09/12/2007

Viaje al Futuro V

En el centro de la red

Texto de David Dusster
Fotos de Xavier Cervera
Internet será una infraestructura invisible sobre la que se construya cualquier cosa en cualquier lugar del mundo, auguran los investigadores de las principales empresas que habitan en la región del silicio.Información instantánea personalizada, ordenadores que no calculen sino que procesen, miles de cerebros están allí pensando el futuro global

Trabajadores de Linden Lab, la empresa que ha creado el mundo virtual Second Life, comen en un espacio común. Linden Lab ha convertido antiguas fábricas en lofts para oficinas en una zona revitalizada de San Francisco.

Conflictos en second life
“Second Life no es para jugar, sino que puede ser muchas cosas más. Por ejemplo, una empresa puede comprar una isla (un terreno), y que sus empleados accedan con una clave secreta y mantener una reunión con ejecutivos en varios centros del mundo, como si fuera una videoconferencia pero mucho más barato”, valora Chris Collins, analista adjunto al presidente ejecutivo de Linden Lab. Si se extendieran sobre un mapa las 224.000 zonas o agrupaciones de islas compradas en Second Life, la superficie sería similar a la ciudad de Berlín. Cada isla cuesta 1.675 dólares de entrada y un alquiler mensual de otros 295 dólares. Las transacciones, sin embargo, se efectúan en dólares linden, dinero virtual que se compra a un cambio de 270 linden por un dólar estadounidense. El mundo virtual puede dar dinero real y ya han aparecido los primeros empresarios afortunados en Second Life. “No existen reglas ni proponemos contenidos, sino que ponemos una plataforma y cada usuario hace lo que quiere. Si compro una isla y me construyo una casa con vistas y luego viene otro y levanta una casa que tapa mis vistas, ese conflicto lo tienen que arreglar los implicados”, comenta Ginsu Yoon.
El cantante Bono ha dado un concierto, la serie CSI ha emitido un capítulo y algunas universidades empiezan a dar clases en el mundo virtual. Pero la polémica también ha llegado a Second Life. La falta de regulaciones, la quiebra de un banco, la primera crisis cambiaria y la retirada de algunos anunciantes han amortiguado el éxito del universo alternativo. Algunos críticos afirman que Second Life está desierto y que los residentes sólo persiguen sexo cibernético o hacer dinero. Chris Collins asegura que el promedio de uso de cada residente es de 26 horas semanales, y admite que sólo unos 50.000 navegan de forma simultánea y que un 50% de los que entran no repite. Sobre los límites de los mundos virtuales, Ginsu Yoon es tajante: “Somos creadores de tecnología, no filósofos, y no podemos predecir el futuro, pero los únicos límites son la capacidad de los servidores y el hecho de que hay ya 1.000 millones de usuarios de internet, y ninguna empresa puede manejar a tanta audiencia a la vez”. Nadie puede predecir el futuro de Second Life, pero los mundos virtuales están siendo vigilados de cerca, y empresas como Intel, el coloso de la fabricación de chips, tienen un departamento de diez personas analizando las posibilidades de la virtualidad.

De san francisco a san josé
El universo de Second Life se elabora en dos edificios de fachada de ladrillo rojizo de estilo británico en la ciudad de San Francisco. Mesas de billar, máquinas de millón y otras tentaciones fomentan la camaradería, pero en lugar de campus, Linden Lab postula el loft como espacio de oficina, una antigua nave de techos altísimos y sin barreras de cubículos entre los 240 trabajadores. San Francisco, en teoría, no forma parte del Silicon Valley, pero la región tecnológica ha acabado por extenderse y ahora sería más apropiado hablar de la Silicon Bay, la bahía del silicio, el elemento utilizado para fabricar los chips que hacen funcionar los productos electrónicos y los ordenadores modernos, o la bahía de internet. Como si fuera un chip aplastado y alargado hasta hacerlo rectangular, el Silicon Valley es un entramado de carreteras, campus, centros de investigación y edificios de oficinas bajos que se extiende por una península a lo largo de ochenta kilómetros, delimitado por las ciudades de San Francisco y San José y por las montañas Santa Cruz y el mar, y con el paisaje en común de las secuoyas, el palo alto de los colonizadores españoles, el árbol más famoso de California.
Como tal, el Silicon Valley no aparece en ningún mapa, pero todos los californianos saben donde está y que sigue siendo la principal región tecnológica del mundo. Hewlett-Packard en Palo Alto, Yahoo en Sunnyvale, Apple en Cupertino, Intel y Sun Microsystems en Santa Clara, Google en Mountain View, Oracle en Redwood City, o Adobe y eBay en San José, en cada localidad dominan una o dos empresas y cada empresa intenta aportar algo. Adobe ocupa tres rascacielos en el centro urbano de San José, una ciudad de herencia española más poblada que San Francisco, que se han convertido en una referencia urbanística y han ganado premios por su dotación de medidas ecológicas, otra de las obsesiones de nuevo cuño del Silicon Valley. Adobe, además, ofrece primas especiales a los 4.000 empleados en San José si utilizan el transporte público, y acomoda en las tres torres gimnasios, pistas de baloncesto, restaurantes y salas de yoga para que no se echen de menos las comodidades que ofrecen otras empresas tecnológicas.

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de: Manuel Roman | 10/12/2007
Si quereis ver un itinerario virtual del Silicon Valley visitando algunas de las empresas del articulo situadas sobre mapas de Google o incluso ver el itinerario en Google Earth, ir a este link: http://www.witur.com/?tour=152.
17 de agosto
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