Sherry Turkle "Se implican menos en la educación digital"

Psicóloga, autora del ensayo 'En defensa de la conversación'

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Psicóloga y profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, esta neoyorquina de 69 años es la mayor experta mundial sobre interacción entre el ser humano y la tecnología. En su último ensayo, En defensa de la conversación (Ático de los Libros), analiza el coste que la conexión digital tiene en nuestra vida y hace un llamamiento brillantemente argumentado en favor de apagar las máquinas y activar las laringes. A su juicio, basta que dos personas coloquen sus móviles sobre la mesa para reducir la intimidad de los asuntos que discutirán y su empatía mutua.

Sus investigaciones la han llevado a detectar un entusiasmo parejo por la tecnología en hombres y mujeres, si bien se perpetúa la tradición de que ellos la emplean más para informarse y ellas se inclinan por la transmisión de sentimientos (de aquí su mayor presencia en redes sociales). Ahora bien, a los del sexo opuesto les pide más implicación en la educación infantil, ya que “las mujeres están mucho más sensibilizadas sobre lo que se pierde con el creciente embelesamiento por las pantallas. En general, prestan más atención al uso que los niños hacen de la tecnología porque pasan más tiempo con ellos y se interrogan acerca de los efectos de verlos priorizar una máquina a un amiguito. Los padres harían bien en sumarse a algo esencial que muchas madres ya aplican: la creación en el hogar de espacios sagrados, zonas libres de móviles –yo abogo por la cocina, el comedor, el dormitorio y, fuera de la casa, el vehículo– en las que se (re)aprenderá a conferir valor al otro y apreciar la soledad”.

Otro apartado al que todos deben prestar atención por igual es el de los riesgos de que nuestra identidad virtual acabe devorando a la real, por ejemplo, a través de la búsqueda online de pareja. “Se ha demostrado que existe un techo en el número de opciones que nos convienen. Regálale una caja de doce bombones a alguien y estará feliz. Pero dásela de más y empezarán los problemas. Antes de las redes sociales, de Match.com, Tinder y las apps, la gente tenía la sensación de que seleccionaba a sus parejas en un marco constreñido de elección. Hoy sienten que el abanico es infinito, lo que dificulta la elección y el compromiso. Los perfiles virtuales hacen que nos veamos como entes moldeables. Nos editamos y pulimos. Nos juzgarnos a nosotros y a las parejas potenciales desde esos estándares, que resultan imposibles”.