Carles Francino "Si se enfrentan, se hacen más daño"

Actor, estrena el filme 'Pasaje al amanecer'

Rostro de raíz eminentemente televisiva gracias a su participación en series como Víctor Ros, Hospital Central o la reciente Sé quién eres, Carles Francino (Barcelona, 1980) disfruta estos días del estreno de Pasaje al amanecer, su primer papel cinematográfico relevante, en que se integra en la familia de un fotógrafo que marcha a cubrir la guerra de Irak, lo que trastoca la vida de todos y hace aflorar secretos y mentiras. “Y, además, pone en duda que las mujeres sean el pegamento de las familias, que es algo con lo que estoy de acuerdo y veo en mi entorno. En la película no es del todo así, pero eso es ficción”, se ríe.

“Los clichés de género funcionan mucho, sobre todo en las series, y la verdad es que todo lo que sirva para perpetuar el machismo o el feminismo mal entendido no es bueno”, añade. “Luego existen los contextos y los porqués de esos personajes conflictivos, pero pienso que, en general, hay que huir de esas cosas. Y si no, hay que darles una vuelta de tuerca”.

En ese sentido, su rol en Sé quién eres es “un estereotipo con patas: abogado, joven, atractivo, que se liga a la que se le ponga por delante, pero al final, se lleva un montón de palos”. “Eso hace veinte años no hubiera ocurrido. Se le hubiera presentado como un triunfador. En materia de género han cambiado las cosas y se hace un gran esfuerzo por plasmarlo como es”, apunta.

Aun así, considera que la mujer actual “no está en el lugar que le corresponde en lo laboral, pero no puedo decir que la vea más fuerte o más preparada. Es fuerte de por sí y está tan preparada como cualquiera. Es una compañera más. No sabría decir qué cosas que hacen ellas no podemos hacer nosotros, salvo concebir, y viceversa. Estoy en una profesión que comparto con ellas de igual a igual. Lo que es intolerable es la violencia. Ya está bien”.

Para él, no hay más diferencias que las biológicas, “y ni siquiera”. “Nacen niñas en cuerpos masculinos y chicos con cuerpo de mujer. Es una faena, pero tiene arreglo, y sus padres les apoyan y logran cambiar las cosas. Es estupendo que se nos rompan los esquemas en materia de géneros”, dice.

Le divierte “cuando se juntan a hablar de hombres y no dejan títere con cabeza; ahí dejo yo a los amigos con el fútbol y me siento con ellas a pasarlo en grande. En cambio, es tremendo si se enfrentan entre ellas. Van un poco más allá que nosotros; hacen más daño. Son muy competitivas en el trabajo. Estaba empezando cuando coincidí en una obra de teatro con tres mujeres excepcionales que no se llevaban bien, y la lucha era encarnizada”.