02/03/2008
Utópicos a los treinta
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De: DIEGO GAVILAN MARTIN
En busca de la felicidad.
Soy un chico de Alicante que se ha pasado la vida estudiando: una carrera, varios idiomas, marketing...No me arrepiento, porque me gusta aprender y marcarme retos nuevos. He estado en varias empresas y he visto de todo... He pasado muchos buenos momentos, pero también me ha tocado vivir: largas jornadas, ambientes de trabajo enrarecidos, insatisfacción en los compañeros y jefes. En estas condiciones me cuesta desarrollar el talento, que creo que tengo, y que he podido sacar en algunas ocasiones. Me gustaría que las cosas fueran diferentes, que se apostara más por los profesionales, que hubiera más motivación y reconocimiento por parte de empleados y jefes y sobre todo creo que a la empresa le falta confianza y preparación... En mi opinión son los proyectos encaminados a la productividad y las personas los que generan la energía positiva que atrae la rentabilidad. Ahora estoy desarrollando sitios web y me siento realizado porque soy muy creativo. Creo que he descubierto una vocación, para algunos tardía... Para mí no, porque con 38 años, aún estoy a tiempo de reenfocar mi vida..de hacer algo que sienta por dentro, de expresar mi creatividad, mis ganas de vivir. Aún estoy a tiempo de ser feliz.
De: Maria Pilar Saiz Vela
Me fui con la música a otra parte
Cuando empecé a estudiar Química en la Universidad de Barcelona no podía imaginar que acabaría trabajando de profesora de música en la escuela de Balaguer. Ahora, con algunos años en la facultad de ciencias a cuestas, y otros tantos en el laboratorio de un centro de investigación, afirmo satisfecha que dejar la tesis doctoral y abandonar ese camino intelectual y brillante es la mejor decisión que he tomado en muchos años. Ahora soy la señorita Pili y me lo paso bien enseñando solfeo a niños que preferirían estar en un entrenamiento de futbol, u otros, más mayores, que cambiarán su aprobado en la asignatura por unas horas de Messenger el fin de semana. Pero enseñar música a los que les gusta, y quieren aprender, eso sí que no tiene precio. Pasé 11 años con la ciencia, los 5 últimos con una beca de doctorado con la que pagaba las facturas y mi castillo de arena de alquiler en Barcelona. Hasta que descubrí que la química no me llenaba lo suficiente (a veces la detestaba) pero que no me había atrevido a cambiar de rumbo sólo por el miedo que me producía el no saber qué vendrá, si podría ganarme la vida con la música que también estudiaba en el Conservatorio. Al final dejé el laboratorio y me fui con la música a otra parte. Empecé a dar clases de piano por las tardes en una academia a 9 € brutos la hora, y cogí un trabajo de media jornada en una editorial donde me pagaban 500 €. ¡Algunos meses me pasaba de mileurista! Cuenten la de horas que me tocaba echar en la academia. Un año después de recoger mis alas y curar las heridas con tiritas de esas que no se van cuando te duchas, trabajo de profesora en una escuela de música, descubriendo día a día que encontrar una canción que le arranque la sonrisa un chic@ es el mejor experimento. Aunque algunos me digan: “Señorita, pues yo preferiría ser científica antes que profesora de música… ZP, por favor, cuando ganes sube las becas de doctorado. Rajoy, ¿tu niña estudiará música? A Ismael Serrano, ahora y siempre, un abrazo.
De: MARÍA ORRIOLS MONTERO
Dejamos todo y nos fuimos a realizar nuestro sueño
Nuestra segunda vida. ASí es como denominamos Edu y yo los seis meses que hemos estado viajando por Australia, Nueva Zelanda Malasia y Singapur. Yo curraba como redactora jefe de moda y belleza en una revista que cerró. La empresa me ofrecía un puesto muy por debajo de mi categoría, así que pactamos un despido. A partir de entonces comenzó mi campaña: convencer a Edu de realizar nuestro sueño, viajar durante unos meses por el mundo. Él, director financiero de una empresa de material de bellas artes, estaba agobiadísimo en su trabajo. Después de meses convenciéndole, decidió dar el paso y largarse.
En un mes organizamos todo y nos fuimos al otro lado del mundo: Australia. Viajando en una autocaravana, estuvimos un mes en Nueva Zelanda, tres meses y medio en Australia y otro mes en Malasia y Singapur. No tengo palabras para explicar la experiencia, todavía se nos caen lagrimones cuando vemos las fotos o hablamos de ello. Sólo sabemos que jamás nos arrepentiremos de la experiencia vivida. La vida es una, y hay que aprovecharla al máximo. El mundo no se acaba por estar seis meses fuera. uelves con más fuerza que nunca, queriendo hacer cosas nuevas, lánzadote a proyectos que jamas hubieras hecho antes y sin miedo a nada, n a la hipoteca. Qué hubiera pasado si en vez de gastarnos el dinero en viajar hubiéramos amortizado parte de la hipoteca? Que en lugar de estar pagando durante 30 años voy a pagar durante 25 y ¡quién sabe dónde estaremos entonces! Ahora Edu ha montado su propia empresa y yo estoy en una nueva revista. Pero tenemos otra meta más importante: repetir la experiencia dentro de cinco años, yya sólo nos quedan cuatro.







