Ágatha Ruiz de la Prada. El último día de mi vida “Mi vida fue espectacular”

Estuvo asociada a la transición política española vía movida madrileña. Quiso ser psiquiatra, pero acabó convirtiéndose en una diseñadora. Y lo fue sin serlo. “La ropa –ha dicho– tiene que ver con la mente; y puede ser curativa”. Ágatha Ruiz de la Prada (Madrid, 1960), que viste de colores, con el rojo y el amarillo como sus preferidos, acaba de recibir el premio nacional de Diseño de Moda 2017 en reconocimiento “a sus más de 30 años de trayectoria y por su capacidad de vincular su trabajo en moda con otras manifestaciones de las artes”. Odia el color negro, porque es uniforme y le recuerda a la muerte. No la ha sentido de cerca, pero ha tenido experiencias cercanas: “El fallecimiento de mis padres, mis abuelos, mi tío Carlos, alguna amiga...” Y le da miedo, mucho miedo. “Y cuando tengo miedo me pongo inmediatamente a rezar”. Como cuando hay turbulencias en un avión. Cree en el más allá, porque es católica, y no cree que en una vida se pueda vivir muchas vidas, que se muera y resucite varias veces. “Todo eso me parecen tonterías”, afirma.
La marquesa de Castelldosríus y baronesa de Santa Pau no soporta que alguien se meta con el Papa o los curas.
–No lo soporto porque a mí me parecen lo más, sobre todo el papa Francisco. Me molesta una barbaridad que se metan con la Iglesia, con los curas; me parece una horterada. Hay que cuidar mucho a los pocos curas y monjas que van quedando, porque al final vamos a tener que contratar actores para los grandes eventos de nuestra vida, y eso va a ser muy cutre. Los curas me parecen una gente de categoría superior.
Es en su casa donde se reencuentra Ágatha, porque se pasa media vida viajando. En casa y con un libro, con el que, ha dicho, aprendes y te renuevas. Tiene su mundo, uno que le protege del otro mundo, el exterior. Y ama el silencio; le encanta, le habla. Es su cómplice creativo. Es posiblemente la diseñadora española con más productos. Y así se le reconoce en el fallo del premio nacional de Diseño de Moda: “Se aplauden su capacidad de trabajo y su ilusión por liderar equipos, pero también su sensibilidad para conectar las propuestas de moda en productos cotidianos muy reconocibles”. Porque Ágatha ha diseñado desde azulejos hasta chimeneas, enchufes, puertas blindadas, accesorios para mascotas o papelería. Y su santo y seña: el corazón de vivos colores que late en sus productos y ahora comparte con sus hijos Tristán Ramírez, director general de la firma que lleva el nombre de su madre, y Cósima, que está al frente de las relaciones internacionales de la empresa. Leal como el corazón tranquilo de Shakespeare, está tranquila porque su obra va a quedar en manos de sus hijos. Ya está en ellos la creación de su vida.
¿Qué es la vida para Ágatha Ruiz de la Prada? ¿Cómo hay que vivirla? Se limita a responder que disfruta mucho de ella y que tiene una barbaridad de buenos ratos. La suya es una vida diseñada en colores para combatir la tristeza y vestir como una persona feliz. Es el diván de una joven que pensó en ser psiquiatra y triunfó y curó como diseñadora.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría? 
Estaría horrorizada. Intentaría estar con mis íntimos. A ser posible, en el campo y rodeada de animales. 

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo? 
Todo. Me gustaría hacer de todo. 

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan? 
Que cuidaran lo que queda. 

4. ¿Cómo diría que fue su vida? 
 Espectacular.

5. ¿De qué está más orgullosa? 
 De mis hijos, de mis amigos y de mi trabajo.

6. ¿Se arrepiente de algo? 
No me acuerdo de qué me arrepiento.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida? 
Sólo de la semana pasada tengo mil recuerdos buenos. 

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena? 
Huevos fritos con patatas. Aunque igual me sentaban como un tiro.

9. ¿Se iría a dormir? 
 No.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Intentó llenar el mundo de colores.