17/06/2007

Más de mil millones de personas se soman en la red de redes

La Revolución virtual que mueve el mundo

Texto de Mònica Artigas
Ilustraciones de Jordi Labanda

Internet ha transformado las concepciones de la comunicación en tiempo récord. Ha encogido el mundo y nos permite abarcarlo sin movernos de la silla. Ya hay más de 1.100 millones de usuarios en todo el mundo, 13 millones en España, que pueden asomarse a partir de hoy a una nueva web,

que les lleva estas páginas, y mucho más, a la pantalla de su ordenador. Es el Magazine por partida doble. www.magazinedigital.com.

Hubo un tiempo en que, al entrar en casa, el buzón se abría con cierta emoción. En que los sabios y los intelectuales hundían sus cabezas en libros polvorientos. Hubo

un tiempo en que quien pasaba más horas en el despacho era el más ufano empleado y el holgazán era el que se quedaba en casa. Un tiempo en el que para comprobar dónde caía exactamente la capital de Noruega hacía falta una enciclopedia, un atlas o alguien experto al lado. En esos días, había cartas de amor que olían bien con rúbricas temblorosas. Quien sabía más de música era quien se pateaba más tiendas de discos. Quien sabía más de todo era el profesor. Para comprar hacía falta ir a mirar. Para sacarse una carrera era necesario ir a clase. Para ligar hacía falta salir. De ese tiempo hace sólo diez años. Diez. Internet ha cambiado costumbres, ha encogido el mundo y nos lo ha puesto en la bandeja de nuestro ordenador. Nadie hasta ahora lo había logrado, y la fascinación ha sido absoluta.

El éxito de la red se mide en cifras. Más de 1.100 millones de usuarios en el mundo, 315 millones de ellos en Europa, más de 13 millones en España. Pero
también puede medirse en acciones. Sin ir más lejos, en los programas políticos de las últimas elecciones municipales había partidos que prometían la creación de redes wi-fi para conectarse sin cables en cualquier calle, en los parques, en la playa. Otro ejemplo: se sabe que un videomontaje colgado en YouTube en el que Hillary Clinton aparece como el Gran Hermano orwelliano puede hacer temblar su campaña política diseñada con la más absoluta precisión.

Definitivamente, cuando en los años 60 el departamento de Defensa estadounidense
inventó un sistema para mantener las comunicaciones vitales del país en caso de guerra nuclear, pocos imaginaron que sería el germen de una metamorfosis social. Y que movería tantas y tantas piezas. La red ha dado la vuelta a las relaciones humanas. Un mecanismo de interacción tan potente entre los individuos –sea cual sea su sitio geográfico– ha propiciado historias y reencuentros y ha generado infinitas formas de relación: chats para charlar, foros temáticos para compartir gustos, comunidades para mostrar fotos o biografías, sitios con videocámaras para practicar el sexo cibernético, intercambio de mensajes a través del "messenger" –un tercio de los jóvenes entre 12 y 24 años se conecta diariamente– y sitios diseñados para que florezcan relaciones sentimentales. ¿Se liga en la red? Sí. ¿Se encuentra pareja? También. Un solo gran portal de contactos, match.com, asegura que 400.000 personas en todo el mundo han dado con su amor en el último año gracias a ellos. Y es que la red permite lo inimaginable sin abandonar la silla.

Porque desde la silla, uno, con la red, se
divierte. Un verdadero "fiel" de internet prescinde de ir al cine o de comprar música. Todo se lo "descarga". Emule, el famoso programa de intercambio de archivos, sea software, música o cine, es utilizado por más de 240 millones de personas en todo el mundo. Un millón son españoles. ¿Piratería? ¿Difusión cultural? ¿Un argumento para quienes critican que en internet está la génesis de una globalización galopante? Sea como sea, la red ha hecho temblar los cimientos de la industria del ocio, que ha pasado de batallar contra ella a utilizarla. Las descargas de pago o la interacción con el móvil son sólo algunas de las nuevas propuestas de las discográficas y de las distribuidoras de cine.

Mientras, la televisión lo ha tenido claro: su nuevo esquema pasa, al menos por ahora, por el buque insignia de
la nueva era de internet, el famoso YouTube. El invento que crearon Steve Chen y Chad Harley en un garaje para compartir el vídeo de una cena y que luego vendieron a Google por la friolera de 1.375 millones de euros se ha convertido en el punto de mira de las grandes cadenas de televisión. La BBC ya difunde sus series más populares y algunos documentales a través de esta plataforma en la que se cuelgan y comparten vídeos, 65.000 nuevos cada día. Mientras unos han asumido con resignación que renovarse es necesario y hoy, por ejemplo, todos los bancos permiten consultas por internet, otros empiezan a verle las orejas al lobo. Las compañías telefónicas, que tan apetitosa tajada se han llevado en los últimos años gracias a la instalación de la red en la mayoría de los hogares, deben asegurarse de que su futuro no esté en las llamadas de teléfono. Skype, un sistema alternativo para llamarse entre ordenadores que es totalmente gratis, cuenta ya con 171 millones de usuarios. Del mismo modo, las grandes compañías aéreas se han visto obligadas a reducir sus tarifas.
 
La razón: el éxito de las "low cost", que permiten volar a precios muy económicos gracias a que prescinden de los intermediarios y
operan por internet.
Internet pertenece sólo al primer mundo y puede crear universos paralelos, pero a golpe de tarjeta de crédito. Igual que en la vida occidental.

Son las reinas del e-commerce, un tipo de transacción que, aunque todavía genera dudas sobre su se

guridad, funciona. La compra de billetes de avión on line supone ya el 21% del volumen total del negocio en España. También está Ebay, un gran centro comercial virtual que ha finiquitado las tradicionales subastas y que cuenta con 233 millones de compradores y vendedores inscritos. Aun así, si existe negocio pensado por y para la red y paradigma de todo lo que ella puede dar de sí, éste es, sin duda, Second Life.

Los mundos virtuales son un invento de quienes tenían en las apuestas y los juegos de azar por internet su gallina de los huevos de oro hasta que en Estados Unidos se aprobó un proyecto de ley para ilegalizar los pagos con tarjetas de crédito en ellos. En Second Life, con la máxima de "si no te gusta tu vida, invéntate otra", los usuarios pagan una cuota para tener un personaje,
un álter ego. Llamado avatar, tiene una casa –que se paga de verdad– va al cine si quiere, al parque de atracciones o a tomar un café –todo pagando–. Algunos servicios los da el juego, pero ahora hay grandes empresas que se han apuntado al carro y ven que este mundo que ya tiene siete millones de usuarios es una plataforma genial. Así, el avatar puede comprar unas zapatillas Adidas, por ejemplo, o un Nissan o un Toyota. No es ningún secreto: internet pertenece, por desgracia, sólo al Primer Mundo y puede crear universos paralelos... a golpe de tarjeta. Igualito que en la vida occidental, pero virtual.

Cuando internet despegó, llevaba un gran anuncio y fue precisamente éste: los
universos virtuales. Pero hubo otra promesa más útil e importante: ser la "autopista de la información". También la ha cumplido y es su principal bandera. La red ha permitido una descentralización absoluta de los datos y los servicios y es el gran camino a través del cual quien busca, encuentra. Esta capacidad se ha convertido en una herramienta en el trabajo y también en el campo personal. Hoy reservamos hoteles, billetes, estudiamos un curso o compramos un cochecito de bebé de segunda mano con la misma facilidad con que damos con un documento en los archivos de la National Library que antes nos hubiera costado, seguro, un viaje a Londres. Si queremos, por internet nos divorciamos. Vamos al súper. Vemos el edificio donde vivimos. Damos con una revista que sólo se edita en Manhattan o con las normas para adoptar un niño en India. Encontramos una partitura de Chopin o una empresa que repara puertas de los años 20. Hemos cambiado los métodos para acceder a la información.

Ha crecido el inte
rés por saber qué cuentan nuestros "iguales": los blogs, que además animan a los lectores a participar, y fenómenos como Wikipedia, una enciclopedia virtual que mantienen viva los mismos usuarios. Son dos ejemplos de cómo hemos querido y podido ampliar nuestras vías de información. Mientras, la radio y la prensa, fuentes informativas por definición, han crecido gracias a internet. Hay pocas emisoras que no se puedan escuchar on line y que no den la posibilidad de descargarse desde la red programas emitidos. También la prensa ha encontrado un nuevo receptáculo donde se encuentran contenidos que se adaptan a un modo de "leer" distinto, haciendo al internauta protagonista con menús que se clican, se abren, se leen, creando servicios, sacando partido a la interactividad, la inmediatez, la versatilidad y la estética que las nuevas tecnologías ofrecen para presentar su información.

Hoy el Magazine Digital se estrena con el fin de dar al papel esta extensión virtual necesaria. Hoy al Magazine de
papel de siempre le nace un punto que suma: www.magazinedigital.com.
de: Manel Gardiez Soto | 19/02/2008
Es posible, que los tímidos rompamos alguna barrera al atrevernos a comuinicarnos por este medio, y es posible también que nos volvamos más retraidos, pero mientras nos sucede lo uno o lo otro, al menos podemos expresarnos y comunicar algo, ¿no creen?
de: Mari | 12/11/2007
En las personas discapacitadas la red está jugando un papel muy importante, ya que en este colectivo en el que me incluyo es una herramienta básica. Hay mucha soledad, tristeza, falta de amigos. En esto la red hace que estas personas que por imposibilidad no pueden salir a la calle, tengan toda la información de los periodicos, webs de amistad, que puedan disfrutar chateando y sobre todo poder estudiar y trabajar desde su casa. El único requisito es tener un ordenador y conexion a internet.
30 de noviembre
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