El sueño de mirar al sol

El telescopio solar, todavía en tierra, en el proceso de unirlo al globo de helio
Sunrise emprende camino conducido por las corrientes de aire circumpolares, y los científicos en Kiruna se ponen a calibrar los instrumentos que se alejan de ellos. Transcurren seis días en los que la trayectoria seguida por el globo coincide afortunadamente con la prevista. Desde tierra puede controlarse únicamente la altura a la que se desplaza, bien soltando parte de la media tonelada disponible de lastre para que ascienda, bien liberando gas para que descienda. El globo sobrevuela durante este tiempo Noruega y Groenlandia, el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico. El viajero, un telescopio con una abertura de un metro de diámetro, ignora las vistas terrenas y mira fijamente el Sol de medianoche, aprovechando que no se pone nunca. Le acompañan dos instrumentos solares, uno de los cuales, de nombre Imax (acrónimo de Imaging Magnetograph Experiment), el más complejo de los tres, es de nacionalidad española. Imax ha sido diseñado y construido en Granada, Madrid y Valencia por un consorcio de centros de investigación liderados por el Instituto de Astrofísica de Canarias.
Son casi las dos de la madrugada de la noche del sábado al domingo cuando Sunrise toma tierra en la isla canadiense de Somerset, en un terreno abrupto y helado. En la última etapa del viaje le escolta un avión, desde el cual se acciona el mecanismo pirotécnico que separa el globo de la barquilla. Al verse libre del peso de trescientas toneladas, el globo asciende hasta que la expansión del helio que contiene provoca su explosión. La barquilla, por su parte, desciende en paracaídas. Gracias al GPS se conoce exactamente dónde se encuentra, y además ha sido avistada desde el avión. Pero el lugar es de difícil acceso, y transcurren varios días hasta que se consigue llegar hasta ella. Los discos duros, con todos los datos solares obtenidos por los instrumentos, estarán en manos de los investigadores en dos o tres semanas. Para verificar el estado de la instrumentación habrá que esperar a su llegada a Alemania, en uno o dos meses.
Es el final de una misión extremadamente compleja, al límite de la tecnología, que ha requerido siete años de trabajo y una extensa colaboración internacional. Una experiencia que podría haberse prolongado en el tiempo. Y es que los vientos habrían hecho recorrer a Sunrise una trayectoria circular completa por el Ártico de no interponerse la política terrestre: los globos operados por la agencia espacial estadounidense NASA carecen de permiso para sobrevolar el territorio ruso, lo que obliga a acortar su viaje. En la Antártida no existe esta restricción, y los experimentos completan habitualmente su camino en torno al polo Sur. Quizás desde allí se lance la próxima vez Sunrise para alargar su vuelo, o quizás vuelva a Kiruna. Lo que es seguro es que los científicos, contentos con el buen funcionamiento de los instrumentos, ya están pensando en un futuro vuelo polar, también con una importante participación española.
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El globo de helio asciende llevando consigo el telescopio Sunrise; parece poco hinchado, pero ganará volumen conforme coja altura








