"Cierta dosis de cabreo es necesaria para vivir"

Madrileña de 1972, la actriz encara la temporada pendiente del estreno de la esperada serie 'La catedral del mar' y enfrascada en el rodaje del drama de abogados 'Código de familia', también para televisión. Candidata al Goya en tres ocasiones, este año podría volver a serlo por 'No sé decir adiós', sobre lo poco preparado que está el ser humano para afrontar la muerte de los seres queridos.

¿Naturaleza o ciudad?
Antes no era de salir al campo y ahora me apasiona.

¿Prefiere el campo o el mar?
El mar es mi lugar favorito, una mezcla de miedo y placer.

¿Le ha tocado de cerca este papel? 
Con lo de la muerte aportas tu experiencia. Como mi personaje, viví la muerte de mi padre y tuve que hacer mi viaje en este sentido.

¿Cree que ver en ficción el drama de los otros puede ser terapéutico? 
No por aquello de “mal de muchos”. Es mucho más profundo. Vamos al cine o al teatro para sentirnos menos solos al compartir lo que nos inquieta. Por eso es un placer, doloroso, a veces, encarnar personajes tan cercanos a la vida.

¿Ha aprendido a preservar a la persona ante la actriz? 
Una vez me dijo un buen maestro: ¡La locura, para el escenario, Nathalie!”. Y lo llevo a rajatabla. 

Este año se las ha visto con Shakespeare…
En El sueño de una noche de verano que ha dirigido Andrés Lima. Shakespeare tiene algo de inabarcable. Es el más moderno y el más perverso. Está vigente porque el mundo no cambia y seguimos teniendo las mismas asignaturas sin solucionar que hace cientos de años.

¿En qué mujeres no se encontraría si tuviera que interpretarlas? 
Nunca me han ofrecido hacer de mujer florero. O de madre sufriente o de señora frágil que tanto gusta. Ojo, el mal no está en ellas, sino en la mirada sexista con que se muestran. Hay que vigilar, porque hay peligro de regresión, como muchos otros derechos que tanto nos han costado.

¿Qué le enfada?
La indefensión. Me rompe el alma. Ya sean refugiados que no saben qué va a ser de ellos o mujeres que no saben cómo romper la espiral de violencia en que viven o animales maltratados. No soporto la crueldad, pero nunca es tarde para echarse a la calle y hablar de lo que nos duele. Yo tengo carácter. Intento suavizarme, pero en el fondo pienso que cierta dosis de cabreo permanente es necesaria para vivir.

¿Qué le devuelve la sonrisa?
Mi chico, que me toma el pelo a medias con Andrés Lima, gran amigo desde los tiempos de Animalario. El escenario…

¿Con qué detesta perder el tiempo?
Con los detractores por naturaleza: seres capaces de tirar todo por tierra sin capacidad amatoria alguna. ¿Qué lee?
Cuando tengo mucho trabajo, casi nada, porque hay bastantes mujeres en mi cabeza como para dejar sitio a más personajes. Me gustan mucho los cómics; hay historias apasionantes en ellos.

¿Es de salir de marcha?
Lo he sido, pero he descubierto la mañana y soy ave nocturna reformada. Pero sigo siendo muy de celebrar. Me encanta bailar, ir a conciertos. Cuando vi a Patti Smith flipé. Es una diosa. Fue mágico.

¿Qué tres personas o cosas no soporta perder de vista?
A mi amor, a mi madre y a mi gato.