Sergi Bruguera “No iría a dormir; quiero enterarme cuando me vaya”

Le gustaría ser algún día capitán de la Copa Davis?
–No lo tengo pensado. Es una cosa que, por el momento, nunca me he planteado. Si me lo ofrecieran, lo pensaría.

Una pregunta recurrente durante los últimos años, cuando no se lo habían ofrecido. La oferta le ha llegado hace unos meses. Ha hablado con los jugadores, le han dado su apoyo y ha dicho que sí. Sergi Bruguera (Barcelona, 1971) tiene ahora la posibilidad de conquistar uno de los dos trofeos que no pudo como jugador: la ensaladera, que sería la sexta para España y no se consigue desde el 2011. “En mi carrera gané muchas cosas, pero me quedó la pena de no conseguir dos, el trofeo Conde de Godó, el de mi ciudad, y la Copa Davis. El Godó ya no lo podré ganar, pero lo segundo lo puedo solucionar ahora como capitán”, dijo el pasado día 11 de octubre, en su presentación como capitán de la Davis. 

Un poco desgarbado, con hombros caídos, dientes hacia fuera. Demasiado delgado, transmitía fragilidad. Parecía que estaba cansado, pero no lo estaba. Tenía una derecha prodigiosa y un revés con el que ponía la bola allá donde quería. En 1993 inscribió su nombre entre los mejores. Impidió que Jim Courier conquistara su tercer Roland Garros seguido. Sergi ganó el trofeo y lo revalidó en 1994. El tenis español volvía a estar, muchos años después, en una final parisina y la ganaba (Manuel Santana lo hizo en 1961 y 1964, y Andrés Gimeno, en 1972), como hizo también Manuel Orantes en el US OPEN en 1975, jugado en tierra batida. Años después llegaron los Moyà, Costa, Ferrero, Corretja o Nadal. Su primer Roland Garros es el recuerdo más intenso que tiene, tan intenso como cuando tuvo a sus gemelos, niño y niña. “Son unas sensaciones que son difíciles de explicar. Las has de vivir”. Sergi Bruguera ganó la plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) y fue finalista una vez más en Roland Garros en 1997. Una grave lesión en un hombro le obligó a retirarse. Estuvo año y medio parado, le operaron, volvió a jugar y le volvieron a operar. Tuvo un gran desgaste mental, “estaba sin fuerzas, un poco depre. Ahí me di cuenta de que era el final, de que no tenía esa capacidad de sacrificio para intentar ser el mejor tenista posible”, ha contado. Estuvo dos años largos sin coger una raqueta y pudo saldar alguna de sus cuentas pendientes. Jugó como lateral derecho en un equipo que jugaba en Segunda Regional durante cuatro temporadas. El fútbol es su pasión, y el Barça, su amor. “Me muero por conocer a Messi”, confiesa. Así que cree que si hay algo más allá de la muerte, espera que “sea un buen partido de fútbol en un campo de hierba natural”. 

Acostumbra a colaborar con muchas entidades benéficas. “Quiero hacer todo lo que pueda por la gente que no ha tenido la suerte que he tenido yo en la vida”, explica. Colaboró con los Special Olympics en Barcelona, fundó una escuela de tenis para disminuidos psíquicos, estuvo tres años dando clases en el centro penitenciario de Can Brians...

“Por suerte” dice no haber sentido de cerca a la muerte; no le da miedo, pero prefiere que llegue cuanto más tarde mejor.
–Y la vida, ¿qué es para usted? ¿Cómo hay que vivirla?
–Es difícil de explicar. Yo diría que teniendo muy presente que si hay algo después, lo que sí es seguro es que sólo te llevarás experiencias y recuerdos, por tanto que sean los mejores posibles. Y eso creo que se consigue en el amor en toda su expresión y en el sentido del humor.

Amor y humor. Su receta.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Con mis hijos, mi mujer y mis padres.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Jugar a fútbol en el Barça.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que sean buenas personas, que tengan mucho sentido del humor y que sean positivas.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
He disfrutado mucho siempre haciendo deporte, tanto profesional como por diversión.

5. ¿De qué está más orgulloso?
Profesionalmente, de ganar ­Roland Garros, y como persona siempre me he sentido orgulloso cuando he participado y he ayudado en proyectos sociales de la manera en que he podido a gente que lo necesitaba.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Cambiaría cosas sabiendo el resultado que sé ahora, pero eso no es posible. Y para realmente arrepentirse, tendría que haber hecho algo grave y hacer daño a alguien, y diría que no lo he hecho, o al menos jamás ha sido mi intención.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Muchas situaciones vividas con mi familia.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Cualquier cosa de Albert Adrià. Me encanta su cocina.

9. ¿Se iría a dormir?
No, me gustaría enterarme cuando me vaya de aquí y, si puedo, despedirme.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Siempre me encantó el de Groucho Marx: “Perdone que no me levante”.