18/04/2010
Las reglas del juego
Texto de Marta Ricart
Fotos de Ana Jiménez
¿Educar está en crisis? Abunda una falta de autoridad y de disciplina en la familia, en la escuela y, como reflejo, en la sociedad. El Magazine ahondará durante dos semanas en las razones de esta situación y en sus soluciones a través de las pautas educativas y las dificultades que explican familias diversas, así como del análisis de psicólogos, sociólogos o pedagogos.

Los pequeños Samuel y Cayetano juegan bajo la mirada de su madre, Betsabé Alonso de Linaje, en su casa de Valladolid
“Tengo una hija de 11 años y la disciplina nos está costando lágrimas. No hace caso, siempre está contestando”, cuenta Ana, una madre. Un chaval de 10 años corre por la calle detrás de dos compañeras: “¡Que me esperéis, zorras!”. Carme llamó “hijaputa” a su madre porque le apagó el ordenador. “Conozco a padres que deben cortar el suministro eléctrico de casa para asegurarse de que sus hijos se acuestan y no están con internet, la consola o la tele en su habitación”, explica un psicólogo.
Hay alumnos que se quedan en la cama y pasan de ir a clase; otros, cuando el profesor les pregunta, contestan: “Muérete”. Los docentes españoles aseguran que deben dedicar el 16% de su tiempo en el aula a poner orden (según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).
Sin llegar a casos extremos como los que presentan las supernannies y los realities televisivos, ni a conductas delictivas –algunos especialistas dicen que muchas se larvan en estos comportamientos preocupantes de la niñez–, abundan los signos de indisciplina, de rebeldía de los niños y los adolescentes hacia los padres, enseñantes o cualquier autoridad.
Psicólogos, sociólogos y pedagogos sostienen que existe una crisis social de autoridad y un cambio de valores, como la decadencia del respeto, que explican que pautas de organización social antes válidas ya no funcionen. Consideran que esto es el trasfondo de muchos de los conflictos con los niños y los adolescentes. La situación se ha analizado, sobre todo, en la escuela -por sus graves efectos, como el elevado fracaso escolar–.
Pero se traduciría también en efectos sociales como que haya jóvenes que humillen a conocidos y extraños, lo graben en el teléfono móvil y lo cuelguen en internet, o que se cuelen en el metro, por citar dos conductas antisociales. De todo ello se suele culpar, muy a menudo, a las familias.
“El mayor problema no está en los colegios, que mantenemos unas normas, unos más flexibles que otros, pero intentamos inculcar modales y valores, aparte de conocimientos; lo que ocurre es que solos no podemos porque hay falta de autoridad en las familias”, asegura Ramon Reche, director del colegio público de primaria San José de Calasanz de Olvera (Cádiz). Es una opinión extendida en el ámbito educativo. “Vemos cosas que no son lógicas –se lamenta–: un padre viene a discutir con el profesor porque le ha puesto un notable al hijo en lugar de un sobresaliente.
Deben dar mayor margen de confianza a los docentes en los asuntos de la escuela y, en cambio, tutelar más a los hijos en casa. Porque viene una madre diciendo que el niño ha llorado en casa y no sabe por qué; o vemos con muchos niños que en casa no se marcan horarios, ni rutinas, ni límites, ni se les obliga a que hagan las cosas. Así es difícil que se adapten a las pautas escolares. Son cuestiones que repito una y otra vez en los cursos para padres que hacemos.”
¿Tan mal lo hacen las familias? ¿Qué criterios educativos siguen? Las historias, las dificultades, las medidas que aplican familias diversas, contactadas a través del portal educativo de internet Solohijos.com y de asociaciones de padres de alumnos (de centros públicos así como de la Fundació Escola Cristiana de Catalunya), permiten esbozar a grandes trazos cómo se educa en las familias españolas.
Hay alumnos que se quedan en la cama y pasan de ir a clase; otros, cuando el profesor les pregunta, contestan: “Muérete”. Los docentes españoles aseguran que deben dedicar el 16% de su tiempo en el aula a poner orden (según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).
Sin llegar a casos extremos como los que presentan las supernannies y los realities televisivos, ni a conductas delictivas –algunos especialistas dicen que muchas se larvan en estos comportamientos preocupantes de la niñez–, abundan los signos de indisciplina, de rebeldía de los niños y los adolescentes hacia los padres, enseñantes o cualquier autoridad.
Psicólogos, sociólogos y pedagogos sostienen que existe una crisis social de autoridad y un cambio de valores, como la decadencia del respeto, que explican que pautas de organización social antes válidas ya no funcionen. Consideran que esto es el trasfondo de muchos de los conflictos con los niños y los adolescentes. La situación se ha analizado, sobre todo, en la escuela -por sus graves efectos, como el elevado fracaso escolar–.
Pero se traduciría también en efectos sociales como que haya jóvenes que humillen a conocidos y extraños, lo graben en el teléfono móvil y lo cuelguen en internet, o que se cuelen en el metro, por citar dos conductas antisociales. De todo ello se suele culpar, muy a menudo, a las familias.
“El mayor problema no está en los colegios, que mantenemos unas normas, unos más flexibles que otros, pero intentamos inculcar modales y valores, aparte de conocimientos; lo que ocurre es que solos no podemos porque hay falta de autoridad en las familias”, asegura Ramon Reche, director del colegio público de primaria San José de Calasanz de Olvera (Cádiz). Es una opinión extendida en el ámbito educativo. “Vemos cosas que no son lógicas –se lamenta–: un padre viene a discutir con el profesor porque le ha puesto un notable al hijo en lugar de un sobresaliente.
Deben dar mayor margen de confianza a los docentes en los asuntos de la escuela y, en cambio, tutelar más a los hijos en casa. Porque viene una madre diciendo que el niño ha llorado en casa y no sabe por qué; o vemos con muchos niños que en casa no se marcan horarios, ni rutinas, ni límites, ni se les obliga a que hagan las cosas. Así es difícil que se adapten a las pautas escolares. Son cuestiones que repito una y otra vez en los cursos para padres que hacemos.”
¿Tan mal lo hacen las familias? ¿Qué criterios educativos siguen? Las historias, las dificultades, las medidas que aplican familias diversas, contactadas a través del portal educativo de internet Solohijos.com y de asociaciones de padres de alumnos (de centros públicos así como de la Fundació Escola Cristiana de Catalunya), permiten esbozar a grandes trazos cómo se educa en las familias españolas.
de: Marc Agramunt Maya | 21/04/2010
“Un niño de cuatro años –coincide Royo– explicaba que su padre no quería comprarle un juguete alegando que era caro. ‘Pero él tiene un 4x4 que dice que le costó mucho dinero.’...". Tenemos que pedir coherencia a los padres y a la sociedad con los padres. ¿Quien es el responsable final? ¿Los padres, por comportarse como se comportan, o la sociedad por ser como es e inducir a los padres a comportarse de esta forma? Y, ¿por qué pedir una juventud con más valores, si al final, la sociedad con la que se van a encontrar tampoco los mima? ¿Cuáles son los valores de nuestra sociedad? ¿Queda alguno?










