El último día de mi vida: Susanna Griso "Me quedan varias vidas por vivir"

ILUSTRACIÓN: ORIOL MALET

Es la pequeña de siete hermanos. Todos, muy alegres y positivos. Tiene dos hijos, Jan, de 15 años, y Mireia, de 13. Pero siempre quiso tener una familia numerosa, y en el 2010 inició el proceso para adoptar a un niño que, como decía, le estaba esperando en algún “país muy lejano”. El pasado mes de abril viajaba a Costa de Marfil con su marido e hijos para recoger a su nueva hija. Culminaba ese mes un proceso que alegraba una vida entristecida pocos meses antes por la muerte de Montserrat Raventós, de 94 años, su madre. Susanna Griso (Barcelona, 1969), presentadora de Espejo público desde el 2006, anunciaba el fallecimiento en las redes sociales: “Bon viatge, mare/Buen viaje, mamá”.

–Llevaba despidiéndose desde que sufrió un ictus, hace ya tres años.

No puede hablar de haber tenido una experiencia propia sobre la muerte, pero no descarta que haya dimensiones que sólo algunos perciben. No le da miedo, pero le aterroriza pensar que puede perder a sus hijos. Tuvo un susto tremendo cuando, hace unos años, su hija Mireia tuvo un accidente muy grave. Durante unos segundos pensó que la había perdido. 
–Cayó de un barco y la quilla le pasó por encima. Pensé que ponía el contador de mi vida a cero, que nada tenía sentido. Recuerdo el abismo, el desconsuelo más absoluto. Fueron unos segundos eternos. Luego oí que me llamaba y me tiré al mar a rescatarla sin pensarlo. Estaba muy lejos.

A través de la numerología ha descubierto que el 6 domina su vida. “Debo de ser un poco diabla”, concluye. Le gustaría someterse a una sesión de hipnosis, como han hecho sus hermanas, que sacaron conclusiones “hilarantes, porque resulta que en vidas pasadas ya se peleaban. ¡Maldito karma!
–¿Cree que hay algo más allá?
–Esa es una de las dimensiones que no he explorado, pero mi espiritualidad está en barbecho... esperando a ser activada.
–¿Cómo ve la vida?
–He pensado muchas veces en ello. Suspendiendo como suspendo en espiritualidad, tengo una visión muy cristiana: pienso que el amor es el gran motor, lo único que da sentido a la vida. Y tanta pasión como tengo por India ha hecho que el karma esté también muy presente.
Amémonos.

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Si me diera algo más de margen, pongamos cuarenta y ocho horas, dedicaría el penúltimo día a despedirme de toda la familia y amigos, como hizo mi madre. Y el último día lo reservaría para mi marido y mis hijos: reiríamos, veríamos fotos y películas familiares, confeccionaríamos la banda sonora de nuestra vida en Spotify y encargaríamos un menú con nuestros platos favoritos. Todo, cerca del mar. 

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Me niego a pensar que no ­tendré tiempo para hacer todo lo que tengo pendiente. Me quedan varias vidas por vivir. 

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Regala y regálate. Es un consejo egoísta, porque tengo comprobado que la generosidad es el camino más recto para conseguir la propia ­felicidad. 

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Muy intensa. He dedicado mucho tiempo al trabajo porque lo he vivido con pasión y me ha costado ponerme límite,s pero quiero pensar que hay más mundos más allá del periodismo. Tengo vocación de trotamundos. Todo se andará. 

5. ¿De qué está más orgullosa?
De mi familia, de mis amigos, de mis compañeros... Quiero y me siento querida. No puedo pedir más. 

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, pero intento mirar poco por el retrovisor. Y estoy convencida de que se aprende más de los fracasos que de los éxitos. 

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Los nacimientos de mis hijos... y un abrazo reciente en el despacho de la directora de un orfanato en Costa de Marfil. “Te presento a tu madre”, esas fueron sus palabras. 

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Erizos. Muchos erizos. Nada me trae mejores recuerdos. 

9. ¿Se iría a dormir?
¿En mi última noche? Nunca. Se lo dice alguien que está obsesionada por el sueño. Pero se me ocurren tantas cosas mejores...

10. ¿Cuál sería su epitafio?
No he pensado en el epitafio, pero me gustaría que mi recuerdo invitara a la sonrisa. Es lo que me ocurre cuando pienso en mis padres. Y ellos querían que los recordásemos con paellas y fideuás multitudinarias.