28/09/2008
Pedro Alonso
En el corazón del combate contra la malaria
Texto de David Dusster
Fotos de Kim Manresa
El parásito de la malaria, que mata a un millón de personas cada año, está en el centro de la diana de Pedro Alonso. El investigador español y sus compañeros del centro de investigación de Mozambique han desarrollado la primera vacuna eficaz contra ese “bicho”, como lo define el propio Alonso, responsable de una de las grandes lacras de África. Su labor les ha valido el premio Príncipe de Asturias.

El chófer se dispone a cerrar el coche una vez que Pedro Alonso, Ariel Nhacolo, el coordinador del CISM, y Jahit Sacarlal, jefe de proyecto de vacuna de malaria (junto a la puerta), han bajado en un barrio pobre de Manhiça para visitar una casa donde se había dejado una trampa para mosquitos
Ahí está, yerta e inofensiva, más larga que las patas del anofeles, la trompa peluda y gruesa que inocula el parásito que provoca la malaria, perfectamente discernible a través del microscopio. El investigador Pedro Alonso, con barba descuidada y camisa cómoda para el calor de Mozambique, mira por el ocular y poco a poco se va entusiasmando. Luego se recuesta en la silla y, como si estuviera abatido por la apariencia insignificante del mosquito, se pregunta: “¿Es ese nuestro enemigo?”. “Pues sí –se responde a sí mismo sin dilación–, ese es, ese bicho es el que transmite una enfermedad que mata a un millón de personas cada año, la dolencia que más ha influido en la historia de la humanidad.”
Pedro Alonso, de 49 años, epidemiólogo director del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) y líder del equipo que ha desarrollado la primera vacuna eficaz contra una de las grandes lacras que arrastra África, se pasaría horas y horas hablando del paludismo, siempre dispuesto a apañar un papel para dibujar esquemas, apuntar fechas o aclarar conceptos, o presto a contar alguna anécdota histórica de esa enfermedad a la que ha dedicado su carrera profesional. “Hemos dado un paso de gigante, pero la vacuna es una parada en el camino, no la estación de destino”, afirma tajante, como si fuera un general calculando las diversas fases de una guerra, contra un enemigo de aspecto baladí que inyecta un parásito llamado plasmodium, una lombriz inapreciable a la vista con dos puntas como cabezas de alfiler.
Manhiça es una ciudad pequeña a 60 kilómetros de Maputo, la capital de Mozambique, situada en una escarpadura desde la que se divisa la planicie del río Incomati. En 1996, científicos del hospital Clínic de Barcelona eligieron esa zona para montar un centro de investigación porque era el segundo distrito de un país que acababa de salir de la noche de una larga guerra civil con más incidencia de paludismo. La malaria es responsable del fallecimiento del 22,6% de los menores de un año y del 31,4% de los menores de seis años, según datos consolidados del CISM, que dispone de un censo y hace un seguimiento demográfico –casas numeradas y localizadas con GPS y fichas con las incidencias de los inquilinos–, de 82.000 personas de las 140.000 que viven en el distrito.
Pedro Alonso, de 49 años, epidemiólogo director del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) y líder del equipo que ha desarrollado la primera vacuna eficaz contra una de las grandes lacras que arrastra África, se pasaría horas y horas hablando del paludismo, siempre dispuesto a apañar un papel para dibujar esquemas, apuntar fechas o aclarar conceptos, o presto a contar alguna anécdota histórica de esa enfermedad a la que ha dedicado su carrera profesional. “Hemos dado un paso de gigante, pero la vacuna es una parada en el camino, no la estación de destino”, afirma tajante, como si fuera un general calculando las diversas fases de una guerra, contra un enemigo de aspecto baladí que inyecta un parásito llamado plasmodium, una lombriz inapreciable a la vista con dos puntas como cabezas de alfiler.
Manhiça es una ciudad pequeña a 60 kilómetros de Maputo, la capital de Mozambique, situada en una escarpadura desde la que se divisa la planicie del río Incomati. En 1996, científicos del hospital Clínic de Barcelona eligieron esa zona para montar un centro de investigación porque era el segundo distrito de un país que acababa de salir de la noche de una larga guerra civil con más incidencia de paludismo. La malaria es responsable del fallecimiento del 22,6% de los menores de un año y del 31,4% de los menores de seis años, según datos consolidados del CISM, que dispone de un censo y hace un seguimiento demográfico –casas numeradas y localizadas con GPS y fichas con las incidencias de los inquilinos–, de 82.000 personas de las 140.000 que viven en el distrito.
de: Noemí Fuster | 01/10/2008
Las cuentas són sencillas: De uno a tres millones de muertes al año por 50 años son 50.150 millones de muerte, muchas de ellas evitables. Pedro Alonso nos habla de la eficacia de las mosquiteras. Él mismo lo comprobó en sus estudios en Gambia. ¿Nos ayudas a reducir esa escalofriante cifra de 50 millones de muertos?www.stopmalaria.tk







