16/05/2010
Los nuevos dioses
Texto de Marta Ricart
Fotos de Maite Cruz
El ser humano siempre ha intentado dominar la naturaleza en su favor y cuanto más amplía sus conocimientos y sofistica sus herramientas, más lejos sitúa los límites. La ciencia al servicio de la salud es el mejor ejemplo. Genética, nanoingeniería, bioinformática..., las áreas más heterogéneas se combinan en atrevidas estrategias para desafiar las imperfecciones biológicas.

TRASPLANTES
Los de manos y brazos o de cara, como los que ha hecho Pedro Cavadas, han abierto una nueva etapa. El cirujano prevé ahora realizar el primer trasplante de ambas piernas del mundo. Ya tiene paciente y espera un donante
Este científico, uno de los investigadores españoles con más proyección internacional (dirige, además del CMRB, un laboratorio en el Instituto Salk de EE.UU.), es cauto: “No tengo la sensación de que con los conocimientos de que disponemos hoy podamos cambiar el curso ni la duración de la vida en un plazo corto de tiempo”. Pero se declara optimista y convencido “de que un mejor conocimiento de los mecanismos de regeneración tisular y de las bases moleculares de la diferencianción celular podrá paliar patologías que de momento no se pueden curar y mejorar las condiciones de vida”.
Guinovart opina que la inmortalidad seguirá resistiéndose. “De todas maneras –advierte–, habría que pensar si es deseable; las consecuencias serían enormes. Sólo hay que ver que la sociedad no ha digerido el aumento de la esperanza de vida de las últimas décadas, que conlleva más población envejecida, más dependientes. Si vamos a vivir 100 o 120 años, habrá que plantearse aspectos sociológicos, económicos.”
Para alargar la vida y reducir las enfermedades, junto a la genética, otro pilar es la medicina regenerativa. Se fundamenta en las células madre y su potencial para generar células de cualquier tejido; así, podrían reparar cualquier tejido dañado (desde neuronas en el caso del alzheimer a nervios en lesiones medulares u otros) o formar órganos para trasplantar. Las células madre están en los embriones (embrionarias) y en los tejidos formados (adultas). En este caso tendrían un potencial menor, pero en el 2007 se logró reprogramar células madre de la piel para que recuperaran esa capacidad generadora de las embrionarias. Se las llama células pluripotenciales inducidas, IPS, y son la penúltima promesa.
Porque Izpisúa y su equipo exploran paralelamente otra vía que cree que podría ser incluso más factible, la capacidad regenerativa de algunos animales (a los que les crece la cola si se corta, por ejemplo) y que el ser humano o los mamíferos habrían perdido. La clave está en los genes. Si se descifrara, se podría retrasar el envejecimiento. ¿Y la muerte? “Bueno, esos animales también mueren”, responde Izpisúa.
En su laboratorio han analizado cómo regenera parte del corazón un pez. “Hasta ahora –explica–, la idea era generar células madre, implantarlas en el paciente y que se desarrollen para reparar el tejido dañado. Otra vía es activar el mecanismo genético de regeneración de las células en el cuerpo. El corazón se va regenerando. Se suponía que tenía una reserva de células madre que se ocupaban de ello, pero hemos visto que los cardiocitos mismos vuelven un paso atrás, recuperando potencial de crear células nuevas –sin llegar a la capacidad de las células madre embrionarias–. En infartos en personas, se ha visto ese paso atrás, pero sin crear células nuevas. Lo que estudiamos es cómo estimular ese mecanismo con un compuesto químico. Una compañía farmacéutica nos ayudará a probar con los miles de fármacos que investigan.”
En personas, se han probado células madre adultas (terapia celular) para tratar varias patologías (desde corazones tras un infarto a problemas traumatológicos), aunque algunos científicos recuerdan que no hay ensayos que prueben la eficacia. Ni hay ensayos en pacientes con células madre embrionarias ni con IPS. Hay dos obstáculos, nada banales, recuerda Izpisúa: no se conocen ni dominan aún los mecanismos por los que esas células se convierten en otras, ni se sabe controlar su creación de tejidos.
Guinovart opina que la inmortalidad seguirá resistiéndose. “De todas maneras –advierte–, habría que pensar si es deseable; las consecuencias serían enormes. Sólo hay que ver que la sociedad no ha digerido el aumento de la esperanza de vida de las últimas décadas, que conlleva más población envejecida, más dependientes. Si vamos a vivir 100 o 120 años, habrá que plantearse aspectos sociológicos, económicos.”
Para alargar la vida y reducir las enfermedades, junto a la genética, otro pilar es la medicina regenerativa. Se fundamenta en las células madre y su potencial para generar células de cualquier tejido; así, podrían reparar cualquier tejido dañado (desde neuronas en el caso del alzheimer a nervios en lesiones medulares u otros) o formar órganos para trasplantar. Las células madre están en los embriones (embrionarias) y en los tejidos formados (adultas). En este caso tendrían un potencial menor, pero en el 2007 se logró reprogramar células madre de la piel para que recuperaran esa capacidad generadora de las embrionarias. Se las llama células pluripotenciales inducidas, IPS, y son la penúltima promesa.
Porque Izpisúa y su equipo exploran paralelamente otra vía que cree que podría ser incluso más factible, la capacidad regenerativa de algunos animales (a los que les crece la cola si se corta, por ejemplo) y que el ser humano o los mamíferos habrían perdido. La clave está en los genes. Si se descifrara, se podría retrasar el envejecimiento. ¿Y la muerte? “Bueno, esos animales también mueren”, responde Izpisúa.
En su laboratorio han analizado cómo regenera parte del corazón un pez. “Hasta ahora –explica–, la idea era generar células madre, implantarlas en el paciente y que se desarrollen para reparar el tejido dañado. Otra vía es activar el mecanismo genético de regeneración de las células en el cuerpo. El corazón se va regenerando. Se suponía que tenía una reserva de células madre que se ocupaban de ello, pero hemos visto que los cardiocitos mismos vuelven un paso atrás, recuperando potencial de crear células nuevas –sin llegar a la capacidad de las células madre embrionarias–. En infartos en personas, se ha visto ese paso atrás, pero sin crear células nuevas. Lo que estudiamos es cómo estimular ese mecanismo con un compuesto químico. Una compañía farmacéutica nos ayudará a probar con los miles de fármacos que investigan.”
En personas, se han probado células madre adultas (terapia celular) para tratar varias patologías (desde corazones tras un infarto a problemas traumatológicos), aunque algunos científicos recuerdan que no hay ensayos que prueben la eficacia. Ni hay ensayos en pacientes con células madre embrionarias ni con IPS. Hay dos obstáculos, nada banales, recuerda Izpisúa: no se conocen ni dominan aún los mecanismos por los que esas células se convierten en otras, ni se sabe controlar su creación de tejidos.
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