19/05/2013

Un mar de adrenalina

Texto de Suso Pérez
Fotos de Martínez Studio
Las competiciones de vela reflejan la cara más dinámica de este deporte, en el que básicamente se trata de jugar con el viento y el mar, o sea con la naturaleza. Y, pese a su imagen todavía elitista, lo cierto es que hay tal variedad de barcos que no resulta difícil encontrar el idóneo para el disfrute de cada uno

Salida de una regata de la clase Wally en la edición 2012 del Trofeo Conde de Godó de vela, en Barcelona

La temporada de regatas recorre ahora el extenso litoral español y permite disfrutar de unas condiciones óptimas para competir en un deporte en el que España es una potencia mundial, como lo acredita el historial de los Juegos Olímpicos y de los campeonatos de vela ligera.

La vela es una actividad que mantiene una imagen de exclusividad y difícil acceso, y en los casos en que es cierto probablemente se debe a la falta de ayudas para fomentar su práctica. Porque existe una variedad tal de embarcaciones que es realmente raro no encontrar la más adecuada para cada uno. En las regatas de más prestigio, como el trofeo Conde de Godó, en Barcelona, o la Copa del Rey, en Palma, se produce una situación ejemplar, casi inimaginable en cualquier otro deporte: el abanico de participantes va desde los más prestigiosos navegantes del mundo hasta los aficionados locales más apasionados.

Y el muestrario de veleros es igualmente amplio, desde los que se podrían considerar auténticos fórmula 1 del mar hasta los barcos de serie, concebidos incluso para un uso familiar, pero preparados minuciosamente para tomar parte en las regatas.

La comparación vendría a ser como si existiesen rallies de automóviles en los que tomaran parte los pilotos que luchan por el campeonato del mundo y también los máximos aficionados a ese deporte, los que habitualmente sólo pueden contemplar el paso fulgurante de sus ídolos desde los terraplenes que bordean las carreteras.

En las regatas todos compiten, además, con las mismas reglas de juego, aunque eso sí, en distintos campos de regata, una de las peculiaridades que permite el mar. En el inminente trofeo Conde de Godó de vela, que organiza el Real Club Náutico de Barcelona y que alcanza este año el 40.º aniversario convertido en uno de los más prestigiosos torneos del Mediterráneo, el despliegue de barcos incluye todos los niveles, desde los inimitables y casi inalcanzables Wally hasta los sencillos y altamente competitivos J80.

Una regata de Soto 40, un monotipo argentino de alta competición

WALLY, el no va más. Es difícil hallar adjetivos adecuados para definir estos barcos creados por el astillero italiano Wally y diseñados y construidos cada uno por encargo de un armador. Son grandes, lujosos y elegantes, pero son algo más: cada uno de ellos constituye una obra de arte única deslizándose por el agua como si fuese un dibujo del mar. El orgullo de sus propietarios por navegar con estas joyas les lleva a encontrarse en regatas especiales para disfrutar del placer de competir entre ellos. Con esloras (longitud del casco) por encima de 24 metros, constituyen siempre un espectáculo, en el mar y en tierra.
Una flota de veleros de serie, que compiten en la clase ORC con un sistema de compensación de tiempos.
TP52, los bólidos del mar. Los Transpac 52 nacieron en Estados Unidos por el interés de un grupo de armadores de la Costa Oeste que querían competir en tiempo real en la regata Trans Pacific. No son veleros iguales sino que responden a unas reglas básicas de medidas y peso conocidas como box rule, a partir de las cuales los arquitectos navales diseñan cada unidad. Por eso, estos veleros se suelen comparar con los coches de fórmula 1, porque tampoco son iguales aunque compiten en igualdad de condiciones y se mejoran cada temporada en función de los resultados que han dado la anterior.

El rey Juan Carlos, el armador José Cusí y el capitán del velero Bribón, Ignacio Triay, fueron los artífices de la llegada de esta clase a Europa. Buscaban que se creara una flota que compitiera en tiempo real y dejara atrás las inacabables discusiones en torno a los sistemas de medición que permiten las competiciones entre barcos distintos. Fue así como se creó el circuito MedCup, que resultó un gran éxito durante varios años, con regatas en distintas ciudades europeas.
Con sus 15,8 metros de eslora y fabricados con fibra de carbono, los TP52 son veleros puros de regata, o sea que no hay la menor comodidad en su interior, ni camarotes ni nada que se le parezca. Sí es obligatorio que haya un WC y una pequeña cocina a bordo, pero los tripulantes de estos barcos suelen bromear con que nunca nadie los ha usado.
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