16/05/2010

Los nuevos dioses

Texto de Marta Ricart
Fotos de Maite Cruz
El ser humano siempre ha intentado dominar la naturaleza en su favor y cuanto más amplía sus conocimientos y sofistica sus herramientas, más lejos sitúa los límites. La ciencia al servicio de la salud es el mejor ejemplo. Genética, nanoingeniería, bioinformática..., las áreas más heterogéneas se combinan en atrevidas estrategias para desafiar las imperfecciones biológicas.

Nanopartículas como las de esta recreación del equipo de Romain Quidant en el Instituto de Ciencias Fotónicas pueden ser una terapia del futuro: son cápsulas de oro de unas decenas de nanómetros (el nanómetro es la millónesima parte del milímetro) que llevan dentro fármaco. Se recubren con proteínas que reconocen las células tumorales, y así, cuando se inyectan en el torrente sanguíneo (segunda imagen), se integran en esas células (tercera imagen). Se aplica luz láser –de intensidad y color determinados para que penetre en los tejidos sin quemarlos– que calienta las nanopartículas, y éstas sueltan su fármaco y queman y eliminan las células cancerígenas. El organismo elimina los restos de las partículas de forma natural y no tóxica.

Las prótesis de manos, brazos o piernas usuales siguen siendo mecánicas o eléctricas, pero cada día más incorporan sensores y controles electrónicos. Aún hay poco de biónico (prótesis integradas en los mecanismos biológicos como las piezas fisiológicas a las que sustituyen). Existen algunos implantes auditivos. O se han probado prótesis de brazos que se mueven con el pensamiento. Pero el sistema cerebral-nervioso es muy complejo, y cuesta reproducir sus acciones (como coger un vaso para beber); aún se trabaja en el desglose de movimientos (estirar el brazo, abrir los dedos, cerrarlos en torno al vaso…), cuenta Tormos.

 El equipo de Eduardo Fernández, subdirector del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche, trabaja en dispositivos biónicos –sobre todo, para prótesis visuales–. Deben cumplir tres funciones, dice: captar las señales neuronales en el cerebro o que este envía al sistema nervioso; procesarlas como haría el organismo, pero electrónicamente, y transmitirlas al implante. Aún hay que resolver problemas de decodificación, de miniaturización, cómo alimentar el aparato... Hay también ordenadores que responden a la voz, y en Elche estudian sistemas que permitan conectarse a internet con el pensamiento (transmitiendo los impulsos cerebrales al ordenador). En implantes biónicos se ha empezado a trabajar en los últimos 10 o 15 años, así que Fernández atempera las prisas por trasladar los frutos a la práctica. Con todo, prevé futuras soluciones mixtas, como de medicina regenerativa y biónica.

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