Josep Antoni Duran i Lleida "Hice lo que pude y quizá fue poco"


No ha sentido de cerca la muerte, aunque recibió la extremaunción en febrero del 2008, cuando le fue extirpado un tumor del pulmón. Ha tenido varias anginas de pecho, lleva varios stents en su corazón, pero no le tiene miedo a la muerte, “quizás porque la siento lejos”. La esquivó en febrero de 1985, cuando renunció, junto con el diputado del PNV Marcos Vizcaya, al vuelo Madrid-Bilbao de primera hora de la mañana para el que tenían billete, porque sus conversaciones con el líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, se habían prolongado hasta entrada la madrugada. El avión se estrelló, y falleció todo el pasaje. Líder de la extinta Unió Democràtica y el dirigente más longevo que le quedaba a la política catalana hasta que tiró la toalla hace poco más de tres años, Josep Antoni Duran i Lleida (Alcampell, Huesca, 1952) acaba de publicar El riesgo de la verdad (Planeta), sus memorias. 

–¿Qué transmite en este libro?
–Tendrá que decirlo el lector, pero creo que la constancia y la coherencia como virtudes. La necesidad de vivir en zonas templadas, en aguas tranquilas de la vida, que no cómodas. El intentar hacer del diálogo y del respeto al adversario la consigna de tu vida. Creo que eso se desprende de mi vida y por tanto de la lectura del libro. 

Varias citas introducen las memorias. Una es de Jesse Jackson, que fue aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos: “Los líderes deben ser lo suficientemente duros como para luchar y lo suficientemente tiernos como para llorar, y deben admitirlo, y deben ser lo suficientemente humanos como para cometer errores, y también esto deben admitirlo, que deben ser fuertes para asimilar el dolor, y que el dolor es a veces muy intenso. Y deben ser capaces, sobre todo, de perdonar y seguir adelante”.

–¿Ha llorado mucho? ¿Qué es lo que más le ha hecho llorar?
–En política he llorado mucho, pero no siempre con lágrimas. Pero sí, en una ocasión, incluso con lágrimas. Fue una campaña electoral en la que hubo diferencias con una persona, él me dijo que no sabía nada de lo ocurrido, que lo hubiera solucionado de haber sabido que estaba molesto. Pero lo sabía, porque había sido advertido en una conversación telefónica que escuché. Salí de su despacho llorando.

–¿Y su dolor más intenso?
–El trágico final de Unió Democràtica, la división del partido, pero como reflejo de algo mucho más profundo y mucho más importante, la división del país. Yo creo que mucha gente, de los que piensan de una manera y de los que piensan distinto, no es consciente todavía de la extrema gravedad de la situación. Eso es lo que más dolor me ha producido. Utilizo lo de Unió, pero como  reflejo de lo del país, porque lo importante no es Unió, a pesar de que me la quiero y ha sido mi vida. Lo importante es el país, la sociedad. Como demócrata cristiano defiendo el concepto comunidad. La comunidad ha sido dañada profundamente en los últimos años en Catalunya. Hay quien habla de división o ruptura, me da igual; se ha dañado el concepto de comunidad.

Duran i Lleida cree que hay algo más allá porque cree en la trascendencia, que hay un ser supremo. Pero no se imagina ni el cielo ni el infierno. “Me imagino como una segunda vida en la que quizás pagues por los pecados y los errores de la primera.  Igual yo ya estoy viviendo la segunda vida de alguien, y estoy sufriendo en este momento alguno de los pecados de mi antecesor”, aventura. Recurre a la Segunda Guerra Mundial y sus millones de víctimas para explicar que, de reencarnarse, lo haría en alguno de los padres fundadores de la Unión Europea, “una de las obras más importantes de la humanidad”. 
–¿Qué es la vida para usted? ¿Cómo hay que vivirla?
–Con enorme intensidad y caridad, entendiendo por caridad darte al otro, empezando por tu mujer, tus hijas, tus padres. Eso es para mí la vida, y he de añadir que yo no he sido capaz durante algún tiempo de vivir esta vida con la intensidad con la que creo que ha de vivirse. La política y otras circunstancias han hecho que no haya puesto el acento en lo que después consideras vital. 
Es la verdad de Duran i Lleida.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Convocaría a toda mi familia y a mis amigos más íntimos. Me divertiría a lo largo de todo el día haciendo cosas que me gustan y las compartiría conellos.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Ser periodista. Mi vocación era ser periodista. Creo que esta vocación, la de interesarme por lo que pasa más allá de mi casa, me ha acompañado también en la vida política. Por lo tanto, no podré hacer de periodista oficialmente, aunque a veces he intentado hacerlo incluso desde la política.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que vivan cada instante y cada momento, que no dejen nada, ni un buen vino en la nevera ni un buen amigo, para mañana, y menos la familia, que lo aprovechen todo hoy.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Me siento satisfecho de ella, aunque he cometido muchos errores, pero ha sido muy plácida, muy afortunada.

5. ¿De qué está más orgulloso?
De mis hijas. 

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, de muchas cosas. En lo público, quizás de no haber sido más consecuente con lo que yo pensaba. He sido dirigente de Unió durante muchos años. Unió tiene una especificidad propia, y no fui capaz de defenderla tanto.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
El nacimiento de mi primera hija.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Una pasta no al dente, un poqui­to más cocida, con un poquito de alcachofa mezclada, y luego me tomaría un buen rodaballo al horno hecho por mi mujer y de postre, ya que me voy, me tomaría el mejor coulant que encon­trara en la ciudad de Barcelona.

9. ¿Se iría a dormir?
No, para qué perder las horas.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Hice lo que pude y quizá fue poco.