Macarena Gómez El último día de mi vida: "No os peleéis, no merece la pena"

Acostumbra a cocinar su marido. A ella le gusta poner la mesa y fregar, porque le relaja. Es, dice, uno de esos momentos de paz que tiene. Y no tiene muchos, porque no para. “Es que a mí me gusta mucho trabajar y reinventarme”, justifica. Ahora mismo está en la gran pantalla con El crack cero, Los Rodríguez y el más allá, en la serie de terror 30 monedas y acaba de inaugurar, después de ocho años de trabajo, Terminal Zero, un túnel del viento que ha creado junto con su marido en Zaragoza. Macarena Gómez (Córdoba, 1978) se hizo actriz gracias a Escarlata O’Hara, un personaje que le fascinó desde niña, viendo Lo que el viento se llevó todas las Navidades. “Siempre decía que quería saber hacer lo que hacía Vivien Leigh y llegar a interpretar como lo hace una mujer tan poderosa, tan formidable y tan fascinante como Escarlata O’Hara, que lo tenía todo, los atributos más positivos y negativos de una mujer”, explica Macarena. 

Colecciona Barbies, le impone mucho el mar y, de pequeña, no se metía sola en la piscina tras ver Tiburón por miedo a toparse con un escualo. Macarena Gómez, que estudió ballet clásico, por lo que es disciplinada y conoce su cuerpo a la perfección, atiende a El último día de su vida mientras va a vacunarse del sarampión. No lo pasó, y todos los nacidos entre 1970 y 1980 han de hacerlo, explica por teléfono desde el ambulatorio.
Aldo Comas, su marido, ha dicho: “Hay mil y una Macarenas dentro de ella. Es capaz de hacer personajes que asustan, enamoran o repudian”. Pero ¿cómo es?
–Creo que soy una chica bastante sencillita, más bien muy pragmática, con los pies en la tierra, bastante trabajadora y muy amiga de mis amigos. Y es cierto, yo misma en mi forma de ser puedo pasar por todos esos viajes emocionales o registros que dice mi marido.

Considera que es más fácil ser actor de drama que de comedia, porque has de tener algo innato para hacer reír a la gente. Y si no lo tienes, lo has de trabajar mucho. Macarena se considera muy feliz, pero no se ríe mucho. “Creo –añade– que las cosas que me hacen gracia no le hacen gracia al resto del mundo”. 

No ha tenido ninguna experiencia con la muerte y sólo le tiene miedo “por las personas que me rodean, a que sufra el que dejo”. Tampoco cree que haya algo más allá, aunque le gustaría que lo hubiera, “porque si cuando te mueres, te mueres con más... el ser humano necesita creer en algo para contentarse consigo mismo. Es mejor morirse pensando que hay algo más allá que morirse pensando que no hay nada. ¿Por qué existen las religiones? Pues porque el hombre necesita creer en algo para su propio bienestar”.

Más que reencarnarse le hubiera gustado interpretar a Isabel I de Inglaterra, cree que la vida hay que vivirla, y ella intenta hacerlo buscando siempre la felicidad. Y, entre sus muchas inquietudes, la busca también lanzándose en paracaídas, afición que comparte con su marido.

–¿Qué siente cuando se lanza desde un avión?
–Es la sensación más... Es indescriptible, es una sensación de libertad, te sientes poderosa y dueña del universo. Crees que el cielo y todo lo que te rodea es tuyo. Y, aunque no te lo creas, en el momento que saltas, en caída libre y luego con el paracaídas, tienes una sensación de paz y tranquilidad.

–Y su mente, ¿qué hace en esos momentos?
–No tienes miedo. Piensas en cosas bonitas. Observas lo que tienes a tu alrededor. Todo es positivo.
Y un día saltará sobre las pirámides de Egipto y volará sin miedo.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Cómo lo pasaría no lo sé, pero lo que haría es fundirme en el abrazo más largo del mundo con todos los miembros de mi familia.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Dar la vuelta al mundo.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
No os peleéis, que no merece la pena.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Muy feliz.

5. ¿De qué está más orgullosa?
De la familia que me ha tocado.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, de no haber continuado mi carrera de ballet. Estudié ballet y después lo dejé para dedicarme al arte dramático, y siempre me quedó la espinita.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
El día que di a luz.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Cualquier plato, el menú que me pusiera Pere Massana, del restaurante Massana, de Girona, que es mi favorito.

9. ¿Se iría a dormir?
Creo que, sin quererlo, me quedaría dormida.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
“¡Vuela, no tengas miedo!”, o, quizás mejor, “seguiría trabajando, pero no puedo”.