El último día de mi vida. Meritxell Batet "Me arrepiento de no mimar lo suficiente a mi madre"

Odia limpiar cristales y le relaja bastante planchar.  No le gusta especialmente cocinar, pero le salen bastante bien el pescado al horno y la tortilla de patatas. Su religión le prohíbe infligir dolor, y a ella le duelen “las injusticias, es algo que me hace hervir la sangre. Pensar que tienes limitaciones por tu cuenta de resultados o porque no tienes poder adquisitivo para hacer deteminadas cosas... Es una injusticia que percibimos a diario”, explica Meritxell Batet (Barcelona, 1973) a El último día de mi vida.  La presidenta del Congreso de los Diputados, y por ende tercera autoridad del Estado, es una mujer hecha a sí misma. Fue delegada de curso en el colegio y en la universidad creó la Asociación Reivindicativa del Derecho de los Estudiantes (ARDE). Hija única de padres separados, pudo hacer la carrera a base de becas y trabajos de canguro, dando clases o sirviendo copas. Llevaba dinero a casa para ayudar a su madre, que estuvo en paro una temporada y fue deshauciada de casa por impago de la hipoteca. 

–¿Qué es la vida para usted?
–Es lucha. Yo creo que he sido muy afortunada porque la mía ha tenido frutos y eso no siempre pasa.

Recomienda vivirla “con mucha intensidad” y no dudaría en darla por sus hijas Adriana y Valeria, nacidas el día de la Mercè del 2013. Es de las pocas personas del mundo que han leído la Biblia y el Corán, “obras universales que nos explican el mundo de hoy. La Biblia, sea creyente o no, forma parte de mi cultura y educación sentimental. Y el Corán te explica muchas cosas de la cultura del otro. Yo creo que en ambos hay muchos valores  compartidos”.

Un tobillo roto truncó su idea de ser bailarina. La danza, ha recordado, alimentaba su cuerpo y su alma. “Ahora alimento el alma con música y para el cuerpo dejo la cena con amigos”. “Soy afortunada porque tengo amigos maravillosos; creo que tengo un don para detectar gente maravillosa”, sentencia. 

Estuvo gran parte de la última campaña electoral de baja por un síndrome de vértigos que le enseñó lo vulnerables que somos y que la voluntad no todo lo puede; “intentaba levantarme y no podía”. No ha tenido ninguna experiencia con la muerte, y toca madera, aunque la más próxima, dice, pudo ser ese episodio de vértigos. “Me levanté a las tres de la mañana y todo me daba vuelta a trescientos por hora. Es como si estuviera dentro de una centrifugadora. Empecé a sudar, sudar y sudar, no sabía lo que estaba pasando, pensé que estaba haciendo un ictus y empecé a construir frases para demostrarme que era coherente. Luego pensé que quienes tienen un ictus se piensan que están diciendo las frases correctamente  cuando en realidad están diciendo cosas incoherentes... y ahí volví otra vez al pánico”. No cree que haya nada más allá de la muerte, “nada que me aporte un poco de consuelo”.  Y cada vez le da más miedo, “quizá por el efecto de la edad, el hecho de tener hijos, que de repente te hace pensar en muchas cosas y te da muchas ganas de compartir cosas con ellos”.  

Es un viernes por la tarde y la presidenta del Congreso se dispone a iniciar el fin de semana. El sábado hay calçotada con sus amigos en Madrid y cena de pizza en casa con Adriana y Valeria mientras ven una peli en DVD.

Quiere compartir y no echar de menos.


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Haría planes con mis hijas, sobre todo planes que las hicieran sonreír todo el día, que estuviesen alegres, y quedaría con amigos que me ayudaran  a saborear buenos momentos o recuerdos de lo vivido.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Un viaje mítico, que tengo en la cartera y que no hay manera de hacer, que es la ruta de la seda.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Una cosa que yo no sé si he sido capaz de aprender, pero sí que es una reflexión que me hago bastante a menudo, que es aprender a distinguir lo que es importante de lo que no lo es y, sobre todo, que lo que no es importante no te haga enfadar y estar de mal humor y perder buenos momentos.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Llena. Llena de vida, de oportunidades, de trabajo, de amor….Ha estado acompañada también de grandes vacíos, de los que he intentado aprender, como ocurre, por ejemplo, cuando se pierde un gran amor.

5. ¿De qué está más orgullosa?
Recientemente, de la felicidad de mis hijas.

6. ¿Se arrepiente de algo?
De no mimar lo suficiente a mi madre. Creo que es algo que siempre me pesa un poco.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Un paseo por la playa.

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Queso de cabra, tortilla de patatas, pan con tomate y una cerveza muy fría.

9. ¿Se iría a dormir?
No, no, no me iría a dormir.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Fue una suerte compartir vida con vosotros.