el último día de mi vida. Carme Chaparro "Me hubiera gustado saber adónde se dirige la humanidad"

 

Padece el síndrome de Ménière y convive con un pitido constante en su oído. Caerse por las escaleras es su pesadilla recurrente, pero porque se ha caído de verdad y tiene una lesión de rodilla para toda la vida. Después de 21 años ininterrumpidos presentando informativos en Telecinco y Cuatro, Carme Chaparro (Salamanca, 1973) da el salto ahora a la conducción de una magazine de información y actualidad, como en su día hicieron Ana Rosa Quintana o Susanna Griso. Dice que ha envejecido ante el espectador. 

–Ante una cámara no finjo. No sabría hacerlo, por otro lado. Se me da fatal fingir. Así que lo que han visto los espectadores todos estos años es a la Carme de verdad. Y ahora seguirán viéndola, pero en otros registros. A veces estaré seria, a veces reiré, a veces me emocionaré. Son muchas horas de directo y voy a mostrar muchos más registros. 

Veintiún años dan para explicar muchas historias de vida y muerte en la pequeña pantalla. Carme, que se crio en Catalunya, ha aprendido en esta etapa que la muerte es algo “habitual e impredecible” y que hay que aprovechar todos los segundos de esta vida, “incluso los lunes”.

–¿Por qué venden tanto los sucesos?

–Lo decía en mi segunda novela, en La química del odio: “De los asesinos se aprende que a la gente le encantan los monstruos, aunque lo que pasa es que la gente necesita a los monstruos. Verlos. Reconocerlos. Señalarlos con el dedo. Saber que están ahí. Porque si ahí, frente a ti, hay un monstruo, eso significa que tú no lo eres. Siempre necesitas a alguien capaz de hacer cosas peores que tú para tapar tus miserias cotidianas”.

Periodista y escritora best seller, de No soy un monstruo, su primer libro, vendió 200.000 ejemplares. Laia, la mayor de sus dos hijas, le pidió que no escribiera otra novela para así poder jugar con ella. Pero no les quita mucho tiempo a sus niñas, dice, porque es capaz de jugar y hacer un puzzle con ellas con una mano y con la otra, mientras tanto, escribir en el portátil. 

Ve la muerte como algo inevitable y le aterra sentir “ese vértigo de que un día ya no habrá nadie más para sostenerme la mano como cuando era pequeña”. Le da miedo sufrir, “pero sobre todo me da miedo que mis hijas se queden sin madre”.

No cree que haya nada en el más allá. “Morimos y ya está”, sostiene Carme Chaparro, a quien no le gustaría reencarnarse en un personaje histórico sino “en alguien que aún no ha nacido. En alguien del futuro”.

–¿Cómo hay que vivir la vida?

–Sabiendo que hay una cosa que nunca vuelve: el tiempo.

Y no hay que malgastarlo.


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Intentaría reír todo lo que pudiera. Y abrazar. Abrazar y besar mucho a mis hijas y a mi marido. Intentaría que estuviéramos todos juntos, tumbados en el suelo entre cojines, o en la cama, o en una manta en el campo. Con comida, bebida, música… Hablaríamos, nos contaríamos cosas, nos haríamos cosquillas…

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Ver lo que pasa más allá de mi muerte. Saber adónde se dirige la humanidad,
cómo seremos. Conocer hacia dónde nos lleva la tecnología. Soy fan de la ciencia ficción. Me encanta imaginar cómo serán las cosas en varios cientos o miles de años. Y, claro, ya no podré saberlo cuando me muera.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Lo que dicen muchas de las personas que están a punto de morir es que se arrepienten de los fracasos emocionales: de no haber dicho más veces te quiero a alguien, de no haber abrazado más, de no haber llamado más a esa persona, de no haber estado más pendiente de alguien.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Intenté ser buena persona.

5. ¿De qué está más orgullosa?
De la familia que tengo, de cómo estamos educando a nuestras hijas, del fantástico núcleo de cuatro personas que somos y de los momentos que pasamos juntos. Todo en este mundo es prestado menos la huella que dejas en las personas que te rodean.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, claro. Echo mucho la vista atrás, constantemente, repasando los momentos, las cosas que han pasado, cómo he actuado en cada situación. Creo que es la manera que tengo para intentar hacer todo mejor al día siguiente. 

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Muchos. Al menos intento que sean muchos. Desde cerrar los ojos en una tarde de risas para intentar recordar lo feliz que estás siendo, hasta los momentos en que nacieron mis hijas.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
¿Puedo pedir todo lo de la carta?

9. ¿Se iría a dormir?
Si sigo manteniendo el mismo ritmo de vida que ahora, caería rendida en la cama a las diez de la noche tras acostar a las niñas. Pero sabiendo que es mi última noche quizá hiciera un esfuerzo extra para aguantar despierta. 

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Contadora de historias.