24/02/2008

Una odisea a dos voces

Texto de Suso Pérez
Jean-Pierre Dick y Damian Foxall ganaron la primera edición de la Barcelona World Race, una regata alrededor del mundo para dos tripulantes. Dick, patrón y artífi ce del proyecto del que surgió el velero Paprec-Virbac, explica en estas páginas la aventura de esa vuelta al mundo.
El Paprec-Virbac, vencedor de la regata Barcelona World Race, navega a la izquierda en el estrecho de Cook, en Nueva Zelanda, durante la vuelta al mundo. A la derecha, muestra su velocidad en otro momento
“Tres días después de salir de Barcelona llegamos al estrecho de Gibraltar delante de los ocho barcos con los que competíamos. Así que, antes de salir del Mediterráneo, Damian y yo nos miramos y dijimos: tenemos un buen barco y vamos a ganar.” Jean-Pierre Dick, el patrón francés del Paprec -Virbac, supo pronto que tenía un barco para ganar la Barcelona World Race, la competición puesta en marcha por la capital catalana para dar la vuelta al mundo con dos tripulantes en veleros de la clase Imoca Open 60 (de 18 metros de eslora). Era la primera regata del velero, construido pocos meses antes en Nueva Zelanda, pero estaba claro que era rápido. Dick se había encargado personalmente de lleva rlo hasta Europa navegando desde Auckland, donde fue botado a comienzos del 2007. “Cuando ganamos esa primera etapa en Gibraltar, nos sentimos más confi ados en nuestras posibilidades. Pero en realidad fue más importante lo que yo llamo ‘la batalla de Málaga’, donde desestabilizamos al PRB, que ya veíamos que era nuestro gran rival. Íbamos muy rápidos, con el barco en ceñida, y los sobrepasamos. Ellos se quedaron en una zona de calma y fi nalmente nosotros cruzamos Gibraltar los primeros. Allí creo que perdieron mucha confi anza y nosotros nos convencimos de que podíamos ganar.” El codo a codo del Paprec-Virbac con el PRB continuó a lo largo de la bajada del Atlántico y mantenía su intensidad cuando la cabeza de la fl ota llegó al Gran Sur, esa zona del mundo donde ya no hay tierra, sólo los mares que rodean la Antártida. Son las latitudes de los cuarenta rugientes y los cincuenta bramadores, llamadas así tradicionalmente en alusión a los sobrecogedores sonidos que produce el viento en la jarcia de los veleros. Una zona tan inhóspita que el viento da la vuelta al hemisferio sin obstáculos que lo frenen y acaba produciendo temporales inclementes y olas montañosas. “En una regata de vuelta al mundo, lo importante es llegar cuanto antes al Gran Sur y coger los trenes de borrascas que llegan del oeste. Es un momento clave y lo solemos llamar ‘el paso a nivel’. Si lo encuentras abierto, puedes adelantar mucho a los que se lo encuentren cerrado. Luego, en el Gran Sur, lo que puede marcar la diferencia es la capacidad de ataque de cada uno en condiciones de viento y mar que pueden llegar a ser muy duras.” Lo cierto es que muy poco después del “paso a nivel” se produjo el gran cambio de escenario en la regata: el PRB sufrió la rotura del mástil y se vio obligado a abandonar la competición y poner rumbo a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. “Tras la rotura del PRB, la carrera se volvió diferente. Seguimos gobernando la embarcación de forma similar, pero lo cierto es que aumentamos nuestra vigilancia.”
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