14/10/2007
Queremos su opinión
Cuidar a los hijos y a la vez trabajar, desarrollarse y pagar la
hipoteca es una ecuación difícil para los padres del siglo XXI. No
es sencillo encontrar la mejor solución: ¿permisos?,
¿guarderías?, ¿más facilidades laborales? El Magazine quiere
conocer la opinión y las experiencias de los lectores.
De: César Fernández Álvarez
Carencia
Cuando tuvimos a Pedro carecíamos de infraestuctura familiar. Por mi parte, trabajador a turnos, sin padre desde pequeño, con hermano deficiente y madre mayor con gran minusvalía, la cosa pintaba fea. Por el lado de mi chica, sus padres emigrantes gallegos en Brasil. Sin embargo fue la propia "carencia" la que nos mantuvo a flote e hizo crecer hermoso y fuerte a Pedro. Valga el frívolo juego de palabras, en este caso voy a definir carencia como la suma de las palabras cariño y paciencia. Nada que ver con lamentaciones banales, todo que ver con entrega. Y aún estando tan en lo cierto padres y madres de lo difícil que nos lo ponen para hacer las cosas del modo más simple, creo que debemos empezar cada día una hoja en blanco de este relato breve que es la paternidad y a su vez la vida que tan sólo intentamos vivir con todas sus carencias.
De: Carla Xena Bosch
¡Qué estrés!
Por los padres del siglo XXI un día es agotador. Vas a dejar los niños en la escuela, y si tienes más de uno te apañas. Luego, tienes que cumplir con tu deber de pobre ciutadano y vas a trabajar ocho intermiables horas. Cuando sales del trabajo frito del jefe y de tus arrogantes compañeros más bien aposentados que tú, vas a recoger los niños de la escuela, que se te tiran encima de sólo verte y que te atabalan con preguntas absurdas mientras tú tienes que conducir el coche. Cuando llegas a casa, a punto de caer de cansancio, tienes que preparar la cena y pelearte con tus hijos para que traguen algo de comida y, cuando por fin has conseguido que los niños se vayan a la cama, te das cuenta de que son las doce de la noche y de que en 24 horas no has tenido tiempo ni para ti ni para tu pareja. ¡Y despúes de todo esto dicen que la sociedad está tranquila!
De: GEMMA VILA
Soy maruja porque me da la gana, ¿y qué?
Me licencié en Derecho y oposité a Notaría durante 5 años. Los siguientes 5 me los pasé en mi despacho, ejercí el derecho y me gustó, pero la agresividad de la clientela y el poco respeto a la profesión me hizo cambiar, y lo dejé. Ahora soy chef en cocina y pastelería. Tengo una hija de siete años que dice que ahora le gusto más, porque no le grito como cuando era abogada. Así de claro. Mi profesión pasaba factura a mi hija que está en este mundo porque yo quise. Ahora me dedico a ella todo el tiempo, la educo, la mimo, la cuido y hago todo lo posible para que cuando sea adulta se convierta en una buena persona, pueda elegir y pueda ser feliz. Yo soy y ejerzo de mamá, y me siento bien. Me parece que a mi generación se le vendieron dos motos. Una que decía que casarte era una meta, y no, sólo lo es cuando él gana una pasta y tenemos gananciales, en otro caso te casas para cuidarle; y otra, que debías trabajar como un hombre, porque las mujeres podían hacer lo mismo que los hombres. En resumen que la mayoría nos casamos, tuvimos algún hijo y encima trabajamos, fuera y dentro de casa. Es cierto que las mujeres pueden hacer el mismo trabajo que un hombre (no se trata de levantamiento de peso de 70 kg.), pero hombres y mujeres son diferentes, pensamos diferente,y esa diferencia es la que no tuvo en cuenta el supuesto feminismo que no nos hizo ningún favor, que nos mandó a trabajar doble jornada y que gracias a él se acuñó el peyorativo término: maruja.
De: Almudena Tabares Díez
¿Los padres? ¡La madre!
No pongo en duda el trabajo y el sacrificio que hacen los hombres para mantener a su familia. Su labor es imprescindible, claro está, pero las mujeres trabajan las 24 horas al día. Las hay, amas de casa, que no trabajan fuera (a pesar de ello, se pasan el día entero "currando" en las labores domésticas y cuidando a sus hijos) y también las hay que trabajan fuera. A esto le añadimos el estrés de pensar en qué se le da de comer a los niños, limpiar la casa, hacer las comidas diarias, atender a los estudios de los niños... Por si fuera poco, a aguantar al plasta del jefe, dando la tabarra. ¡Por favor! No es por ser feminista, pero un poco de comprensión a las mujeres. Por Dios, vivimos en el siglo XXI y algunas personas se atascaron en el XIX. ¡Igualdad y repartición del trabajo! Merecemos un descanso, ¿no?
De: Sören Kierkegaard
Ya basta de sexismo...
Y no voy a esribir un texto políticamente correcto, porque va contra una mujer (discúlpenme, oh, gurús de la "igualdad" impuesta). Y es que resulta tremendamente cansino leer los "artículos" de esa escritora tan aficionada a la "intertextualidad" llamada Lucía Etxeberría, que siempre sataniza a los hombres culpándonos de todos los males y escribiendo barbaridades alegremente como que no existe el síndrome de alienación parental (se ve que no copia sólo de otros escritores sino también de revistas baratas de salud). Aunque lo último ya es de traca, pretendiendo justificar el absurdo y martilleante "compañeros y compañeras, profesores y profesoras, almerienses y almeriansas", que en el colegio de su hija hay más profesoras que profesores. ¿Y? A esta señora se le olvida que uno de los principios básicos del lenguaje es el de la economía, aunque viendo cómo escribe y la calidad de sus libros no me extraña que se le olvide. Por favor, basta ya del sexismo de esta señora. Si fuera al revés ya estaríamos con las manos en la cabeza. Imagino que esto no saldrá porque no es políticamente correcto, pero al menos espero que algún responsable lo lea.







