El último día de mi vida. Xavier Sardà "Morir es una antigualla"

Duerme poco, es hiperactivo, un periodista multiusos que un día se inventó a un abuelo, el señor Casamajor, que media España se creyó que existía y casi toda la otra ni lo dudó. Gusta de la ironía y de frases contundentes (“¿Independizarme? Del cáncer y la muerte”, ha dejado dicho). Xavier Sardà (Barcelona, 1958), que triunfó con Crónicas Marcianas y en breve volverá a la tele con un renovado Juego de niños, acaba de publicar Adiós, muy buenas (Espasa), una sucesión de narraciones en torno a un pequeño cementerio. Es un libro, como dice Santiago Segura en el prólogo, para hablar constantemente de la muerte.

–¿Qué tiene de cotidiano un cementerio?
–Nada. Es un muro de Facebook. En él hay dos viejas que lo saben todo de cada nicho, y lo que no saben se lo inventan. Me he divertido mucho escribiendo el libro y espero que la gente se divierta leyéndolo. Me parece que es un lugar increíble, de vida. Allí dentro, aunque parezca mentira, hay gente como nosotros.

Gente de carne y hueso, como el sepulturero que recuerda el día que enterró a su madre, “que es como un desnacer biológico y umbilical”, y le pone boleros en el nicho, o el de aquél otro que entierra a un compañero de profesión. 

La muerte entró en casa de Xavier Sardà de niño (tenía ocho años cuando perdió a su madre) y su vida se ha visto rodeada y salpicada por ella. Ha intentado buscar una respuesta lógica a la muerte y no la ha encontrado.
–No hay respuesta. Es una tribulación, oiga. Dicen que los occidentales giramos la cara a la muerte, que no queremos verla. Si la giras la encuentras en la otra dirección. Me cansa escuchar eso de que los orientales saben sobrellevar mejor la muerte y la vida. En muchos de nuestros pueblos, después de un entierro hay una gran comida, un gran concierto vital.

No la ha sentido personalmente nunca de cerca, aunque subraya que ha ido mucho en moto, ha sido piloto de avión y es capitán de yate como aficiones en las que podría haberle visto la cara.

–¿Le da miedo?
–Es más el cómo que el cuándo. Si para morir hay que pasar unas maromas de decadencia es espantoso. Creo que ha de estar legislada la eutanasia. Aunque yo he tenido algún dolor de muela y por él ya me la hubiese pedido. 

No cree que haya nada más allá, aunque recuerda que un señor le comentó recientemente que sí perviviremos, que todos somos una repetición de una especie y que, mientras perdure, ahí estaremos. “Piense usted, me aseguró, que la muerte definitiva será cuando la especie humana desaparezca”.

Cree que la vida es un milagro, aunque en muchos sitios del planeta fuera (en la Europa de las guerras mundiales o de los Balcanes) o sea (Venezuela) un infierno. Hay que vivir la vida, dice, siendo como somos, siendo cada uno de nosotros. Y sentencia:
–En general los muertos no son el pasado. Son nuestro futuro. Porque han pasado una pantalla. Esto es como un videojuego y ellos han pasado ya la pantalla.


1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Esto nunca me ha gustado. Es espantoso. Hay que imaginar que mañana es el primer día de nuestra vida. Esto es factible que lo planteemos así, mire usted la diferencia. Si imaginamos que mañana es el primer día, cuando nos levantemos será algo trepidante, extraordinario. A mí me interesa imaginar que mañana es el primero. Esto puede hacerlo usted y puedo hacerlo yo. Si es el último día, no me interesa nada. 

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Al ser bastante hiperactivo, me quedan muy pocas cosas por hacer. He plantado bastantes árboles, he tenido una hija y he escrito libros y hecho tele. Profesionalmente me he realizado a límites de persona muy afortunada. Y, en realidad, lo que no podré hacer es dejar de morir, que me parece una antigualla. Morir es una antigualla.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que estudien como si fuesen a vivir toda la vida y vivan como si fuesen a morir mañana.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Personalmente no muy afortunada, hasta ahora que tengo una familia fantástica. Una hija fantástica y las hijas de mi mujer. Pero el principio fue un poco aciago. La muerte ha tenido mucho peso. Mi madre muere cuando yo tengo ocho años, mi padre cuando yo estoy en la mili y luego lo hace mi hermano pequeño.

5. ¿De qué está más orgulloso?
De nunca haberme callado. Ni cuando hice programas cuando gobernaba el PP ni ahora. Manifiesto con todo el respeto mi criterio sobre lo que sucede en Catalunya y en cambio las críticas son inquietantes por intensas.
 
6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, seguramente me arrepiento de estar excesivamente centrado en el trabajo y de no respetar siempre las relaciones personales cuando era joven, empezaba mi carrera y hacía programas diarios.
 
7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Quizá el nacimiento de mi hija. Yo creo que es uno de los mejores, sí.
 
8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Y dale con la última. ¡Que no me interesa la última! Piense usted en el menú de mañana al mediodía. Déjese del último día, como un condenado. ¿Mi menú de mañana? Mi mujer es dietista y cocinera. Como excelentemente sano y bien.
 
9. ¿Se iría a dormir?
Me interesa mucho. Me da igual el sitio. Soy de dormir poco, por lo tanto eso sí que me interesa.
 
10. ¿Cuál sería su epitafio?
Adiós, muy buenas.