05/08/2007

Cuando se rompe el amor

Texto de Isabel S. Larraburu
Ilustraciones de Mariona Cabassa

La ruptura de las relaciones amorosas es uno de los signos de nuestros tiempos. ¿Se puede adivinar cuándo una pareja camina hacia la separación? ¿Es posible evitarlo a tiempo si se detectan los síntomas? Los psicólogos aportan pautas para comprender el fracaso

Que los tiempos han cambiado y que no hay amor para la eternidad lo sabemos ya casi todos. Sabemos igualmente que la duración de la convivencia de una pareja no es necesariamente equivalente a la duración de su amor. Muchas veces el amor ha muerto y la pareja sigue arrastrando su cadáver. Pero eso pasa cada vez menos. Ahora estamos más acostumbrados a vivir una sucesión de relaciones amorosas que se frustran tarde o temprano. Y observamos asimismo como espectadores el amanecer y el ocaso de las parejas de nuestros amigos, parientes, padres… en repetidas ocasiones. Nunca se agotan las disquisiciones sobre el amor y sus volteretas. Todos teorizamos y especulamos con la autoridad que nos otorga la experiencia sin que jamás lleguemos a conclusión alguna.

Los psicólogos, en nuestras consultas, damos consuelo más que nunca a los damnificados del desamor: rechazados, abandonados, traicionados, olvidados, engañados… y, también, como no, a aquellos que abandonan, traicionan, olvidan, engañan y rechazan, porque ellos tampoco pueden, a fuer de ser sinceros, considerarse realmente los triunfadores.

El sentimiento de fracaso en los proyectos amorosos salpica a los dos componentes de la pareja que se deshace. Todos pierden en cierta medida, todos soñaron algún día con un amor que crecería o, al menos, se mantendría. Tienen que admitir, al final, que no pudieron con la empresa, aunque se inventen su propia historia para hacerla más digerible. La conclusión final presenta más preguntas que respuestas: "¿Es posible el amor en pareja?", "¿cómo hacer que esta nueva pareja sea mejor que la anterior?" "¿cómo lograr que la nueva relación funcione?" "¿cómo evitar cometer los mismos errores?". Los psicólogos no tenemos la respuesta. Sólo nos acercamos de modo tentativo al fenómeno para tratar de entender las obras del amor y del desamor.

Si pudiéramos saber con mayor exactitud cuándo empieza el declive en una relación, si tuviéramos un "amorímetro" de alta tecnología que nos advirtiera cuando una pareja comienza a deteriorarse, ¿tal vez nos iría mejor? Pues existen muchas posibilidades de que no llegáramos a reconocerlo. A lo mejor acabaríamos lanzando el "amorímetro" por la ventana. Así somos los humanos.

Los cambios de pareja se hacen cada vez con más frecuencia. La realidad social de nuestro entorno nos muestra que los procedimientos ensayo-error son los más utilizados. Si a esto añadimos que los compromisos son cada vez más endebles a causa del temor a equivocarse, no es extraño que lleguemos a ser expertos en construcción y derribo de proyectos amorosos. Pero no dramaticemos, la publicidad en la televisión nos dice que no hay más que ir a una popular tienda de muebles y "redecorar la vida".

Cuando una relación inicia su decadencia, es habitual que se elaboren teorías que den sentido a los conflictos. Muchas veces ninguno de los dos comprende bien qué es lo que se hizo mal. Es como si la dinámica de la relación tomara vida propia, sin que las partes puedan impedir su inexorable pendiente. Es en esos momentos que se suelen confeccionar las versiones particulares sobre lo que sucedió. Es posible que la persona necesite una panorámica autocomplaciente para superar la ruptura y seguir adelante, apuntando al otro como único responsable.

El tiempo deteriora la relación, luego se pierde la intimidad y, finalmente, el compromiso.

Las versiones sobre "lo que sucedió" suelen ser excesivamente simplistas, pero ayudan a conseguir poner un punto final y poder mirar hacia delante. El error que se comete en esa situación, en términos psicológicos, se denomina "error fundamental de atribución". Consiste en la tendencia a considerar el comportamiento propio como situacional (dependiente de los acontecimientos del entorno), y el comportamiento ajeno como disposicional (dependiente de la forma de ser). En concreto, cuando hacemos algo negativo para los demás o incluso para nosotros mismos, nos justificamos diciendo que nos hemos visto presionados por algo externo, que no había otra alternativa, o que la situación nos ha obligado a tomar una decisión precipitada. En cambio, al juzgar los actos del otro pensamos que están motivados por su manera de ser.

Cuánto mejor se comprenda la relación que se rompió, mejor se entenderá la persona a sí misma y la forma como se relaciona emocionalmente con los demás. Si no se llega a entender bien una ruptura, es posible incurrir en los mismos errores en futuras relaciones. Por eso sería de lo más recomendable ser muy ecuánime y preciso en la comprensión de la relación para poder aprender de ella. Es la mejor manera de dar por concluida la historia.

Algunas parejas se deterioran progresivamente con el paso del tiempo. Van perdiendo pasión, luego la intimidad y, finalmente, el compromiso. La socióloga Diane Vaughan escribió un libro llamado "Uncoupling", dónde describe el proceso de desemparejarse paso por paso. Afirma que el final empieza con un secreto de uno de los dos. Los siguientes son los pasos más comunes hasta la separación:

Crónica de la pendiente final
En algún momento de la relación, uno de los dos se va sintiendo incómodo. Puede ser antes de formar la pareja o al cabo de unos años. La quiebra del compromiso suele empezar unilateralmente y sin despertar sospechas, ya que el insatisfecho no suele decir nada. Y no dice nada porque quiere estar completamente seguro de lo que le está pasando.

Seguidamente, va creando su mundo privado para reflexionar sobre lo que le pasa, pero no comparte su preocupación, por lo que la intimidad y la comunicación con el otro se interrumpen. Este bloqueo de la intimidad es el que conduce progresivamente a la ruptura.

Al cortar la comunicación, retiene información que podría ser importante para la pareja. El secretismo le permite meditar, desarrollar planes y tomar una decisión sobre lo que debe hacer. El compañero, al no tener idea de esa insatisfacción, no puede hacer nada para resolver la situación.

El insatisfecho, al que Vaughan denomina el "iniciador," canaliza entonces su malestar hacia la pareja. Al no manifestar directamente y con precisión la fuente de su insatisfacción, no se realiza un encuentro entre ellos para definir el problema, sino que el iniciador expresa su malestar de forma sutil e indirecta de modo que el otro no acaba de enterarse del malestar del insatisfecho.

Vaughan señala que estos intentos sutiles tienen la finalidad de comunicar de una manera vaga la infelicidad al otro con la idea de salvar la relación. Pero no se consigue ese objetivo porque la pareja no percibe la magnitud real del descontento.

El iniciador empieza entonces a buscar fuentes de satisfacción alternativas (actividades fuera de casa, nuevos amigos o una aventura amorosa). La pareja puede ahora empezar a preguntarse qué está ocurriendo y por qué. Puede atribuir los cambios a la crisis de los cuarenta o al estrés del trabajo. Pero aún no reconoce que la verdadera causa de malestar es la propia relación.

El iniciador crea una vida social independiente, dedicándole una cantidad cada vez mayor de tiempo y de energía. Por descontado, la pareja está excluida.

Con la presencia de nuevos amigos o una relación, sea sexual o no, el iniciador disipa sus sentimientos de frustración, a la vez que ensancha la brecha con su pareja.

Con el distanciamiento, se produce el fenómeno llamado del "ángel caído", y el insatisfecho focaliza ahora en los aspectos desfavorables del compañero. Vuelve a escribir la historia de la relación bajo una luz negativa describiéndose como víctima de ese hecho. Reescribe de este modo el relato del pasado para adaptarlo a su situación presente.

Su creciente frustración se va haciendo más evidente para todos y ahora intenta convencer al compañero de que todo va muy mal y de que no vale la pena esforzarse para arreglar nada. Expresa abiertamente su insatisfacción no sólo a la pareja, sino a los amigos íntimos. Selecciona preferentemente a los amigos que están dispuestos a apoyar sus intenciones.

El iniciador puede haber encontrado una "persona de transición" para ayudarle y estar a su lado en los momentos difíciles. Puede ser un amante o un amigo. A veces puede haber más de una persona, por ejemplo el terapeuta y el amante. Cada miembro de la pareja busca su grupo de apoyo.

En este momento la pareja vive en el mismo techo, pero se ha distanciado sustancialmente. El iniciador asegura que ha hecho repetidos esfuerzos para advertir a la pareja, mientras que ésta solo es vagamente consciente del problema. Los dos explican la misma historia de modo diferente.

El iniciador, que sabe que quiere terminar la relación, manifiesta públicamente su insatisfacción, mientras el otro piensa que el problema está en el iniciador y no en la relación. Para eso, le pide que consulte a un profesional o que busque ayuda. Con la terapia, el iniciador se puede sentir apoyado, y la situación se define en términos satisfactorios para él y no para la pareja.

Los enfrentamientos ahora son directos, ya que el iniciador está más seguro, y su problema es cómo llevar a la práctica la separación. Puede abrir una cuenta corriente secreta, o consultar a un abogado u ocultar su patrimonio a la pareja.

En este momento, el iniciador ya da por terminada la relación, mientras la pareja empieza a darse cuenta de que algo no marcha bien. Para no responsabilizarse de toda la carga del conflicto, el iniciador puede acusar a la pareja de un comportamiento "inaceptable". La pareja pasa a desempeñar el papel de detective con el fin de averiguar lo que hay detrás del problema, buscando pruebas de la conducta del iniciador, posesiones o preguntando a otras personas.

Para el iniciador, éste ya es un punto de no retorno. Mientras la pareja intenta cambiar de actitud y mejorar las cosas, el insatisfecho ya elabora su plan de escape.

Al final, el equilibrio de poder en la relación se ha roto y el iniciador ostenta un poder mucho mayor que el de su pareja, ya que la continuidad o la ruptura del compromiso depende exclusivamente de él.

Aunque el sufrimiento de ambos puede ser equivalente, para el iniciador éste se ha dilatado en el tiempo, mientras que para el rechazado todo es muy reciente y puede estar desesperado.

Ambos deben hacer nuevos amigos y conservar algunas de las viejas amistades de la pareja, con lo que se puede desencadenar una competencia en la que cada uno intenta ganar adeptos. Así y todo, muchos amigos de la pareja se sienten incapaces de elegir y se pierden.

Por fin, el miembro rechazado tiene que redefinir la relación, descubrir las causas de las grietas que llevaron a la separación. Según la socióloga, redefinir la relación como negativa es importante para su bienestar y para dejarla atrás.

Por último, para que ocurra una reconciliación, la pareja no puede retornar a la situación anterior, sino que debería situarse en una transición hacia algo diferente.

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de: Carmen | 30/08/2007
Es increíble, pero este artículo describe mi situación. Lo que más me molesta es que él es el que tiene el poder de decidir si la relación continúa, ya que es él quien no tiene las cosas claras, pero soy yo la que ha tenido que acabar en el psicólogo. Dicen que lo que no mata te hace más fuerte, y día a día me siento con más ánimo de enfrentarme a mi futuro sola.
de: Virginia Valenzuela | 20/08/2007
Me parecen muy interesante los artículos que he leído. Bueno, yo ahora estoy pasando por una ruptura, hace aproximadamente un mes, después de siete años de dedicarme por entero a una relación en la que siempre he tenido la impresión que yo llevaba la relación. Acepté que mi pareja trajera a su hija de cinco años a vivir con nosotros, ya que su madre no quería tenerla, y nosotros sólo llevábamos como pareja un año. Traté de ser una madre para Catalina y una esposa para Sergio, pero siempre me sentí como la tonta útil, y él sólo se dedicaba a salir con sus amigos. Asistimos a terapias para arreglar la relación, pero todo fue inútil.
de: eva | 15/08/2007
Hola: Léelo: "Cronica de la pendiente final". Creo que te puede interesar... todo en esta vida tiene explicación...
de: tere | 14/08/2007
Y yo tengo una pregunta... ¿qué hacer cuando una siente que está entrando en este proceso? ¿es posible detenerlo?. Gracias por el artículo, ojalá me puedan responder.

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