El último día de mi vida. Mary Beard "Me hubiera gustado aprender árabe y tocar la flauta"

Ausculta el pasado para entender el presente e interpelarse por el futuro. “Me intereso por lo antiguo desde que tengo memoria”, dice. Esa memoria nace en Mary Beard (Much Wenlock, Shropshire, 1955) con cinco añitos, edad en la que vio por vez primera los mármoles de Elgin, el nombre con el que se conoce una extensa colección de piezas procedentes del Partenón de Atenas expuestos en el Museo Británico. Catedrática de Clásicas en el Newman College de Cambridge, editora de The Times Literary Supplement, autora del blog Don’s Life y premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales (2016), acaba de publicar La civilización en la mirada (Crítica), un ensayo sobre la relación entre espectadores e imágenes que comienza en la antigua Grecia y China, pasa por las cabezas olmecas de hace 3.000 años, realizadas por la civilización más antigua de América Central, y concluye en una mezquita en el Estambul de nuestros días.

Beard, autora también de SPQR. Una historia de la antigua Roma (2016) y Mujeres y poder (2018), es una erudita del pasado que no tiene inconveniente en zafarse a fondo con los trols en las nuevas tecnologías. Recibe millones de tuits insultantes, normalmente teñidos de sexismo o racismo, los responde y gana. Como el de aquel joven que se metió con su aspecto y edad y acabó pidiéndole perdón y recibiendo de ella una carta de recomendación laboral. La domadora de trolls, como la ha bautizado The New Yorker, sostiene que los romanos crearon el mundo globalizado y una literatura muy inspiradora de la muerte. “La del poeta Lucrecio es memorable sobre cómo no debemos temer a la muerte”, explica por correo electrónico a El último día de mi vida. “¿Por qué no salir de esta vida como sale de un banquete el convidado harto?”, se pregunta el poeta.

A Beard no le gusta mucho lo que ha visto de la muerte. “Las personas más cercanas a mí que han muerto no eran pacíficas, o no estaban ‘listas’... Estaban enojadas ante la perspectiva y deshumanizadas por ella”. Daría su vida por sus hijos, pero le tiene miedo porque no quiere perderse el futuro.

–¿Cree que hay algo más allá de la muerte?

–No. Si pensara que hay algún tipo de vida más allá de la muerte, no me sentiría tan asustada por eso.

¿La vida? “Es todo lo que tenemos, así que tenemos que poner toda nuestra energía en ello. Y una buena educación es un buen comienzo para tener una vida feliz”.

–Y la civilización, ¿qué es?

–Poco menos que un acto de fe.


1 Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Me gusta pensar que lo pasaría divirtiéndome con mi familia, pero supongo que lloraría.

2 ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Aprender árabe y tocar la flauta.

3 ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que sigan luchando, pero divirtiéndose y riéndose al mismo tiempo.

4 ¿Cómo diría que fue su vida?
Ciertamente he tenido mucha suerte. He trabajado muy duro, pero mucha gente lo hace. Además, tuve suerte.

5 ¿De qué está más orgullosa?
Creo que he alentado a muchas personas a interesarse por la historia (y especialmente por la historia de la antigua Roma), y a encontrar diversión en el pasado.

6 ¿Se arrepiente de algo?
Por supuesto que me arrepiento de todo tipo de pequeñas cosas todos los días (ser demasiado dura con un estudiante, o no lo suficientemente dura, enviar un correo electrónico cuando estoy de mal humor...). Pero no hay nada realmente grave de lo que me arrepienta.

7 ¿El mejor recuerdo de su vida?
Tengo todo tipo de muy buenos recuerdos; es difícil elegir el mejor. Tal vez sean las vacaciones en la playa que tuvimos con los niños cuando eran pequeños.

8 ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Dudo bastante de que fuera capaz de comer mucho. Pero tal vez un pastel de pescado y una botella de champán.

9 ¿Se iría a dormir?
Después de una botella de champán, tal vez lo haría.

10 ¿Cuál sería tu epitafio? 
Ella hizo todo lo posible.