Stephen Hawking
"Hemos de emigrar urgentement a otros planetas"

En la plaza del Obradoiro es casi una estrella de rock: todo el mundo hace fotos al científico y aplaude a su paso
¿Le preocupa el cambio climático?
Muchísimo. Como también me preocupa que estemos entrando en una segunda era de proliferación nuclear. Los científicos tenemos una responsabilidad especial: informar al público y aconsejar a los líderes políticos acerca de los peligros que afronta la humanidad. Tenemos el deber de alertar de los riesgos innecesarios que vivimos cada día y de los peligros que prevemos si los gobiernos y las sociedades no emprenden acciones.
¿Se podrá viajar en el tiempo?
Dado que el tiempo es relativo, y transcurre más rápidamente en ciertas circunstancias, sabemos que es posible viajar al futuro, por ejemplo, enviando muy muy lejos una nave espacial, acelerándola hasta la velocidad de la luz, lo que haría que para sus tripulantes hubiera pasado menos tiempo que en la Tierra, con lo que, al volver a nuestro planeta, habrían viajado al futuro. ¿Al pasado? Si se pudiera volver a 1475, cuando nació Alonso de Fonseca, el padre de la Universidad de Santiago, solamente se podría observar su nacimiento, pero no se podría cambiar la historia. Se puede entender lo que pasó, pero no se puede volver y evitar, por ejemplo, que Fonseca nazca.
En 1963 le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica. A pesar de ello, usted ha seguido con una brillante carrera como investigador. ¿Cuál es el truco?
No tengo nada positivo –o casi nada– que decir acerca de la enfermedad neuronal motora que padezco, pero sí que me enseñó a no compadecerme, porque hay otros peor que yo, y porque yo pude seguir con lo que quería hacer. Quejarme sería inútil y una pérdida de tiempo. Es verdad, además, que soy más feliz ahora que antes de desarrollar este mal. Yo le diría a toda la gente que lo está pasando mal que hay salida de cualquier agujero negro… porque no hay mayor agujero que este en el que vivo. Mis expectativas fueron reducidas a cero cuando tenía 21 años, los médicos me diagnosticaron una enfermedad que en la mayoría de los casos concluye con el fallecimiento del paciente. En concreto, me dijeron que no acabaría con vida mi doctorado, y desde entonces todo me parece un extra. Aquel fue mi periodo oscuro, sufrí una depresión, me preguntaba por qué me tenía que suceder aquello a mí, pero finalmente decidí seguir viviendo y luchar. Conocí a mi primera esposa, tuve hijos y acabé mi doctorado, con un trabajo que sentó las bases matemáticas del big bang. Pasé de sentirme lo más bajo a ser un héroe. No me rendí, y tuve la suerte de poder trabajar en física teórica, una de las pocas áreas en las que la discapacidad no es una seria desventaja.
Mi principal descubrimiento fue que los agujeros negros no eran totalmente negros. Y sigo investigando, publicando y dirigiendo trabajos de algunos alumnos de posgrado. ¿Un truco? La consistencia y la determinación de seguir en contra de todas las probabilidades. Y tratar de llevar una vida lo más normal posible.
OTRA CLASE DE ÍDOLO
“No he entendido su libro, pero es usted un ejemplo para todos”, gritaba una mujer, emocionada, a Stephen Hawking en la plaza del Obradoiro, mientras el científico recibía aplausos y todo tipo de piropos espontáneos. Nacido en Oxford en 1942, Hawking aceptó venir a España para recibir el premio de divulgación científica Fonseca, una iniciativa de la Universidad de Santiago y del programa ConCiencia, cuyo director, Jorge Mira, director del departamento de Física Aplicada de la universidad, se convirtió en su sombra. Para Mira, la importancia de Hawking va más allá de su obra científica: “La ciencia está hecha por personas, y las personas reconocemos a personas. Mucha gente mira a los cantantes o a los futbolistas, buscando modelos de comportamiento, ídolos. Nosotros pensamos que es importante que los chicos se apelotonen y emocionen porque pasa un sabio por su ciudad, esa es la base para que también quieran ser científicos de mayores”. Lucy Hawking, hija del autor de la Brevísima historia del tiempo, revela que “mi padre duerme sólo cinco horas, no quiere perder tiempo, e incluso de joven ideó un reloj de 48 horas para ver si conseguía dormir una sola vez cada dos días..., pero fracasó”. Más allá de estas anécdotas, Hawking se negó a responder cualquier pregunta sobre su tumultuosa vida privada, que saltó a los tabloides británicos a raíz de las sospechas de que era maltratado físicamente por su segunda esposa, una ex cuidadora suya de la que se divorció en el 2006, tras 11 años de matrimonio.







