Mariza "Recuerdo cómo aprendí mi primer fado"

Además de su sexto álbum, 'Mundo' supone la primera entrega de material nuevo en cinco años de Marisa dos Reis Nunes (1973). “Es una invitación a entrar en mi mundo y mis sentimientos”, reconoce Mariza, la mejor embajadora actual del fado. El álbum, de nuevo producido por Javier Limón, es una obra íntima y aperturista que cala hondo.

Su mejor momento del día
Cuando llego a casa y me puedo quitar los zapatos

¿Cómo le gusta relajarse?
Me encantan el spa y un buen masaje para aliviar tensión

Ha subrayado que el fado no es sólo melancolía y ha llegado a un público joven con un género de raíz. ¿Dónde radica la clave de esa conexión?
En cantar la vida. La vida no es sólo melancolía y tristeza, sino que tiene todos los sentimientos maravillosos que puedes explorar y cantar. Procuro mostrar a la gente que el fado tiene un cariz melancólico, una melancolía dulce. Pero al mismo tiempo celebra los sentimientos de la vida. La vida es muy bonita de vivir, así que hay que celebrarlo. 

Creció en el barrio lisboeta de Mouraria. ¿Cómo le marcó para ser la cantante de fado que es hoy?
Si no hubiera crecido allí, hoy no sería fadista. Tal vez sería cantante, pero de otro género musical. Crecí en medio de los puristas y escuchando fado en todas las calles y en la taberna de mis padres. No me acuerdo de mi primera muñeca, pero sí de cómo aprendí mi primer fado. El fado es mi piel, es como respirar. A veces me preguntan si sé qué es el fado tradicional. Claro que sí. Si hoy puedo hacer este tipo de música es porque sé muy bien qué es la tradición. De lo contrario, no podría dar pasos adelante. 

¿Qué ha aprendido de la música?
Que debes ser transparente, pura y sincera. Si no, el público siente que lo que cantas no es de verdad. 

¿Qué le cantaría a su compatriota Cristiano Ronaldo? 
No me veo cantándole a Cristiano Ronaldo (se ríe).

Es una referencia actual en el fado. ¿Quiénes la marcaron?
Amália Rodrigues, Carlos do Carmo, Lucília do Carmo y Alfredo Marceneiro. 

En sus conciertos suele referirse a su infancia. ¿Cómo la recuerda?
Tuve una infancia maravillosa. No éramos personas adineradas, y crecí en un barrio pobre pero muy feliz. Ahora los niños juegan dentro de casa, no en la calle, como antes. Por ejemplo, mi hijo, que tiene cuatro años, sólo quiere iPad. Procuro hacer que juegue con el Lego y otros juegos manuales, pero quiere la tableta. Es una mentalidad muy diferente. En mi infancia, recuerdo cantar por la calle. Lo añoro.

¿Qué suele hacer en su tiempo libre?
Ahora, con un hijo, no tengo tiempo para hacer nada. El tiempo es para él, que es quien manda. 

¿Cómo se cuida? Alguna rutina...
Debo admitir que soy poco previsora. Debería hacer gimnasia y tengo ejercicios preparados para empezar. Pero hay una rutina que me gusta y que estoy siguiendo; limpiarme la piel de la cara antes de acostarme. Y aplicarme una buena crema. Hago lo mismo por la mañana, al menos dos días a la semana. Porque la edad ya está aquí…

Una frase que le inspire…
“No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”.

¿Con quien compartiría una cena?
Con Barack Obama.

¿Qué le enoja?
Muchas cosas. Sobre todo, las personas maleducadas y este mundo, cada vez más egoísta y peligroso. Me da miedo para mi hijo pensar en este futuro.