayudan muchísimo en casa y a sus mujeres) pero la gran mayoría no. Y creo que si las cosas se llevaran de otro modo (por parte de los políticos, que con dar 2.500 euros, lo creen todo solucionado, eso no paga ni 6 meses de cacas del bebé, que al precio del pañal son cacas de oro), nadie debería renunciar a nada, que para eso la pareja es de dos y los hijos de los dos, para compaginar y ayudarse. Y lo dice una mujer de carrera, con una licenciatura, 2 idiomas, con dos hijos de 7 y 12 años, divorciada, que es cabeza de familia, madre trabajadora, que sacrificó su vida profesional para que su marido pusiera su empresa en lo más alto y que después de todo, como véis, aún cree en la pareja y la familia. Vamos que soy una de las que hace "virguerías".

Nuestros lectores participan

De: Jorge de Mingo Martín de Ruedas

Disfrutar de tiempo libre para los hijos

Tengo 35 años y tengo una hija de 2años y medio y viene otro en camino para abril. Soy delineante y tenía un trabajo estable en una ingenieria como tal, pero mi hora de llegar a casa eran las 7 de la tarde, desde las 7 de la mañana que salía. Al decidirnos tener otro hijo, me planteé el cambio de trabajo a media jornada, y este verano decidí dejar todo y dedicarme en exclusiva a mi mujer y mis hijos. Ahora estoy trabajando en algo que no tiene nada que ver con lo estudiado, pero no cambio por nada del mundo estar el tiempo que estoy con mi familia.

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De: Mª Teresa Martimpé Puértolas

Ahora aspiro a que mi éxito sea él

Tengo 37 años y soy otra víctima del "reloj biológico". Cada ocho días preparo maletas para trasladarme a trabajar a unos 300 km del lugar donde se encuentra nuestro hogar familiar. Antes de nacer Arnau lo hacía cada semana. Por supuesto me llevo a mi hijo Arnau de 7 meses, y mi oficina ambulante. Desde que nació he instalado mi oficina en casa -soy autónoma-, lugar desde donde precisamente escribo estas líneas. Son las 17h, y en este momento Arnau duerme, aunque sé que en cualquier momento despertará y tendré que dejar el ordenador para ocuparme de él. Habré conseguido trabajar 1h15m. La situación es complicada y concentrarse en el trabajo es práticamente imposible. Mi corazón me pide que no le lleve todavía a la guardería: siento que el niño necesita el amor de su madre. Por ello he tenido que hacer grandes renuncias, con tres carreras universitarias y un proyecto empresarial en marcha, he tenido que pisar el freno de mis ilusiones profesionales. Muchas veces me invade el sentimiento de culpabilidad por no poder gestionar hijo y trabajo al 100 por cien. Lo triste es que la sociedad sólo valore a las personas por sus éxitos profesionales. Desde que nació mi hijo, mis aspiraciones han cambiado en cierta manera: ahora aspiro a que mi éxito sea él. ¿Habrá más hijos? Esa es otra cuestión. Me estremezco al pensar que sí lo deseo, pero...

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