El último día de mi vida. Sergi López "¿Mi vida? Una pasada"

Llevó hamacas en la playa de su pueblo, trabajó en un bar, vendió helados, enganchó carteles, hizo de canguro, de chófer, cuando repitió por tercera vez BUP se dio cuenta de que no servía para los estudios y de que tenía que tomar una decisión...Estaba haciendo teatro amateur y, cuenta, tuvo una revelación. ¿Por qué no intentar ganarme la vida haciendo de payaso? Sergi López (Vilanova i la Geltrú, 1965) se lio la manta a la cabeza y se fue a París a estudiar a Lecoq, una escuela de creación, no de interpretación, en la que te enseñan a escribir, precisa. Y esa escuela, “privada y muy cara”, le cambió la vida

“Se busca actor con acento español para primer largometraje de cine”, leyó Sergi un buen día en un cartel colgado en la escuela. Ni corto ni perezoso se fue al casting por curiosidad. Llevaba unos tres meses en París, fue al piso y estuvo grabando pruebas y hablando con el poco francés que había aprendido con Manuel Poirier, el director del filme. Tenía poco dinero y sólo pudo rodar los diez primeros minutos de La petite Amie d’Antonio, con Sergi López de protagonista. La película continuó rodándose un año después, pero sólo en fines de semana, porque Sergi, pese a que era su primer largometraje,  no estaba dispuesto a dejar las clases de esa escuela tan cara que pagaba de su bolsillo. La película se estrenó en 1992 y, desde entonces,  no ha parado.

Ganador del premio César al mejor actor en el 2001 con Harry, un amigo que os quiere, Sergi López protagoniza El viaje de Marta, la historia de una joven de 17 años  que se va de vacaciones a un resort de África con su padre y su hermano pequeño. Marta se aburre y prefiere pasar más  tiempo con los jóvenes que trabajan en el hotel que con su propia familia, lo que tensa la relación con su padre.

-¿Qué mensaje transmite El viaje de Marta?
-Pues que el diferente no es más que un espejo de nosotros mismos, que el otro, el distinto, somos nosotros mismos en otras circunstancias. Que todo está por hacer, que no hay otra alternativa que acercarse al otro y ponerse en su lugar.

Se considera más payaso que actor, dice que las películas nos hacen hacer preguntas, nos hacen crecer y avanzar,  y que son muchas las películas que le han ayudado a él, “filmes difíciles de entender pero fáciles de sentir”. Sergi López se considera un ignorante supremo pero con una curiosidad insaciable. Y se troncha cuando se le pregunta si no es falsa modestia: “Ya me gustaría”. 

Vivió la muerte como un recién nacido, y se lo han contado. “Nací deshidratado, a mi madre le dijeron que se fuera del hospital porque así moriría en casa. Se puso como una moto, llamó adonde pudo y se acordó de que tenía una medio pariente monja que trabajaba en un hospital de Madrid. ¡Tráelo para aquí y a ver qué hacemos!, le dijo. Y salió bien”. No le tiene miedo a la muerte, y sí al dolor de sus hijos Juna, de 23 años, y Magí, de 21,  pero le parecería una putada que le llegara ahora porque le quedan muchas cosas por hacer. La muerte, dice, también forma al final parte de la historia, “y que el final, chim pum, se acabe”. Cree que más allá existe el recuerdo que dejas en los otros y que él, al ser actor, tiene la suerte de dejar un testimonio gráfico.  Y también piensa que se puede estar muerto en vida atado a un contrato, un crédito, una hipoteca...y para vivir hay que romper, “romper siempre es una buena solución. Tampoco soy el campeón del mundo, pero sí, a veces, he roto algún objeto y algún contrato”.

-¿Qué es la vida para usted?
-Es como un río, no sabes por qué recovecos te va a llevar. No hay que hacer planes ni querer tenerlo todo controlado. Hay que dejarse llevar por el río y tomar decisiones.

-¿Y cómo hay que vivirla?
-Pues en bolas, desnudo, dejándose tocar aunque duela. 


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Cerca de mis hijos, de la gente a la que quiero, de fiesta, comiendo y cantando.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Cambiar el mundo de forma muy radical, pero me ha faltado tiempo sí. 

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que sean honestos consigo mismos y que nunca pierdan la visión crítica sobre sí mismos y sobre el mundo en general.  

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Una pasada. 

5. ¿De qué está más orgulloso?
De que la gente hable bien de mí y, cuanto más cercana, mejor habla de mí. 

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, seguro, de momentos. De cosas trascendentales no, pero sí de muchos momentos.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Ver crecer a mis hijos. 

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Proteína, en cualquier formato. Huevos, carne, pescado… y buena compañía

9. ¿Se iría a dormir?
Sí, siempre. Y si pudiera me haría una siesta larga.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
Pues no estuvo mal mientras duró.