Delphine de Vigan: “Los adolescentes de hoy nos interpelan a través del alcohol”

Escritora. Nacida en Boulogne-Billancourt en 1966, es una de las voces más sugerentes de la narrativa francesa actual. Roman Polanski adaptó al cine su novela 'Basada en hechos reales', pero fue la cruda y autobiográfica 'Nada se opone a la noche' la que la consagró a nivel internacional. Ahora, en 'Las lealtades' (Anagrama/Edicions 62), aborda el dolor y la salvación de los complejos vínculos con los demás.

Su obra ha estado definida por abordar temas duros, incómodos. 
Lo que me interesa al escribir es explorar la naturaleza humana, incluso sus aspectos más oscuros. Esta es la labor del escritor, coger esta complejidad y plasmarla. 

La capacidad de la literatura para reflejar nuestro interior puede herir sensibilidades. ¿Aquí recae gran parte de su grandeza?
La literatura para mí es formular preguntas, las cuales nos pueden dañar y dejarnos en evidencia. Como lectores somos libres de escoger: elegir la que nos procura consuelo o la que nos remueve, nos incita a reflexionar o a mirar de otra manera. Personalmente el poner nombre a las cosas, el identificar la fuente de una herida o una desazón me procura una cierta tranquilidad.

Realidad y ficción conviven en varios de sus libros. ¿Cómo le interesa que dialoguen ambas?
La realidad siempre está en el origen de mis novelas, algo que me perturba y me hace daño. Pero entonces hay que alejarse de la propia experiencia para intentar escribir algo universal. Aquí es cuando entra la ficción, la cual me permite entender mejor las cosas y rellenar vacíos, volver a coser algo que se ha deshilachado.

¿Que la lealtad sea algo positivo pero pueda tener efectos nefastos fue lo que le atrajo al explorarla?
Exactamente. La lealtad forma parte de mis valores pero hay momentos en que nos encierra, nos impide hacer o decir cosas que deberíamos.

Su estilo es directo y conciso, huye del adorno. ¿Le parece deshonesto buscar la floritura si el material con el que se trabaja es tan sensible?
No sé si deshonesto pero quizá sí superfluo. Me parece que, frente a temas duros y explosivos, se impone una economía de medios, una forma minimalista. No hace falta añadir lirismo o melodrama a situaciones ya de por sí intensas. 

En su novela perturba el consumo de alcohol entre la juventud...
La sensación es que los adolescentes de hoy nos interpelan a través del alcohol. Beber no es para ellos sólo una transgresión, o un símbolo de placer y fiesta, sino un modo de huir del mundo que les proponemos o de decirnos que temen el futuro que les espera.

¿Hay algún escritor/a que le haya sido especialmente útil a la hora de encontrar su voz?
Annie Ernaux , por ejemplo. O Stephen King: le admiro por su capacidad de mezclar la exploración íntima y la tensión dramática.

Su rincón de escritura favorito, fuera del hogar.
Antes escribía mucho en los cafés. Ahora, cosas de la edad, necesito silencio para concentrarme. Sigo acudiendo a ellos –y al metro– a observar a la gente, soy algo voyeur.

Si uno de sus hijos quisiera ser escritor, ¿cómo reaccionaría?
Me llenaría de felicidad y le animaría mucho, pero le recomendaría que no se precipitara y antes se dedicara a vivir intensamente. °