Mario Casas “No hay que temer al cambio ni al error”

Actor. Recién cumplidos los treinta, parece dejar atrás aquel perfil del malote postadolescente de Tres metros sobre el cielo o del policía tierno de Los hombres de Paco. Tras unos años como actor fetiche de Álex de la Iglesia y después del éxito de Palmeras en la nieve, el coruñés encarna a un trampero solitario y algo alienado en su último filme, Bajo la piel del lobo.

Su plato preferido
Como mucha verdura, me estoy haciendo vicioso del brócoli. 

Su velada perfecta
Muy simple. Risas y cosas ricas de comer junto a mi gente.

Un personaje complejo...
Es esquinado, apenas habla y sólo se humaniza algo gracias a dos mujeres del pueblo más cercano. Y encima tuve que engordar…
¿Buscando nuevos registros?
Lo interesante de este trabajo es el viaje, el aprendizaje; crecer como actor y, de paso, como persona. Puedes funcionar años en zona de confort, pero las carreras que admiro no temen al cambio ni al error. 
¿Es su papel más difícil hasta hoy? 
Junto con El fotógrafo de Mauthausen, que acabo de rodar. Una historia escalofriante; el día a día en el campo de concentración del catalán Francesc Boix. Hay trabajos que son procesos vitales, que te hacen crecer. En Bajo la piel de lobo, el rodaje fue muy dificultoso. Con presupuesto y tiempo ajustados, en pleno monte.
A veces esas cosas imprimen carácter a la película…
Las películas son energía, son alma, y esta la tiene. y es fría, rocosa y dura; lo que quería el director Samu Fuentes. O entras en ella o no. Los filmes pequeños suelen tener gran personalidad; todos tiran del carro, y quizá por eso salen poderosos. 
Es una estrella en China...
(Risas) Para nada. Lo que pasa es que allí, a diferencia de aquí, Contratiempo ha tenido un éxito tremendo.
¿Y si le llaman para trabajar allí?
Pues a hacer la maleta.
¿Pensaba, cuando empezó, que iba a prepararla tan a menudo?
¡Qué sé yo lo que pensaba! Todo sucedió por pura inconsciencia, con 17 años. Salir de Barcelona para probar suerte en Madrid, meterme en una escuela de interpretación. Ahora, a los 31, creo que no lo haría. Soy más responsable e intento ser más coherente. Estoy contento con los papeles que me ofrecen, y mi vida es mejor ahora en todos los sentidos.
¿Qué le hace disfrutar?
El deporte me carga de energía. Y el campo. He adoptado a una perra, Cora, hace un mes, y mientras la educo disfruto de la sierra madrileña.
¿Sus aromas y colores favoritos?
En un bosque al atardecer. 
¿Qué le enfada?
No muchas cosas. La falsedad me irrita. Y que nos mientan.
¿Y se le pasa…?
Leyendo. Últimamente, psicología; me ayuda en mi trabajo. Y sobre todo se me pasa con la música. Me levanto a las 6 o las 7 y ya pongo música. 
¿Qué géneros prefiere?
Depende del momento. Me encantan el soul y el jazz. Según me levante.
¿Es de mucho madrugar?
El fotógrafo, para la que he perdido 13 o 14 kilos, me ha cambiado las costumbres y hasta el metabolismo. Antes no amanecía hasta las 11 y comía mucho fast food y ahora desayuno pronto y como sano.
¿Se acabó la golfería? 
En absoluto. Pasarlo bien es imprescindible. Pero antes iba en quinta y ahora en tercera.
¿A qué tres personas o cosas le cuesta perder de vista?
Ahora, a mis padres y a mi perra.