Pedro Alonso
En el corazón del combate contra la malaria

La trampa para mosquitos permite saber cuántos de ellos portadores del plasmodium picarían en una noche en una sola casa
Una vacuna a ciegas
La malaria siempre ha sido un reto científico de gran envergadura para los científicos. Algunos expertos decían que dar con la vacuna era como encontrar el grial de la medicina. Por varios motivos. Primero, porque se lucha contra un parásito, algo más complejo que un virus y una bacteria. Nunca ha habido una vacuna contra un parásito. En segundo lugar, porque “vamos a ciegas”, en palabras de Pedro Alonso. “Tenemos vacuna, pero no entendemos sus mecanismos y, a diferencia de otras enfermedades, no podemos experimentar en animales, pues el parásito plasmodium sólo vive en los mosquitos anofeles y en los humanos.”
El paludismo se transmite por picadura del insecto anofeles, que clava su trompa en la piel humana y, antes de succionar la sangre, inocula saliva. En ese líquido traspasa el parásito plasmodium, que rápidamente busca refugio en el hígado. Una vez allí, el parásito muta y se multiplica, y al cabo de una semana vuelve al flujo sanguíneo y se apodera de los glóbulos rojos, a los que va haciendo estallar y va privando de oxígeno a las células.
Existen cuatro tipos de plasmodium, de los que son importantes dos, el falciparum y el vivax. El primero, predominante en África, es el que provoca la malaria más grave y mortal. El segundo provoca una dolencia más leve, raramente fatal aunque incurable del todo, y es la más habitual en Latinoamérica y Asia. El paludismo mata a un millón de personas al año, la mayoría niños africanos. El plasmodium vivax, por su menor virulencia, es el menos investigado y, de hecho, ningún fármaco actual garantiza la erradicación total del vivax, por lo que el parásito puede permanecer en el cuerpo de forma larvada y provocar nuevos brotes de malaria. En cambio, los medicamentos aniquilan todos los falciparum, pues de lo contrario el paciente moriría.
La mayoría de las víctimas mortales de la malaria son niños, porque a partir de los cinco años el cuerpo va creando una inmunidad que hace que los episodios sean leves cuando se es adulto. Este proceso explica casos como el del portero de fútbol camerunés del Espanyol, Carlos Kameni, que este año enfermó de malaria tras pasar las vacaciones en su país. Al vivir en Europa muchos años, Kameni fue perdiendo paulatinamente la inmunidad. Igualmente, a los viajeros a países tropicales, que a lo largo de su vida no han estado expuestos a picaduras repetidas del mosquito, se les recomienda una profilaxis, un tratamiento preventivo eficaz sólo parcialmente pero que puede retrasar la aparición o atenuar la virulencia de la enfermedad.
La vacuna contra la malaria será asequible para los países pobres porque gobiernos como el británico ya han anunciado la compra de millones de dosis para distribuirlas gratuitamente o a bajo precio a los países afectados, garantizado así a las farmacéuticas una rentabilidad en su comercialización, lo que, junto a donaciones privadas y otras inversiones públicas, ha permitido que multinacionales como GlaxoSmithKline no abandonasen los proyectos de vacuna que tenían atascados desde los años setenta.








