22/04/2012
Carreras sin límite
Texto de Rosa M. Bosch
Fotos de Xavier Cervera
Carreras de montaña de 80, 100, 150 kilómetros de distancia y con desniveles de vértigo atraen cada vez a más aficionados de todas las edades. Pruebas muy exigentes, que desafían en extremo la resistencia física y mental de los participantes, y en un entorno natural. Son los ultratrails

Emma Roca, pasado el Roque Nublo, en el centro de la isla de Gran Canaria, durante la North Face Transgrancanaria, que dio el pistoletazo de salida a la temporada de ultratrails en España
Aquí se viven situaciones físicas y psicológicas muy fuertes, es una lucha contra uno mismo. Cuando empiezas, a los 30 minutos, piensas: ¿pero qué hago aquí? Comienzo a disfrutar cuando llevo 70 kilómetros. Mi reto es acabar y el lunes estar de vuelta en la consulta”, comenta Roque Lucas, un médico de familia de 57 años, poco antes de empezar una carrera de montaña de 123 kilómetros y 11.000 metros de desnivel acumulado. Lucas viajó a Gran Canaria con un grupo de amigos, habituales en este tipo de retos, entre ellos Josep Dulcet, el más veterano, ya con 63 años. Pero dicen que la edad no es un handicap en desafíos como este: ambos cruzaron la meta tras 29 horas y 36 minutos de marcha. Acercándose al tiempo máximo permitido, 31 horas. Cansados, pero sin tener que lamentar lesión alguna.
Lucas a las 8 de la mañana del día siguiente, un lunes, ya atendía sonriente a sus pacientes en Palau-solità i Plegamans, cerca de Barcelona. Acabar un reto tan exigente inyecta un chute de autoconfianza, quizás el bálsamo más eficaz contra agujetas, ampollas y otros achaques.
Médicos, bomberas, bioquímicos, oceanógrafas, policías, empresarias. Veinteañeros, cuarentañeras, jubilados. El denominador común de este variopinto y cada vez más numeroso ejército de incondicionales de los ultratrails es su adicción a correr en un entorno natural. Siempre lejos del asfalto. Lucas es una de las 214 personas que acabaron, el primer fin de semana de marzo, la North Face Transgrancanaria, el ultratrail que abre la temporada en España.
Este médico se situó en la posición número 203; el primer puesto fue para el francés Sebastien Chaigneau, de 40 años, que le sacó más de 16 horas de ventaja. “Durante los primeros 50 kilómetros corres con los músculos, y el resto, con la mente; la preparación mental es la base del edificio”, opina Chaigneau, un bioquímico que hace un año y medio abandonó su trabajo en unos laboratorios para dedicarse plenamente a este deporte. Es uno de los pocos, poquísimos, que pueden vivir exclusivamente de las carreras, quizás el único junto al catalán Kilian Jornet, considerado el mejor del mundo, y con quien suele entrenarse en la Alta Saboya.
Chaigneau ha vivido en primera persona la eclosión de las carreras de montaña, que, a su juicio, reúnen a una nueva comunidad de deportistas procedentes de dos mundos, el del maratón y el del trekking. Francia es el país de referencia, el que marca tendencia, el que organiza ultratrails en todo el mundo. “Es un fenómeno muy reciente, en sólo diez años hemos pasado de tener una decena de pruebas a las más de 3.000 actuales en Francia”, apunta Chaigneau. El boom llegó en el 2003 con el Ultratrail del Montblanc (UTMB), que el próximo 31 de agosto reunirá a 2.300 participantes dispuestos a salvar 166 kilómetros con 9.500 metros de desnivel positivo (subidas), en un máximo de 46 horas. Kilian Jornet firmaba el año pasado su tercera victoria en el UTMB con récord incluido: 20 horas y 36 minutos.
Lucas a las 8 de la mañana del día siguiente, un lunes, ya atendía sonriente a sus pacientes en Palau-solità i Plegamans, cerca de Barcelona. Acabar un reto tan exigente inyecta un chute de autoconfianza, quizás el bálsamo más eficaz contra agujetas, ampollas y otros achaques.
Médicos, bomberas, bioquímicos, oceanógrafas, policías, empresarias. Veinteañeros, cuarentañeras, jubilados. El denominador común de este variopinto y cada vez más numeroso ejército de incondicionales de los ultratrails es su adicción a correr en un entorno natural. Siempre lejos del asfalto. Lucas es una de las 214 personas que acabaron, el primer fin de semana de marzo, la North Face Transgrancanaria, el ultratrail que abre la temporada en España.
Este médico se situó en la posición número 203; el primer puesto fue para el francés Sebastien Chaigneau, de 40 años, que le sacó más de 16 horas de ventaja. “Durante los primeros 50 kilómetros corres con los músculos, y el resto, con la mente; la preparación mental es la base del edificio”, opina Chaigneau, un bioquímico que hace un año y medio abandonó su trabajo en unos laboratorios para dedicarse plenamente a este deporte. Es uno de los pocos, poquísimos, que pueden vivir exclusivamente de las carreras, quizás el único junto al catalán Kilian Jornet, considerado el mejor del mundo, y con quien suele entrenarse en la Alta Saboya.
Chaigneau ha vivido en primera persona la eclosión de las carreras de montaña, que, a su juicio, reúnen a una nueva comunidad de deportistas procedentes de dos mundos, el del maratón y el del trekking. Francia es el país de referencia, el que marca tendencia, el que organiza ultratrails en todo el mundo. “Es un fenómeno muy reciente, en sólo diez años hemos pasado de tener una decena de pruebas a las más de 3.000 actuales en Francia”, apunta Chaigneau. El boom llegó en el 2003 con el Ultratrail del Montblanc (UTMB), que el próximo 31 de agosto reunirá a 2.300 participantes dispuestos a salvar 166 kilómetros con 9.500 metros de desnivel positivo (subidas), en un máximo de 46 horas. Kilian Jornet firmaba el año pasado su tercera victoria en el UTMB con récord incluido: 20 horas y 36 minutos.

Para Chaigneau, el ultratrail más duro es La Diagonale des Fous, en la isla de Reunión, de 162 kilómetros y 9.643 metros de desnivel positivo; no tanto por la distancia como por tener que lidiar con un terreno incomodísimo, con largos tramos de piedras y rocas. “Es importante no correr demasiados ultratrails al año si quieres mantenerte a un buen nivel, como mucho me apunto a tres o cuatro; luego, sí, hago otros seis o siete más cortos, de unos 80 kilómetros. Al acabar la Transgrancanaria necesito diez días para recuperarme, durante los cuales no hago absolutamente nada, me limito a pasear con mis hijos, de cuatro años y cuatro meses”, cuenta Chaigneau.
Cien, 200, 300 kilómetros…; 10.000, 20.000 metros de desnivel. ¿Quién da más? ¿Son pruebas para extraterrestres? La Tor des Geants propone recorrer 330 kilómetros sorteando 24.000 metros de desnivel positivo, como subir tres veces un ochomil, pero en el valle de Aosta y en un máximo de 150 horas. ¿Cuál es el límite? “No hay límite”, sentencia la brasileña Fernanda Maciel, de 32 años, la ganadora femenina de la Transgrancanaria y quinta de la clasificación general, con un tiempo de 15 horas y dos minutos. Luciendo en su nalga derecha un generoso tatuaje de Durga, diosa de la fertilidad en India, Maciel baja las escaleras de su hotel de Las Palmas a la mañana siguiente de la Transgrancanaria. Sonriente, relajada, aparentemente sin signos de cansancio, espeta: “Me siento muy bien, excepto un dolorcillo detrás de una rodilla; he disfrutado al ciento por ciento de la carrera, he disfrutado del paisaje, de tanta gente animándome. Cuando corro me encanta mirar el suelo, las flores, jugar con las piedras…, es como meditar. No he tenido ni dolor de estómago, ni he vomitado… Y si viene el dolor, lo distraigo, me ayudan mucho el yoga y la meditación”.
Cien, 200, 300 kilómetros…; 10.000, 20.000 metros de desnivel. ¿Quién da más? ¿Son pruebas para extraterrestres? La Tor des Geants propone recorrer 330 kilómetros sorteando 24.000 metros de desnivel positivo, como subir tres veces un ochomil, pero en el valle de Aosta y en un máximo de 150 horas. ¿Cuál es el límite? “No hay límite”, sentencia la brasileña Fernanda Maciel, de 32 años, la ganadora femenina de la Transgrancanaria y quinta de la clasificación general, con un tiempo de 15 horas y dos minutos. Luciendo en su nalga derecha un generoso tatuaje de Durga, diosa de la fertilidad en India, Maciel baja las escaleras de su hotel de Las Palmas a la mañana siguiente de la Transgrancanaria. Sonriente, relajada, aparentemente sin signos de cansancio, espeta: “Me siento muy bien, excepto un dolorcillo detrás de una rodilla; he disfrutado al ciento por ciento de la carrera, he disfrutado del paisaje, de tanta gente animándome. Cuando corro me encanta mirar el suelo, las flores, jugar con las piedras…, es como meditar. No he tenido ni dolor de estómago, ni he vomitado… Y si viene el dolor, lo distraigo, me ayudan mucho el yoga y la meditación”.

El punto de salida en Playa del Inglés
Maciel creció corriendo por las montañas de Belo Horizonte y desde hace tres años vive en el pueblecito leridano de Coll de Nargó. En España, reparte su tiempo entre el deporte (los ultratrails, la escalada, la bicicleta) y su trabajo en la oenegé estadounidense Outward Bound, tras aparcar su profesión de abogada ambientalista.
La atleta brasileña se proclamó vencedora de la North Face Transgrancanaria después de que la organización descalificara a Emma Roca, que había llegado primera, por saltarse un polémico control (según la corredora, no estaba señalizado). Antes, apenas se veían mujeres en estas competiciones; en la Transgrancanaria acabaron 26 además de Roca, una bioquímica de 41 años que tras dar clases en la Universitat Autònoma de Barcelona se pasó al grupo de rescate de los bomberos de la Generalitat para poder vivir en plena naturaleza, en la Cerdanya, junto a su marido y sus tres hijos. Ahora prepara su tesis doctoral sobre el perfil bioquímico y fisiológico de un ultrafondista y entrena cada día en el patio de su casa, en las montañas que rodean el pueblecito de Talló.
La prueba reina de la Transgrancanaria, la de 123 kilómetros (también hay las modalidades de 96, 42 y 24 km), arrancó la medianoche del viernes 2 de marzo en Playa del Inglés, con un total de 309 participantes, de los cuales acabaron 214. A las 12 horas, 54 minutos y 19 segundos del sábado cruzaba la meta Sebastien Chaigneau. Treinta y dos minutos después, el segundo, Armando Teixieira, y, poco a poco, el resto, hasta antes de las 7 de la mañana del domingo. En la playa de Las Canteras de Las Palmas, un ejército de masajistas, médicos, enfermeros, cocineros… ayudaba a los participantes a reponerse. Unos más tocados que otros.
La atleta brasileña se proclamó vencedora de la North Face Transgrancanaria después de que la organización descalificara a Emma Roca, que había llegado primera, por saltarse un polémico control (según la corredora, no estaba señalizado). Antes, apenas se veían mujeres en estas competiciones; en la Transgrancanaria acabaron 26 además de Roca, una bioquímica de 41 años que tras dar clases en la Universitat Autònoma de Barcelona se pasó al grupo de rescate de los bomberos de la Generalitat para poder vivir en plena naturaleza, en la Cerdanya, junto a su marido y sus tres hijos. Ahora prepara su tesis doctoral sobre el perfil bioquímico y fisiológico de un ultrafondista y entrena cada día en el patio de su casa, en las montañas que rodean el pueblecito de Talló.
La prueba reina de la Transgrancanaria, la de 123 kilómetros (también hay las modalidades de 96, 42 y 24 km), arrancó la medianoche del viernes 2 de marzo en Playa del Inglés, con un total de 309 participantes, de los cuales acabaron 214. A las 12 horas, 54 minutos y 19 segundos del sábado cruzaba la meta Sebastien Chaigneau. Treinta y dos minutos después, el segundo, Armando Teixieira, y, poco a poco, el resto, hasta antes de las 7 de la mañana del domingo. En la playa de Las Canteras de Las Palmas, un ejército de masajistas, médicos, enfermeros, cocineros… ayudaba a los participantes a reponerse. Unos más tocados que otros.
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.







