24/06/2007

Los recuerdos de un coche que marcó a varias generaciones

La época 600

Texto de Gabriel Pernau
Fotos de Ángel Bocalandro

Hace cincuenta años empezaron a circular por las carreteras españolas los primeros Seat 600, símbolo de una época que ha quedado con afecto en la memoria. Catorce personajes de la cultura, la moda, el deporte, el espectáculo, el sindicalismo y la política evocan en estas páginas su recuerdo del 600.

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El Seat 600 es la imagen de una época. Es el coche que motoriza a España, como antes lo habían hecho el Ford T en Estados Unidos o el Volkswagen "escarabajo " en Alemania. Con ese entrañable cochecito de formas redondeadas y patente italiana perderán la virginidad "sobre todo, automo vilística" miles de españoles de varias generaciones. El 600 se incorporó al mercado automovil ístico en un momento en que por una red viaria envejecida circulaba menos de un millón de vehículos, y desapareció de los concesionarios con los últimos estertores de la dictadura, cuando el parque móvil del país se acercaba a los seis millones de unidades. Entre 1957 y 1973 se vendieron 700.000 unidades. Cincuenta años después del inicio de su comercialización, los que tuvieron un 600 lo recuerdan con nostalgia. "Y con emoción "puntualiza el cocinero Juan Mari Arzak". Fue mi primer coche y lo recuerdo igual que la primera bicicleta, el primer tocadiscos o la primera novia.

Me lo vendió un tío al año y medio de abrir el restaurante. Era de color verde, estaba muy cuidado y funcionaba de maravilla. En aquellos tiempos tener coche era un lujo. Con el 600, se acabaron las bicis y las motos, con las que siempre que llovía te mojabas." Los primeros 600 salieron de fábrica a mediados de mayo de 1957, como lo acreditan unas fotografías publicadas en "La Vanguardia el 21 de mayo en las que aparecen cargados en un camión, ante la factoría Seat y en la entonces llamada plaza Calvo Sotelo. Cuando salió había ya 30.000 personas inscritas en lista de espera, aguardando, pacientes, a que les llegara el turno. Y tuvieron que esperar mucho, porque el primer año sólo se fabricaron 2.500, y 12.000 el siguiente. Claro que los había con enchufe. Miquel Poblet conocía bien las carreteras de España, Francia e Italia, de recorrerlas en bicicleta. Durante los años cincuenta, ganó veinte etapas del Giro, tres del Tour y tres más de la Vuelta. Era uno de los escasos héroes del deporte español con proyección internacional, de modo que, en 1959, paseando por la Feria de Muestras de Barcelona, se enamoró de uno de los Fiat 600 italianos que se exponían al público ""descapotable, rojo, con los flancos de los neum áticos de color blanco, una monada"" y no tuvo dificultad alguna para conseguirlo. "Los Fiat 600 estaban muy bien hechos; no tenían la tendencia a calentarse de la versi ón española", rememora el ex ciclista. En 1962, Poblet conseguió un 600 por la gorra, o más bien habría que decir por el golpe de pedal, puesto que ése era el premio que correspondía al vencedor en los Seis Días ciclistas de Madrid. Joan Llorens Carrió presidió Seat entre 1993 y 1997, mucho después de haber conducido un 600. "En 1959 trabajaba en la fábrica Pegaso y por el hecho de estar en el INI (el omnipresente Instituto Nacional de Industria del franquismo) tenía cierta prioridad. Al poco de terminar la carrera me lo adjudicaron, porque un 600 no se compraba; te lo adjudicaban. Lo tuve en, nada, seis meses, así que me vendí el Biscúter y le hice unas cuantas modiÞ caciones, como ponerle un frontal parecido al del Jaguar E.
 
Sin saberlo, me convertí en un pionero del tuning, ¡ja, ja, ja! Y yo estaba... ¡Como si tuviera un Rolls!", rememora Llorens. Llorens no olvidará nunca la matrícula de su primer coche de verdad: B-212037. Al igual que Charly Rexach. "¡Y tanto! B-512614. Compré el 600 la temporada 1964-1965, la de mi debut en el primer equipo del Barça. Acababa de cumplir 18 años. Tuve ese coche por lo menos diez años, y después lo usó media familia, hasta que quedó inservible. Le tengo un cariño especial, y la prueba es que recuerdo la matr ícula del 600, pero no las de los más de 20 coches que tuve después. Al 600 lo cuidaba como si fuera una muñeca: siempre estaba limpio y reluciente." La fábrica de Seat en la Zona Franca de Barcelona funcionaba a pleno rendimiento. De sus cadenas de montaje salían cada año miles de unidades, incapaces, de todos modos, de satisfacer la creciente demanda de una clientela ansiosa por sentarse en un vehículo con cuatro ruedas y un motor. Y eso que el 600 costaba una cantidadconsiderable, 65.000 pesetas, cuando el sueldo medio de un trabajador oscilaba entre las 8.000 y las 10.000. Por ese precio, el comprador adquiría un vehículo de 3,3 metros de largo y equipado con un motor de 25 caballos y se convertía, nada más llegar a casa, en la envidia de sus vecinos. Tener un seiscientos era señal inequívoca de que se había alcanzado un estatus. Y, ciertamente, era mucho lo que un coche tan escueto ofrecía. Permitía hacer cosas que hasta ese momento estaban reservadas a los ricos, como irse de vacaciones, huir de la ciudad los Þ nes de semana o salir de Þ esta con los amigos. Porque un 600 era algo más que un coche. Era casi una promesa de libertad.

El 600 medía 3,3 metros, llevaba un motor de 25 CV y un interior muy austero. Aun así, tuvo versiones de cuatro puertas y descapotables. En los viajes era casi obligado cargar las maletas en la baca.

El dibujante Ibáñez nunca tuvo un 600, pero lo dibujó infi nidad de veces, porque era uno de los preferidos de Mortadelo y Filemón.

Bueno, capacidad no es que tuviera mucha, pero a la vista de las familias numerosas que llegó a cobijar, más bien habría que hablar de las temeridades que cometían sus propietarios. Lucía Etxebarria cuenta que en el 600 de su madre llegaron a meterse siete personas y un perro y que parte de la culpa de que no conduzca "de hecho, se está sacando el carnet de conducir" hay que atribuirla a un accidente. "Nos pegamos contra otro coche, pero el nuestro sobrevivió, y mi madre continuó usándolo muchos años más." Pasados los años, las familias convenían que el 600 se había quedado pequeño, de modo que tiraban la casa por la ventana y se condenaban a seguir pagando letras, con más ceros o por más años. El Seat no quedaba arrinconado, de todas formas. A menudo se convertía en el coche de la señora, el utilitario que llevaba al hijo a la universidad o era objeto de tropelías adolescentes. Las de Andreu Buenafuente, por ejemplo. El primer volante al que se aferraron sus inquietas y juveniles manos fue el de un 600. En ese coche, su madre llevaba al bueno de Andreu al colegio.

Eso sí, cuando ella no estaba, el chico se daba un garbeo con el coche. "Solía coger las llaves y conducir aquel coche por unos campos próximos a mi casa en Reus "relata Buenafuente". Curiosamente, cuando me saqué el carnet, nunca más volví a conducirlo. Me compré mi propio vehículo, y el 600 (¡qué triste!), se quedó varado en la calle, hasta que el Ayuntamiento lo retiró y pasó a peor vida." Pieza de coleccionista El secretario general de la UGT, Cándido Méndez, condujo el último 600 que se puso a la venta en la provincia de Jaén, en octubre de 1973. Su padre lo compró dos días antes de que el joven Cándido se fuera a la mili, y muchos meses más tarde, al volver, sucedió lo que solía ocurrir con tantos y tantos utilitarios, que él lo heredó. Después del 600, Seat fabricó otros modelos, más grandes y sofisticados, desembarcaron en España otras marcas, pero ningún otro coche pudo destronarlo en el corazón de miles de conductores del espacio de privilegio que se reserva a un primer amor. "Sólo un primer amor" No para todos. Porque el seiscientos se ha convertido, cincuenta años después, en una valorada pieza de coleccionista. A Juan Carlos Aparicio, ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y recién reelegido alcalde de Burgos, un 600 se le cruzó en el camino de forma casual en 1994, cuando su madre compró una plaza de parking que llevaba incorporada un utilitario de regalo. Aparicio le tomó cariño. Lo restauró y desde entonces lo lleva a las concentraciones de aÞ cionados. Incluso siendo ministro sacaba a rodar su humilde utilitario, con la preceptiva escolta detrás. Ya pueden imaginar la escena: un potente vehículo, con cristales ahumados, siguiendo el moderado ritmo del 600 del señor ministro. Y dentro, los guardaespaldas, con gafas negras y trajes oscuros, aguantando los improperios de los conductores que les adelantaban, que no entendían por qué un vehículo de su categor ía iba pegado, a 80 por hora, a un simple pero fundamental Seat 600.

José Luis López Ferviño, 54 años

Seat 800, 1965 Presidente del Club Amigos del 600, posa con un 800, que es un 600 pero con cuatro puertas, del que quedan pocas unidades. El coche ha participado en la serie “Cuéntame”.
Están impecables, algunos restaurados, otros sólo muy cuidados, y ruedan cariñosamente, porque sus propietarios confi esan pasión por ellos. Aseguran que a veces les paran sólo para verlos de cerca.

SOCIEDAD El Seat 600 es su pasión. Se pasan el día limpiándolo o buscando piezas de recambio para él. Por la noche, al salir del trabajo, hurgan durante horas en el motor con las manos grasientas o sacan brillo a una carrocería por la que no parecen haber pasado los años. Se gastan una pequeña fortuna cada año para mantener vivo este icono de la automoción. Son los locos del seiscientos. "Para mí el 600 lo es todo. Más que mi mujer, en serio, y ella lo sabe. Me divierto con él, vivo pendiente de él. Soy socio fundador del Club 600 de Madrid, y cada martes nos reunimos unos cuantos aÞ cionados para hablar de recambios y organizar las salidas que hacemos cada primer domingo de mes", dice José Luis López Ferviño (54 años). Lo que le pasa a López Ferviño puede que sea una exageración, pero la realidad es que la mayoría de los propietarios de coches de época "y no sólo de época" atribuye a su máquina cualidades humanas a las que el vehículo sólo puede corresponder de una forma: rodar sin dar problemas durante muchos y muchos años. Félix Hidalgo (48 años) cuenta que se enamoró del 600 siendo adolescente, cuando vendía recambios Seat en el negocio familiar. "Hoy es uno más de la familia. Le tengo mucho cariño, porque me ha dado alegrías y muy pocas tristezas. Se ha portado muy bien en los diez o doce años que hace que lo tengo."

Luis Delestal (59 años) no se cansa de tener el mismo coche, y eso que ha tenido una veintena. "En la actualidad tengo" deja que eche cuentas: tres, cuatro... cinco seiscientos ", concluye, cifra que en breve podría ver ampliada. Resulta que el hombre tiene un taller y está terminando de repintar una Vespa antigua. Delestal se ha enterado de que el propietario del scooter tiene un 600 abandonado en un garaje, y ya le ha propuesto un trueque: le hace el trabajo gratis a cambio de su reliquia. Para Delestal, el 600 es "el coche fantástico. A las nueve de la noche, cuando cierroel taller, es una ilusión conducir un 600 hasta casa, y siempre que tengo un rato libre, estoy con mi pequeña flota. Ahora quiero ponerle tapicería de cuero a uno. El día que me muera, no sé, a lo mejor los ceder é a la Comunidad de Madrid. A mis hijos, no. Los muy cabritos no han heredado mi aÞ ción, ¡ja, ja, ja!, aunque en parte me alegro". Los propietarios de seiscientos reconocen que en su aÞ ción tiene un peso importante la nostalgia. "El hecho de tener un 600 marca bastante. Fue todo un símbolo. Consiguió que las familias pudieran ir a todas partes. Y además es un coche sencillo, fácil de manejar y simpático a más no poder ", asegura Javier de Mingo (41 años). Y nostalgia, también, sienten, en pleno siglo XXI, muchos ciudadanos que ven pasar alguna de estas unidades restauradas por pueblos y ciudades de España. Sus propietarios explican que en las rotondas los otros conductores les ceden el paso sólo para contemplarlos, que cuando aparcan en la calle se forma un corro a su alrededor, que les saludan a toque de claxon... "A mí incluso me han aplaudido desde un Mercedes "confiesa Delestal", aunque yo no quer ía mirar, de la vergüenza que me daba."

La pasión por el Seat 600 no es exclusiva de quienes, hace ya unos cuantos lustros, los vieron circular de forma masiva. Francisco López Bastante (28 años) nació seis años después de que cesara su producción. López se declara un gran aÞ cionado a los coches, y reconoce que, en 1999, compró su pequeño utilitario por casualidad. Hoy, en cambio, es consciente de que conduce un coche que "movilizó a un país entero". Su automóvil, sin embargo, tiene poco que ver con el original. "Le he hecho de todo: le he puesto aletas anchas, frenos de disco, moqueta, asientos deportivos, le he bajado la suspensión, lo he insonorizado y le he montado un motor Abarth de 70 caballos (más del triple que el original), así que ahora el coche supera los 150. La verdad es que anda demasiado. A esa velocidad ya se te ponen los pelos de punta."

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de: Alberto Garcia | 14/02/2009
PROXIMA IV CONCENTRACION SEAT 600 REGION DE MURCIA. RECORD GUINNESS. Nos gustaría llamar la atención sobre este acontecimiento, que va a tener lugar el próximo mes de marzo, los días 28 y 29. Para tal efecto se ha habilitado una web específica, que contiene toda la información necesaria, carta del Presidente, hoja de inscripcion, hoteles con precios especiales, programa de actos, etc... http://macabidelevantar.googlepages.com/ivconcentracionregiondemurcia esperamos vuestra colaboración a tan magno evento. Un saludo y hasta siempre
de: JOSE MANUEL AGUILAR GODINO | 12/06/2008
Mi afición por este clásico me llevó a crear un club en mi ciudad junto con otros amantes del seilla, y tratamos de que este pequeño automóvil no caiga en el olvido, pues nuestro país le debe más de lo que nos podemos imaginar. Tenemos un foro, si lo quereis visitar (Club 600 Badalona foro).

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