Andrés Velencoso "Sus cambios de humor me descolocan"

Cumplidos los 36 años, Andrés Velencoso no acaba de hacerse a la idea de que los 40 le andan rondando. Algo que –podría suponerse– debería preocupar a quien está considerado uno de los hombres más atractivos del planeta. “No les tengo ningún miedo”, afirma. “No hay crisis ni temor a perder la belleza o la juventud. Eso se va, pero llegan otras cosas, otros atractivos. Tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres. Ellas quizá llevan más a rajatabla lo de cuidarse, frente al varón, que se apalanca con facilidad, pero quiero subrayar que hay muchos que entrenan, que les gusta el deporte y que espantan, a la edad que sea, el fantasma de la barriguita”.

Actor reciente –“siempre quise intentarlo y no acababa de decidirme por miedos y prejuicios”–, los personajes que ha interpretado hasta ahora –en la película Fin, o en la serie B&B al lado de Belén Rueda– sacan partido de su buena percha.

El modelo español más internacional nació en Tossa de Mar (Girona), rodeado de mujeres: “Mi madre, cinco tías, dos hermanas y un montón de primas. Mi universo original fue extraordinariamente femenino y eso hace que me entienda muy bien con ellas; que las comprenda con facilidad. Otra cosa es que nos pongamos de acuerdo en todo, claro”.

Para él, hombres y mujeres son tan diferentes que podrían provenir de distintas galaxias. “Pero eso no es algo negativo en absoluto. Para empezar, porque los estados físicos por los que atraviesan ellas en un solo mes, nosotros no los podemos ni imaginar, pero tampoco vemos el mundo igual; el varón es más determinado, busca su objetivo y se centra en él. Ellas tienen una visión más global del entorno. El hombre es ‘a corto plazo’; la mujer ‘a largo’”.

También ve diferencias a la hora de encarar las relaciones sentimentales, “pero mucho menores. Se centran en la forma de manifestar el amor. La mujer es más romántica y tiende a idealizarlo. Pero hay hombres que hacen lo mismo. Distingo más entre culturas. El amor no es igual para los italianos que para los japoneses, que ni se tocan en público”. Le encanta la sensualidad femenina, “que es algo en lo que nos llevan mucha ventaja. Al hombre le cuesta mostrarla. Incluso en el caso de los modelos masculinos es así”. Digiere peor, sin embargo, los cambios de tercio del otro género. “Esos cambios de humor, pasar de estar de maravilla a todo lo contrario, me descolocan y siempre me pregunto ¿qué ha pasado? y ¿por qué ahora?”.