22/11/2008
Debates sobre la crianza
Envíenos su experiencia o punto de vista
De: Otilia Mourazos Edreira
Escu
Con el paso de los años, la independencia de las hijas y la inercia de sobrevivir se me olvidó que era la ilusión. Nacieron los nietos y me tocó arrimar el hombro, como única medida de conciliación efectiva. La casa se volvió a llenar de pañales, juguetes y ruido. A mi edad me vi de nuevo cargada de responsabilidades y trabajo, con el horario más estricto al que jamás había sido sometida; y nunca había tenido unas jefas tan duras. Necesité un rápido reciclaje de métodos y formas. Mis meriendas eran las sobras de las suyas, y hasta sustituí la aspirina por el dalsy. Un buen día escuché mi risa, fuerte y sincera, como hacía años. Me despertó de un largo letargo y me descubrí "madre" ilusionada, tirada en el suelo con Paula mirándome de reojo y Jorge golpeándome con un cojín mientras Javi cabalgaba a mi espalda. Nunca había hecho lo mismo con mis cuatro hijas. Si se me concediera un solo deseo pediría volver atrás y cambiar el forjar un patrimonio y tener una casa impecable por lo que ahora sé que existe.
De: Carmen Docampo Villar
Al dormir también se aprende
A propósito del debate que hay en torno al uso del método que en el libro "Duérmete niño" se describe, os diré que yo, muy recelosa, lo he probado con un niño tan nervioso y absorbente de seis meses, que pensé que no daría resultado, ni en un año de práctica (y que, a primera vista, con un bebé, me parecía algo cruel). Ahora os diré que en cuatro días vimos los resultados, todo hecho con mucho amor, dedicación y paciencia. Conseguimos que el niño aprendiera a dormir y, lo más importante, a descansar. Su carácter se volvió más tranquilo, no estaba ya tan irritable, y nos cambió la vida porque nosotros, al poder descansar también, estábamos con mejor humor, y eso en la relación con un niño se nota y mucho. Ahora soy fiel defensora del libro, lo recomiendo a todas mis amigas, porque a dormir también se aprende, y de noches en vela, las parejas con niños pequeños saben mucho.
De: José Seoane
Regreso a la Navidad
Ahora que la Navidad está encima, que en las calles, en la tele y en los comercios todo es rojo y verde, ahora que mi cuerpo es el de un adulto, mi corazón se ha vuelto niño y vuelvo a creer en los Reyes. Por lo que yo recuerdo, a los siete u ocho años perdí la ilusión. Lo que más me chocó fue el engaño y de quien venía. Lo viví como el final de un complot en contra de mi inteligencia, como una falta de consideración a mi ingenuidad. Después de unos días de enfado, se me olvidó y las Navidades siguientes pensé que ganaba más no volviendo a hablar del tema. El 6 de enero pasó de ser el día en que te acuestas temprano y te levantas más temprano todavía, a el día en el que te acuestas tarde y te levantas tardísimo. Algunas Navidades más, llegaron los niños. Al principio la ilusión era forzada por el entusiasmo de los padres novatos y los abuelos tardíos. A medida que los niños crecían, entre todos, poco a poco hicimos surgir en ellos la ilusión. Pusimos muchísimo cuidado en todo: la más cuidada decoración navideña, el nacimiento con sus majestades avanzando día a día sobre el musgo de la huerta, cruzando el río de papel de aluminio y acercándose más y más al pesebre. Los villancicos de banda sonora, las comidas otra vez en familia, el calentamiento del día 25 (con niños no te resistes al Sr. Noel, de vuelta a la cama temprano el 5, volver a levantarte para hacer mágia, rebuscar entre los paquetes, hacer notas, comer las galletas, beber la leche, y quedarnos dormidos soñando con sus caras). Despertar con los enanos saltando en la cama y todos juntos abrir el mayor regalo de la Navidad, darte cuenta de todo lo que tus padres hicieron por ti y descubrir que no había ningún engaño.
De: Isabel Sánchez
Sentido común
Hola. Tengo una hija de dos años y medio, y su padre y yo tenemos muy claro lo que queremos que nuestra hija no sea: una tirana. Estoy viendo el resultado de una educación condescendiente y no me gusta. Los niños tienen que aprender lo que es un "no" o un "más tarde", por su bien. Necesitan normas que le hagan sentir seguro. A los niños a los que no se les ha negado nunca nada no tienen capacidad de frustración. Evidentemente esto no está reñido con el cariño, los mimos, los abrazos, el tiempo compartido con ellos al 100%. Tampoco debemos confundir la disciplina con el autoritarismo. Estamos obsesionados con los traumas que les vamos a ocasionar por prohibirles cosas, y la verdad no creo que muchos padres de la generación de los míos fueran muy permisivos y no creo que, a raíz de ésto, muchos de nosotros hayamos tenido que acudir al psiquiatra. Lo importante es el amor, la dedicación (aunque sea a "tiempo parcial"). No debemos pensar que nuestros hijos están descuidados, porque no lo están. Vemos normal la omnipresencia de nuestras madres y nos sentimos culpables por no hacer lo mismo. Pero los niños no nacen sabiendo estas cosas, y lo que ven es lo que aprenden. Es primordial inculcarles unos valores, pero ¿qué valores?, pues simplemente aquellos que ayuden a nuestros hijos, el día de mañana, a ser buenas personas, positivas y seguras de sí mismas en la toma de decisiones. Y ésto se aprende en la infancia, y somos nosotros los responsables de su educación. Ni los profesores, ni los cuidadores, ni los abuelos, sólo nosotros. Y que trabajemos todo el día no es excusa para no poner normas, por muy cansados que estemos o por mucho que queramos suplir nuestra ausencia con regalos o permisividad, ya que no les estamos haciendo ningún favor a nuestros hijos. Sentido común, señores.
De: Rosalía Segovia
Nuestra apuesta: crianza natural
Pues soy mamá de tres chavales maravillosos, de nueve, siete y diez meses. Con nuestros hijos hemos apostado por la crianza natural, colecho, brazos, lactancia materna, y muchos mimos. Con mi hijo mayor, al ser el primero, pecamos de "novatos" y nos dejamos influir por el entorno, respecto a los métodos de crianza: que si "no le duermas en brazos", "déjale llorar"... Con mi hijo mayor utilizamos el metodo Estivill, algo de lo que me arrepiento muchísimo y me siento fatal, ya que el niño ha estado durmiendo con la luz encendida hasta hace unos meses. Tenía miedo a estar solo y la oscuridad. No sé si por culpa de metodo Estivill, lo que sí sé es que con mi segundo hijo practicamos colecho hasta los trece meses, y nunca ha tenido miedo a estar solo ni a la oscuridad, y el pequeñín toma teta a demanda. Usamos portabebés siempre muy pegadito a papá o mamá y colechamos, ha comenzado a ir a la escuela infantil, es el pequeño de la clase, el que menos a llorado en el periodo de adaptación, etc. Creo que atender las necesidades afectivas de los bebés es necesario para que crezcan seguros y felices.







