01/07/2007
Españoles en la frontera del odio
Texto de Patricia Simón
Fotos de Javier Bauluz
Un año después de la guerra entre Israel y Hizbulah, mil cien soldados españoles continúan desarrollando una misión de paz en territorio libanés que abarca desde el control de la frontera hasta la desactivación de explosivos

El sargento primero Francisco Alcón retira una bomba de artillería cerca de la “línea azul”, actual frontera entre Líbano e Israel, que en algunas zonas es un muro
El convoy de tanquetas blancas avanza por una carretera paralela a la "línea azul", frontera marcada por la ONU en el 2000, tras 22 años de ocupación israelí. A la izquierda, una valla electrificada delimita el Estado de Israel, que se identifica inmediatamente por las coquetas casas de un kibutz y por sus verdes cultivos de regadío. A la derecha, el gris se extiende por los escombros de lo que hace sólo un año eran hogares, y se pierde entre las innumerables colinas que conforman el paisaje del sur libanés. El equipo español de desactivación de explosivos pasa ante la Puerta de Fátima, acceso fronterizo cerrado a cal y canto, y junto al que se disponen, a escasos metros entre sí, puestos militares de los países enfrentados. Estamos en la tensa frontera que separa el odio entre dos pueblos.

Un blindado español recorre una zona en ruinas causada por la última guerra entre el ejército israelí y los milicianos de Hizbulah
Es la época de la recogida de la aceituna, y los soldados caminan entre mujeres y hombres que zarandean los olivos, en una estampa que recuerda a los campos del sur español. Mientras los niños juegan con la tierra, una de las mujeres guía a los militares españoles hasta un objeto a medio enterrar. Con toda la cautela, el capitán José Manuel Pérez, de los tedax de la Legión, procede a su reconocimiento. “Es un juguete”, dice con una sonrisa contenida. Sin embargo, la precaución merece su agradecimiento. Hace unos días, llegaron a retirar 93 bombas de racimo en un kilómetro cuadrado.

El teniente Lobo y el sargento Barroso señalan en un mapa la zona en la que se han desactivado bombas
El ejército israelí arrojó más de un millón de bombas de racimo. Se estima que el veinte por ciento de ellas no explota en el momento de ser lanzadas. Por su pequeño tamaño y llamativos colores, suelen ser confundidas con juguetes por sus principales víctimas, los niños. El contingente español ha desactivado más de dos mil municiones. “Es una labor de años”, nos explica el capitán Pérez. Hasta ahora, han provocado la muerte de una treintena de personas y más de 150 heridos.
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