22/11/2008

Debates sobre la crianza
Queremos conocer su opinión sobre los dilemas de la crianza: guarderías, métodos para dormir, cogerlos en brazos...




Envíenos su experiencia o punto de vista
Nuestros lectores participan

De: EMILIA SAEZ

No se hace lo que se quiere, sino lo que se puede

En esta sociedad donde se trabaja como mínimo a 20 minutos del domicilio familiar, donde trabajan padres y madres, cuando los abuelos viven en otras poblaciones o justo al otro lado de tu ciudad ¿qué hacer con los niños? Simplemente lo que se puede. Las guarderías son una salida, pero dejar a un niño de meses en ellas supone para muchos padres un cargo de conciencia y la sensación de estar fallándoles. Contratar a una niñera es un lujo sólo al alcance de unos pocos. En Francia existe una posibidad muy asequible que son señoras contradas por el gobierno que tienen en sus domicilios particulares un máximo de cuatro niños. Empiezan cuando la madre termina el periodo de baja por maternidad y pueden estar hasta la entrada al colegio. Los padres pueden elegir por zonas las que más les gusten, y también las señoras pueden negarse a tener a un niño que no les convenga. El horario lo establecen los padres de acuerdo a sus horarios, y dependiendo del número de horas y la situación familiar. Se paga al Estado, que es luego el encargado de pagar a las niñeras, que cotizan a la Seguridad Social y tienen derecho a paro, bajas y jubilación. Por otra parte, toda teoría de la forma de educar a los niños, como aprender a domir solos, a comer de todo, a respetar las normas y un largo etc, en la práctica es totalmente distinta. Ahí cada uno depende del carácter, padres e hijos. Se hace lo que se puede y en la mayoría de los casos la teoría se olvida al rato. Y no hay que olvidar que las teorías de hoy, no serán las mismas que habrá dentro de uno años. Todo evoluciona, bueno casi todo.

Nuestros lectores participan

De: Gemma Herrero Sas

Lo más importante: la energia y emoción que transmite quien cuida

Soy madre y estoy convencida de que lo más importante es que quien cuida se sienta bien haciéndolo y tenga una actitud positiva, comprensiva, paciente, respetuosa y amorosa. No importa si es la madre, el padre, los abuelos, la canguro o la profesora de guardería. Lo que realmente importa es lo que el cuidador le transmite al niño, a través de sus palabras, las acciones, su ejemplo, los valores y el afecto. Por ejemplo: es mejor la propia madre que una profesora de guardería estresada o "quemada" por su trabajo, y que transmita una energía muy negativa hacia los niños. En cambio, es mejor una profesora de guardería con vocación y entregada a su trabajo que una madre agotada, insatisfecha y que ni siquiera tenga ganas de cuidar o jugar con su hijo. Cada familia ha de valorar su situación y sus necesidades y actuar responsablemente de la mejor manera posible por el bienestar de la criatura. En situaciones favorables, y si se puede hacer, creo que lo ideal sería una combinación entre madre y padre, abuelos o canguro, durante los dos primeros años, porque el niño necesita mucha atención para crear un sólido vínculo afectivo basado en la seguridad, en la confianza, en la satisfacción inmediata de sus necesidades básicas y en el amor. El cuidado se debería repartir entre dos cuidadores, porque así ambas personas dispondrían de tiempo para descansar y regenerarse y, así, poder seguir transmitiendo lo mejor de cada una al cien por cien Si el cuidado de un niño, o más, recae sobre una única persona, ésta acabará "quemándose" y agotada, y los niños también saldrán perjudicados. A partir de los dos años es cuando el niño está más interesado por conocer otros niños y jugar con ellos, y creo que es el momento idóneo para iniciar la guardería pues estará preparado y muy motivado para vivir de forma satisfactoria esta nueva etapa tan apasionante y enriquecedora.

Nuestros lectores participan

De: Zoquete Z.

Niño que no llora, no aprende ("Duérmete niño" II)

Simplificando, mientras la propuesta del libro sería regular los hábitos del niño a golpe de reloj, aguantando su llanto mediante una tabla de tiempos “razonables”, la escuela instintiva predica que es el pequeño quien debe ser nuestro reloj, biorritmo y alarma. En nuestro caso decidimos no probar el método. Pese a gozar de cierta tendencia sádica, el método tiene el inconveniente de limitarse a no más de una semana, sin ofrecer pauta alguna para hacerlo extensivo durante más tiempo. Otra desventaja adicional es la insistencia del autor en la necesidad de coherencia por parte de ambos padres, mientras nosotros preferimos ejercer una educación basada en dos puntos de vista radicalmente opuestos, en aras de fomentar una mayor capacidad crítica. Por otro lado, hemos decido evitar que llore empleando un método bastante sofisticado, quizás demasiado cruel, pero más vale que se acostumbre desde ya a que la vida es dura. La televisión. No falla, se queda roque mientras además adquiere el bagaje necesario para imbuirse de las miserias humanas. Como sesiones prácticas, aprovechamos esas típicas visitas oportunas, que nos libran del yugo de esos horarios dictatoriales “qué mono, a ver si me sonríe, déjame acariciarlo, provocarle una carcajada, comprobar que el juguete es interactivo”. De esta manera dormimos satisfechos sabiendo que estamos estimulando al niño a que se exprese. Como apuntes finales y mirando al futuro, ¿por qué tanta obsesión con la tranquilidad, serenidad y el equilibrio emocional, si lo que está de moda, lo que vende, son actitudes neuróticas, desequilibradas, fanfarronas, los célebres quince minutos de fama a los que todo el mundo aspira?Sobra decir que el autor se responsabiliza plenamente de todos los comentarios aquí expuestos, porque cada madre o padre tiene perfecto derecho a delegar sus responsabilidades en cualquier opinión, libro o majadería de moda.

Nuestros lectores participan

De: Zoquete Z.

Niño que no llora, no aprende (a propósito de "Duérmete niño")

Todo el mundo sabe que la naturaleza es sabia, pese a los dolores del parto. Por ello, deslumbrado al nacer D.E., decidí reconciliarme con el mundo. Craso error. No pasan más de cuarenta y ocho horas y los consejos nos abruman: “El niño va a coger frío así. ¡Qué irresponsables, cómo se nota que son primerizos!”, “Este niño tiene hambre, se le nota en que mueve la boca y, sobretodo, no para de llorar”, “No, lo que tiene el niño es sueño, me ha parecido ver un bostezo entre llanto y llanto”, “Ni hablar, se trata de cólicos, lo sé porque grita igual que la cría de mi vecina”... Así, en esta mi corta experiencia creo haber detectado dos importantes principios: el primero se refiere al impresionante caudal de conocimientos que posee la más insospechada gente: “Todo el mundo sabe de bebés”. El segundo principio enriquece al primero: “La buena educación del bebé consiste en disponer de un arsenal de recursos, maneras o trucos, para acallar su llanto”. Como alumno aplicado citaré algunos ejemplos, que seguro les resultan familiares: enchufarle el chupete, biberón, dedo o lo que sea, mecerlo entonando algún cántico tribal, colocarlo boca abajo, colocarlo sentado, colocarlo del lado izquierdo, agitarlo hasta que parezca epiléptico, acunarlo invocando a Morfeo como único dios con sentido, todo ello válido tanto si tiene hambre como frío, sueño o inquietud, ¿o miedo, dolor, ira, calor, ansiedad, acidez, vértigo, gases, curiosidad o, simplemente, un lapsus? Al final, para aclararte entre tanta bienintencionada gente y sus contradictorias opiniones, optas por abordar algún tratado de prestigio, como es el caso de “Duérmete niño”, del Dr. Estivill, libro sobre el que resulta impresionante descubrir su legión de detractores, teniendo en cuenta que no deja de tratarse de inofensivos papel y tinta. No obstante, el autor garantiza un 96% de éxito y justifica el fracaso del 4% como resultado de una mala aplicación del método o de problemas de tipo psicológico.

Nuestros lectores participan

De: Lucía Rodríguez Mourazos

Aprendes con ellos

Hace 5 años que fui madre por primera vez y han pasado casi dos desde que nació el pequeño. Desde entonces he tratado de enseñar muchas cosas, pero he aprendido todavía más. Me pongo colorada de pensar lo duramente que juzgué lo que yo creía los errores de otros al criar a sus hijos, empezando por mis propios padres, con lo cual he aprendido a no juzgar a la ligera. Aprendí lo difícil que es encontrar la palabra justa para definir mis sentimientos y estado de ánimo, yo que siempre había sabido plasmar mis odios y pasiones con milimétrica precisión, era incapaz de expresar como me sentía cuando estoy con ellos, de pensar en palabras que pudieran transmitir mi sufrimiento si algo les ocurre. Aprendí que puedes vivir durmiendo 3 horas alternas en una noche. Pero, para que nos vamos a engañar, lo mejor de todo es que estoy aprendiendo a cantar sin voz, tirarme de un tobogán, patinar, elegir vestidos para las muñecas, regatear en el mercado, pelearme por el mejor pescado, hacer voces al leer un cuento, calcular la edad de los niños del parque y el número de zapato que utilizan, hablar idiomas de los que no hay diccionarios, a curarlo todo con tiritas, pintar con los dedos, sacar la lengua, hacer sombras ... y a soñar sin pegar ojo. Os dejo, que María se acaba de despertar y comienza la lección, a ver que toca hoy...

Resultados anterior 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | siguiente
19 de mayo
19 de mayo

Buscar en las aportaciones

Publicidad
Buscar en