Charles Aznavour "Me llamaban feo y vulgar"

Leyenda viva de la música, incombustible a sus 90 años, se resiste a que la edad le apee de lo que ha sido su vida desde que empezó a cantar, siendo niño. El músico y actor francés de origen armenio Charles Aznavour añade nuevo disco de elocuente título, 'Encores', a sus más de mil canciones.

Por la pícara sonrisa que surca su rostro mientras recibe a la prensa, Charles Aznavour (París, 1924) parece disfrutar lo suyo del revuelo que le rodea, resultado de su estatus de leyenda de la música universal y de su carácter de fenómeno de la naturaleza, pues se mantiene en perfecto estado de revista a sus 90 años. Menudo, viste elegante traje y camisa floreada. Aznavour, el artista de carrera más larga de cuantos se recuerdan, tiene los arrestos de editar disco nuevo, Encores, y enfrentarse a una gira internacional “que no tiene por qué ser de despedida”, según apunta, que recalará en Madrid y San Sebastián en los próximos días. Acepta la enésima entrevista de su inabarcable carrera con la generosidad del grande. Sentado en el sofá de una interminable suite con terraza para que se le fotografíe convenientemente aireado si el profesional del retrato lo precisa. Igual esta vez hasta le preguntan una que no se sepa. La espera discreto mientras focos, grabadoras, botellas de agua y sonrisas se van ubicando en el escenario dispuesto, buscando su utilidad para facilitar que todo fluya. Y mientras todo esto ocurre, mientras este pide, el otro consiente y el de más allá permite, el maestro simplemente canturrea.

“Lo hago todo el rato, esto de tararear; no son canciones concretas, ni pasadas ni futuras seguramente. Es la música, que siempre me ronda. Empecé a hacerlo cuando era un chaval, cuando andaba buscándome la vida. No me llevaba a ninguna parte, pero me acercaba a la alegría en tiempos que eran de todo menos optimistas”.

Tiene cerca de mil doscientas canciones escritas, un repertorio a prueba de bomba, más de sesenta personajes interpretados entre cine y televisión. ¿No le apabullan sus logros?
Si el público puede soportarlos, ¿cómo no voy a poder yo? Si no es demasiado para él, tampoco es demasiado para mí. Me encanta trabajar, componer. Es lo mejor. Lo hago en casita, cómodo, sin jefes…

Comenzó a cantar en París con nueve años, hace más de ocho décadas. ¿Qué cree que había en la cabeza de aquel niño entonces?
Sé, sin lugar a dudas, que no imaginaba ni en el mejor de los sueños que la vida sería tan generosa conmigo. Entonces lo más importante para mí y para mi familia, inmigrantes armenios, era reunir dinero para subsistir, por lo que mi gran preocupación era cuánto iba a ganar en cada sitio. Lo necesitábamos. Mi padre trabajaba, mi hermana trabajaba y yo también. Cada semana juntábamos lo ganado encima de la mesa de la cocina para ver si nos llegaba. Ojo, éramos pobres, pero no miserables. Cuando fui algo mayor, casi siempre me quedaban algunos francos que garantizaran mi libertad de ir y venir. Para poder salir, tener experiencias y conocer gente.

¿Así entró en contacto con Edith Piaf?
Claro. La música abre muchas puertas. Era un ser maravilloso, auténtico. Vivimos juntos como amigos durante más de ocho años. Fui telonero, chófer, acompañante y paño de lágrimas, pero jamás fuimos amantes. Bromeábamos diciendo que ella no era mi tipo. Yo tengo un físico muy peculiar, que no me facilitaba las cosas.

"La gente feliz no tiene buenas historias que contar. Si tu vida amorosa es un desastre, te llenas de emociones que merece la pena recoger en una canción"

¿Le faltaba apostura para el triunfo?
Y los críticos no dejaban pasar la ocasión de recordármelo. Me decían que era bajito y feo. Tampoco les convencía la voz; ni siquiera muchas de mis composiciones, por mucho que me las solicitasen Juliette Greco o Bécaud. Como no había estudiado prácticamente nada, me encontraban vulgar, y por mis orígenes, poco refinado en mi aspecto. Muy de la calle, de donde procedía. Dudo que esperaran mucho de mí y me alegro de haberles sorprendido. Digámoslo así.

Fue en aquellos días que ahora consideramos la edad de oro de la canción francesa, en los años cincuenta y parte de los sesenta. ¿Cómo era en realidad aquel ambiente tantas veces recreado en novelas y películas?
Menos bohemio de lo que se ha descrito, quizá. Si alguien dijera que había una efervescencia creativa en el aire, no podría decirle que no. A veces nos daba el amanecer tras una noche de conversaciones, de impresiones, de música. Pero no éramos diletantes en absoluto. Podíamos ensayar por la mañana, rodar una película por la tarde y cantar en un garito por la noche. Éramos muy trabajadores y también muy polifacéticos. Esto es importante, porque creo que fue, en cierto modo, la clave de nuestro éxito: éramos compositores, cantantes, actores…

¿Cómo es posible que muchas de las canciones de su repertorio se mantengan tan frescas como si se hubiesen escrito ayer?
El truco está en colocar la palabra correcta acompañando a la nota musical precisa en el momento adecuado. Esto hay que trabajárselo para poder marcar la diferencia que existe entre una canción bien escrita y otra más dejada. Yo no escribo canciones de éxito. Ellas llegan primero. Tienen su personalidad, su forma de ser, y quieren expresarse. Y si hay suerte, se transforman en éxitos después. Pero no creo que nadie pueda fabricar números uno como si fueran zapatos. Las cosas no funcionan así.

¿Qué es la música para usted?
Algo importante para la letra (risas). Digo esto porque me siento incómodo poniendo palabras a las melodías; no me resulta nada fácil. Para mí es al revés. Primero está lo que se quiere contar, después el envoltorio. Pero contestando a su pregunta, la música es mi vida normal, es mi cotidianidad, lo que hago cada día. No me perturba que vengan a interrumpirme cuando estoy trabajando porque es algo que forma parte de mí y puedo volver a coger el hilo más tarde sin ningún problema. Considero que es una relación de dos direcciones sin barreras ni obstáculos. Hace años que protejo mis composiciones para tener la última palabra sobre su uso.

¿Qué escucha?
De todo. Me gusta mucho la buena música y detesto la mala. La que no tiene alma, la que se hace para las listas de éxitos nada más. Pero hay muchos jóvenes en los que confiar, que tienen mucho que decir. Y creo que cuando eres conocido debes estar disponible para ellos; para ayudarles. Hay que poner en circulación lo que posees: dinero, popularidad y experiencia. Las tres cosas. Que ahora hagan versiones raperas o en hip-hop de mis éxitos me encanta. Yo también tuve que mostrar que era diferente cuando quería hacerme un lugar como artista.

En Venecia sin ti, en La Bohème, usted une lo amoroso con la nostalgia y la melancolía. ¿Considera que el romance siempre va de la mano de un cierto sufrimiento?
Lo que creo es que la gente feliz no tiene buenas historias que contar. Si todo te va bien, todo es estupendo y no hay más, pero si tu vida amorosa es un desastre, te llenas de emociones y de sentimientos que merece la pena recoger en una canción. Desde la miseria emocional resulta todo mucho más interesante. Venecia sin ti probablemente ha reconciliado a muchas parejas. Pero tengo claro que ninguna de mis canciones ha provocado ni una ruptura ni un divorcio (risas).

Usted vivió la Segunda Guerra Mundial en el París ocupado. ¿Qué recuerdos tiene?
Que lo más importante era sobrevivir. Sobre todo, teniendo en cuenta que todos los de mi familia colaboramos activamente con la resistencia; sobre todo mis padres, que escondieron y ayudaron a escapar a muchas personas. La mayoría eran desertores del ejército nazi que no querían estar ahí, pero les obligaban. Rusos y armenios, como nosotros. Mi hermana y yo nos ocupábamos de procurarles ropas de paisano y hacer desaparecer sus uniformes. Fue un tiempo muy peligroso.

Ha sido testigo de momentos históricos, de adelantos científicos y médicos impresionantes, o de cambios sociales inimaginables hace un siglo. ¿Cree que la humanidad lo está haciendo bien?
En algunas cosas sí, pero no en la mayoría. Los avances tecnológicos, en la ciencia y la medicina son magníficos, salvan vidas casi siempre, pero otros se utilizan para fabricar armas que perpetúan el peor de los males del ser humano: la violencia. Seguimos rechazando al inmigrante, al que es diferente, al que tiene otra religión. El antisemitismo y el racismo siguen existiendo. Ahora mismo, no hay un solo lugar del mundo donde puedas considerar que estás a salvo. No, no lo estamos haciendo bien.

¿Imaginaba que vería a dos hombres o a dos mujeres casadas?
Tal vez no, pero no me extraña nada porque es consecuencia de algo completamente natural. Y si mis padres y mis abuelos hubieran pensado que no había nada incorrecto en ello ya no habría ningún tipo de debate. Es todo cuestión de hábitos y de tradiciones que afortunadamente caen por su propio peso. Yo escribí la primera canción sobre un amor homosexual, allá por los primeros setenta, y la verdad es que sorprendió mucho. Pero ahí está.

"Yo no tengo una posición desahogada por mí mismo. Esta chaqueta que llevo me la han comprado ustedes. Y eso lo sabe el público y lo sé yo. Es la base del equilibrio del artista con los que le siguen. Soy parte de la comunidad"

Ahora estrena disco. ¿Qué le llama la atención de cuanto le rodea como para plasmarlo en una canción?
Mi vértigo es el folio en blanco. Por lo demás, todo me interesa. Cuanto le ocurre al ser humano. El amor, las dudas y las certezas, lo que pensamos que sería y no fue, lo que conseguimos… Mi mesa de trabajo me atrae y ahí estoy. Con escribir una sola línea al día ya me parece importante. La inspiración, que venga, pero que me pille preparado para recibirla. Ya salga del periódico o de lo que me cuente un vecino. El presente me enseña. El pasado ya lo hizo.

¿Detecta esa disciplina entre los que acaban de llegar a ese espacio del que usted es huésped hace décadas?
No en todos. Ser popular se ha convertido en una necesidad para muchos jóvenes, porque facilita mucho las cosas en un mundo que ya no disimula su hostilidad. Nadie quiere ser uno más, cuando, en realidad, no hay nada malo en elegir una existencia sencilla si es lo que en realidad se desea. Pero ahora todo el mundo quiere ser famoso como sea y no se entiende que el único modo de comunicar, de empatizar con los demás desde una posición digamos artística, es ser genuino; auténtico. Ni la escuela ni la religión explican esto, y por eso existe tanta confusión entre la gente joven.

¿Es más difícil convivir con el éxito que con el fracaso?
Para convivir con el fracaso has tenido que conocer el éxito. De todas formas, pienso que es mucho más fácil ser perezoso que trabajador. Siempre he pensado que si no llegas allá dónde has colocado tus expectativas, es porque te has dejado algo en el camino. Es el momento de desandar lo andado y ver dónde cometiste el error.

En los buenos momentos, ¿no le puede jugar el ego al artista una mala pasada?
Si el éxito te cambia es porque no eres auténtico, porque no eres una persona que acepta su lugar con naturalidad. Hay que tener en cuenta que a un buen año le sigue otro que no es tan bueno, pero tienes que ser el mismo antes y después, porque ni lo uno ni lo otro es para ­siempre. Eso no quita que puedas estar excitado por un disco que ha calado entre el púbico, o por un concierto en el que te entendiste con el público de tú a tú, pero luego hay que saber volver a la realidad; al trabajo diario.

Después de tantos años en primera línea, ¿cómo cree que le percibe el público?
Yo no tengo una posición desahogada por mí mismo. Esta chaqueta que llevo me la han comprado ustedes. Y eso lo sabe el público y sabe que yo soy consciente de ello también. Ahí está la base del equilibrio en la relación del artista con las personas que le siguen. Yo bajo al mercado cada día a comprar los tomates y conozco por su nombre a cada uno de los tenderos. No me llaman señor Aznavour; para ellos soy Charles. Soy parte de la comunidad y por eso me ven con la mayor normalidad.

¿Cuáles han sido sus prioridades, desde que dejó atrás la necesidad?
La familia, el trabajo y los amigos. Estos últimos, además, casi siempre me han llegado a través del trabajo. A los buenos amigos, generalmente, no los consigues paseando por el parque.

"Seguimos rechazando al inmigrante, al diferente. Ahora mismo no hay un solo lugar del mundo donde puedas considerar que estás a salvo"

Pese a sus trabajos con Truffaut, Chabrol o Werner Herzog, ¿le hubiera gustado agrandar su faceta como actor?
Sea o no así, ya da igual, porque salvo que sea para algo muy excepcional, he renunciado a interpretar. No puedo perder el tiempo leyendo guiones con papeles que muchos actores podrían encarnar igual que yo. Muchos pueden hacer lo mismo que yo en el cine, pero no en la canción. He trabajado con muchos de los mejores en las pantallas y con eso me basta. Ahora ya no puedo atender a ambas cosas. Aunque estoy orgulloso de mi carrera en el cine, ya ha finalizado.

En algunos mentideros se le atribuye la famosa frase: “El espectáculo debe continuar” ¿Es, efectivamente, suya?
No lo es, no sé a quien se le ocurrió, pero la suscribo al cien por cien. Aun en el peor día, cuando le ha sucedido algo terrible, el artista se nutre, se alimenta, hasta se cura gracias a lo que el público le devuelve cuando está interpretando una canción. Sin él no seríamos nada.°