Núria Espert: “Me tomaría mi pastilla y me iría a dormir”

No pudo terminar el bachillerato. Autodidacta, ya de niña devoraba poesía, imbuida por sus padres, actores aficionados. Comenzó a recitar a Lorca cuando era una niña, ha crecido con él y la ha acompañado durante toda su vida. Núria Espert (Santa Eulàlia, l’Hospitalet, 1935) vuelve con el Romancero gitano al Teatro Romea, donde entró a los 13 años formando parte de la compañía de niños, cambió los calcetines por las medias y salió a los 16 años sabiendo que tenía vocación de actriz. 

–De los 18 romances, ¿cuál le gusta más?
–Me gustan todos muchísimo, pero si hay que elegir uno, quizá Muerte de Antoñito el Camborio. No sé si es porque es el que más me gusta poéticamente o porque creo que le he encontrado algo, algo personal al poema.

–¿Qué le ha encontrado?
–En ese poema aparece Federico García Lorca en persona. Antoñito el Camborio, al que pinta como una buenísima persona y como el ser más bello del mundo, pide antes de morir a Federico García que llame a la Guardia Civil, porque a él lo han matado. Me puedo imaginar a Federico con su manera de ser, con sus elecciones en el amor, sumido en una profunda desesperación ante la muerte de alguien que encarna toda la belleza y la bondad de su raza y de todos los hombres jóvenes puros.

Premio Nacional de Teatro (1986) y Princesa de Asturias de las Artes (2016), entre otros galardones, concluyó pronto que el cine no era para ella y que no iba “ni a tocar” la televisión. Pero su vida ha sido un desafío permanente. En 1986, y sin saber inglés, acudió a Londres para dirigir a Glenda Jackson en La casa de Bernarda Alba. Dos años después se encontraba dirigiendo varias óperas en Covent Garden y a punto de estrenar Rigoletto en la Royal Opera House cuando “mi talle se quebró como caña de maíz”, recuerda recitando el romance de la muerte de Antoñito. 

–Fue como si hubiera caído una bomba en el apartamento. Me desperté para ir al ensayo y era otra persona, no podía moverme, lloraba desconsoladamente...
Rigoletto se estrenó y fue muy bien, “pero no pude terminar mi trabajo”. Regresando a España con Armando, su marido, deseaba que el avión en el que viajaban se estrellara. Quería morir, y así se lo dijo cuando muchos días después se lo preguntó la psiquiatra a la que acudió gracias a un amigo. Diagnóstico: depresión. Hasta entonces toda su familia, menos su hija Alicia, pensaba que todo lo que estaba pasando era debido al estrés.

Después de ese episodio, que le enseñó que todo es frágil, ve la muerte con tranquilidad y sin ningún temor; “sólo tengo tnmor al dolor, al sufrimiento que he visto a veces en amigas”. Le gustaría creer, más por curiosidad que por otra cosa, que hay algo más allá, pero no cree que haya nada. 

–Ha dicho que cuando se siente más viva es en su relación con el escenario. ¿Qué es la vida para usted?
–Mi vida gira en la casa alrededor de mi familia, mis dos hijas y mi nieta, pero en el resto, mi vida está en el escenario. Cuando yo tengo algún valor y soy algo es en el escenario.
Aquella niña de la que Josep Maria de Segarra dijo que tenía “dos cojones como un toro” cuando la vio superar las pruebas para formar parte de la compañía de niños del Romea, se define hoy como una mujer de teatro. Una actriz que, según el dramaturgo británico Peter Brook, cuando interpreta “es como un vaso de agua que, en tan sólo un segundo, puede congelarse y hervir”.
La vida en un segundo.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Lo encajaría con mucha sorpresa porque me encuentro bien. Me quedaría pasmada. Una vez comprendiera por qué razón voy a morir mañana, creo que lo pasaría bien. Llamaría a mis hijas y a mi nieta, les diría lo que pasa, se armaría revuelo y esas cosas y estaría rodeada de cariño.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
La Cleopatra de Shakespeare.

3. ¿Qué les aconsejaría a los que se quedan?
Que trataran de tener una buena vida, de aprovechar el tiempo, que se apretaran fuerte las tres, unas con otras y les mandaría mucho cariño, mucho afecto. Me veo besucona.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
He tenido cosas malas como todo el mundo, pero para decirlo con una sola palabra, mi vida ha sido buena.

5. ¿De qué está más orgullosa?
Me gusta haber trabajado en mi amada profesión hasta el último día.

6. ¿Se arrepiente de algo?
De cosas mínimas. De las cosas importantes de la vida creo que no he hecho mal ninguna.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
He tenido muchísimos buenos momentos en mi vida. Unos han tenido trascendencia para el resto de la vida y otros no. He tenido golpes de suerte, he encontrado a la gente adecuada en el momento adecuado… Me es difícil elegir uno y contestar a esta pregunta.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Pues el normal, una crema de verduras, un poco de queso de Burgos, algún yogur y, si pensara que no voy a dormir esa noche, me tomaría un té.

9. ¿Se iría a dormir?
Yo creo que sí. Después de la escena familiar me tomaría mi pastilla de dormir y dormiría ocho horas si es que las tenía.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Fue una mujer de teatro.