22/11/2008
Debates sobre la crianza
Envíenos su experiencia o punto de vista
De: Miguel Ángel García Morcillo
hijos, igual a esfuerzo, dedicación y felicidad
Todos los que tenemos hijos y trabajamos (hoy en día la mayoría de las parejas trabajan) entendemos la dedicación y el esfuerzo que nuestros padres hicieron por nosotros en nuestra educación. Mi mujer y yo tenemos dos hijas de 10 y 4 años, dos ritmos diferentes en cuanto a sus estudios, diferentes personalidades (en mi caso la segunda es muy revoltosa y aprende más rápido al tener el apoyo de su hermana) que hacen que nuestra dinámica diaria sea muy entretenida, supongo que como la mayoría de las famílias. Hago este planteamiento para resaltar la importancia de tener un horario flexible para poder conciliar la vida profesional con la personal. Como ejemplo, pongo el horario escolar. Las recogemos a mediodía para comer y luego, por la tarde, los llevamos a casa de los abuelos. Afortunadamente, tenemos la suerte de poder compaginar este horario. Nuestras hijas necesitan de nosotros, que les dediquemos tiempo y atención, cariño y comprensión y nadie dice que educar sea fácil, que no lo es, pero si hay alguna posibilidad de que salga bien es a base de estar con ellos el máximo tiempo posible y eso, hoy en día, es difícil con los horarios establecidos de muchas empresas donde no hay ninguna flexibilidad, el estrés y la ansiedad que sufren muchas personas en sus trabajos, las prisas de ir de un lado a otro, la jornada escolar (en otras comunidades hay jornada intensiva), y el hecho no tener con quien dejar a tus hijos cuando vas a trabajar. Falta tiempo, tiempo y tiempo para estar con nuestros hijos e intentar inculcarles los valores que a nosotros nos transmitieron nuestros padres: respetar a los demás, esforzarse para conseguir lo que quieres, valores que hoy se están perdiendo. Termino agradeciendo a mis padres y a mis suegros todo el esfuerzo que han hecho por mis hijas, ya que sin su ayuda y colaboración mi família no sería la que es. Y por último hacer constar que soy una persona privilegiada por poder pasar todo el tiempo que paso con mis hijas.
De: Susana Carreras Olmeda
Tenemos que disfrutar de nuestros hijos y ellos de nosotros
Mis hijos gemelos tienen ya diez años y parece que fue ayer cuando al día siguiente de nacer me dice el médico que debo amamantarlos sin falta cada tres horas y que si es necesario hasta debo despertarlos, darles el pecho de forma alterna y además intercalar el biberón, en fin una locura. Menos mal que no le hice caso. El Doctor Estivill postula que los niños tienen que llorar para aprender a dormir. No hagáis caso, no hay nada más gratificante para un niño que dormir con sus padres y también para los padres. Os aseguro que llega un momento que el niño prefiere dormir solo y entonces lo echaréis de menos. No hagáis caso si os dicen que en las guarderías los niños aprenden a relacionarse con otros niños, a ir al baño o incluso a comer, lo que no le enseñe su familia en casa no le sirve de nada porque en la guardería no lo quieren como sus padres. En el colegio no funcionan ni el premio ni el castigo, sólo la confianza, la tranquilidad y la autoestima y todo ello se lo debemos proporcionar los padres con nuestro cariño. Las actividades extraescolares y sobre todo las tan valoradas "colonias" son nefastas y no hacen más que restar tiempo de convivencia a padres e hijos. Los niños deben estar sobre todo con su familia (padres, abuelos, tíos, primos y amigos), porque el tiempo pasa rápido y les queda mucha vida en la que no serán niños. Los padres también dejaremos de tener niños pequeños, por eso hay que disfrutarlos todo lo que podamos y más. No hagáis caso de psicólogos, pedagógos, médicos, ni maestros, sólo hay que hacer un esfuerzo para comprender de verdad a nuestros hijos ya desde que nacen, quererlos y sobre todo respetarlos como nos gustaría que hicieran con nosotros mismos. Estos profesionales no conocen a nuestros hijos y mucho menos los quieren, por lo que hay que poner sus opiniones en duda.
De: EMILIA SAEZ
No se hace lo que se quiere, sino lo que se puede
En esta sociedad donde se trabaja como mínimo a 20 minutos del domicilio familiar, donde trabajan padres y madres, cuando los abuelos viven en otras poblaciones o justo al otro lado de tu ciudad ¿qué hacer con los niños? Simplemente lo que se puede. Las guarderías son una salida, pero dejar a un niño de meses en ellas supone para muchos padres un cargo de conciencia y la sensación de estar fallándoles. Contratar a una niñera es un lujo sólo al alcance de unos pocos. En Francia existe una posibidad muy asequible que son señoras contradas por el gobierno que tienen en sus domicilios particulares un máximo de cuatro niños. Empiezan cuando la madre termina el periodo de baja por maternidad y pueden estar hasta la entrada al colegio. Los padres pueden elegir por zonas las que más les gusten, y también las señoras pueden negarse a tener a un niño que no les convenga. El horario lo establecen los padres de acuerdo a sus horarios, y dependiendo del número de horas y la situación familiar. Se paga al Estado, que es luego el encargado de pagar a las niñeras, que cotizan a la Seguridad Social y tienen derecho a paro, bajas y jubilación. Por otra parte, toda teoría de la forma de educar a los niños, como aprender a domir solos, a comer de todo, a respetar las normas y un largo etc, en la práctica es totalmente distinta. Ahí cada uno depende del carácter, padres e hijos. Se hace lo que se puede y en la mayoría de los casos la teoría se olvida al rato. Y no hay que olvidar que las teorías de hoy, no serán las mismas que habrá dentro de uno años. Todo evoluciona, bueno casi todo.
De: Gemma Herrero Sas
Lo más importante: la energia y emoción que transmite quien cuida
Soy madre y estoy convencida de que lo más importante es que quien cuida se sienta bien haciéndolo y tenga una actitud positiva, comprensiva, paciente, respetuosa y amorosa. No importa si es la madre, el padre, los abuelos, la canguro o la profesora de guardería. Lo que realmente importa es lo que el cuidador le transmite al niño, a través de sus palabras, las acciones, su ejemplo, los valores y el afecto. Por ejemplo: es mejor la propia madre que una profesora de guardería estresada o "quemada" por su trabajo, y que transmita una energía muy negativa hacia los niños. En cambio, es mejor una profesora de guardería con vocación y entregada a su trabajo que una madre agotada, insatisfecha y que ni siquiera tenga ganas de cuidar o jugar con su hijo. Cada familia ha de valorar su situación y sus necesidades y actuar responsablemente de la mejor manera posible por el bienestar de la criatura. En situaciones favorables, y si se puede hacer, creo que lo ideal sería una combinación entre madre y padre, abuelos o canguro, durante los dos primeros años, porque el niño necesita mucha atención para crear un sólido vínculo afectivo basado en la seguridad, en la confianza, en la satisfacción inmediata de sus necesidades básicas y en el amor. El cuidado se debería repartir entre dos cuidadores, porque así ambas personas dispondrían de tiempo para descansar y regenerarse y, así, poder seguir transmitiendo lo mejor de cada una al cien por cien Si el cuidado de un niño, o más, recae sobre una única persona, ésta acabará "quemándose" y agotada, y los niños también saldrán perjudicados. A partir de los dos años es cuando el niño está más interesado por conocer otros niños y jugar con ellos, y creo que es el momento idóneo para iniciar la guardería pues estará preparado y muy motivado para vivir de forma satisfactoria esta nueva etapa tan apasionante y enriquecedora.
De: Zoquete Z.
Niño que no llora, no aprende ("Duérmete niño" II)
Simplificando, mientras la propuesta del libro sería regular los hábitos del niño a golpe de reloj, aguantando su llanto mediante una tabla de tiempos “razonables”, la escuela instintiva predica que es el pequeño quien debe ser nuestro reloj, biorritmo y alarma. En nuestro caso decidimos no probar el método. Pese a gozar de cierta tendencia sádica, el método tiene el inconveniente de limitarse a no más de una semana, sin ofrecer pauta alguna para hacerlo extensivo durante más tiempo. Otra desventaja adicional es la insistencia del autor en la necesidad de coherencia por parte de ambos padres, mientras nosotros preferimos ejercer una educación basada en dos puntos de vista radicalmente opuestos, en aras de fomentar una mayor capacidad crítica. Por otro lado, hemos decido evitar que llore empleando un método bastante sofisticado, quizás demasiado cruel, pero más vale que se acostumbre desde ya a que la vida es dura. La televisión. No falla, se queda roque mientras además adquiere el bagaje necesario para imbuirse de las miserias humanas. Como sesiones prácticas, aprovechamos esas típicas visitas oportunas, que nos libran del yugo de esos horarios dictatoriales “qué mono, a ver si me sonríe, déjame acariciarlo, provocarle una carcajada, comprobar que el juguete es interactivo”. De esta manera dormimos satisfechos sabiendo que estamos estimulando al niño a que se exprese. Como apuntes finales y mirando al futuro, ¿por qué tanta obsesión con la tranquilidad, serenidad y el equilibrio emocional, si lo que está de moda, lo que vende, son actitudes neuróticas, desequilibradas, fanfarronas, los célebres quince minutos de fama a los que todo el mundo aspira?Sobra decir que el autor se responsabiliza plenamente de todos los comentarios aquí expuestos, porque cada madre o padre tiene perfecto derecho a delegar sus responsabilidades en cualquier opinión, libro o majadería de moda.








