Paco Arango “Ken y Barbie pasaron a la historia”

Director de cine con fines solidarios

Nacido en México DF en 1966, miembro de una adinerada familia, explica que la curiosidad lo convirtió en cantante en los noventa y hoy se vuelca en el cine solidario. Fue candidato al Goya por su película Maktub, que tenía como protagonista a un adolescente enfermo de cáncer. Seguramente los diez mil niños en estas circunstancias con los que ha trabajado en su fundación, Aladina, destacarían ante todo su entrega. Su nuevo filme, Lo que de verdad importa, sobre un alocado joven que ignora que tiene en sus manos el poder de curar, aspira a mejorar la calidad de vida de más de un centenar de enfermos. A ello destinará los beneficios integros del filme, que se sumarán al millón trescientos mil euros con los que ya ha reformado la UCI del hospital Niño Jesús de Madrid.

“En realidad hago cine para conseguir dinero. En Estados Unidos las llaman ‘películas de sentirse bien’ porque brindan esperanza e inspiran una vida mejor. Ojalá tuviera una varita mágica para curar. Pero he podido ayudar y no sólo económicamente. Estoy orgulloso de haber acompañado a esos niños en su enfermedad. Mi vida cambió al crear la fundación”.

No ha tenido hijos, “aunque me siento un poco padre de estos chicos. Iba a casarme con treinta y pocos años, pero se me fue el matrimonio al garete un mes antes de la boda. Quizás si hubiese tenido familia propia no hubiese podido dedicarme al trabajo con los chavales enfermos. El mundo infantil, gracias a Dios, ya no es algo exclusivamente femenino, y eso viene muy bien a los niños y a los padres. Aquello era de un machismo imposible, y hoy es distinto. En eso, el mundo es mejor”. “Ahora los hombres ya lloran –subraya–. He visto más de un ejecutivo en el AVE emocionado viendo Maktub. En ese sentido, el cine ha sido estupendo para nosotros, nos ha abierto una puerta para expresar lo que la sociedad nos empujaba a guardar”.

Valora el cambio social en cuanto a la igualdad de géneros “e incluso la superación del hombre por la mujer en muchos ámbitos. Eso se refleja en las relaciones. Ken y Barbie pasaron a la historia. Veo muchas parejas que viven en igualdad el día a día”.

En el ámbito profesional admira “la incorporación de la mujer a puestos decisivos en grandes empresas. Con autoridad, pero con empatía, algo que a los hombres nos cuesta llevar al terreno laboral. La mujer es más coherente, ecuánime y sensible. Si vinieran los marcianos, se las llevarían a ellas, son más valiosas en muchas cosas”.

Eso sí, a la hora de la maternidad prefiere el rol que fisiológicamente le corresponde: “El de donante. Traer un hijo al mundo es de heroínas. Pero no me perdería ni un segundo del proceso, eso seguro”.