Olímpicos Natación
Mireia Belmonte

Mireia Belmonte García Badalona, 10/XI/1990
Club CN Hospitalet
Especialidades 200 y 400 estilos, 200 libres, 4x100 estilos y 4x200 libres
Marcas Temporada 2007-2008: campeona de España en 200 y 400 estilos, 200 mariposa y 4x100 estilos. Récord de España en 400 y 200 estilos, 200 mariposa y 200 braza.
Plata en 400 estilos en el Europeo de Debrecen (Hungría). Oro en 200 estilos y bronce en 200 mariposa en el Europeo de Eindhoven (Países Bajos). Plata en 200 estilos y bronce en 400 estilos en el Mundial de Manchester.
Lo primero que llama la atención en Mireia Belmonte es un destello de ojos deslumbrante. Como si el cloro de las piscinas le hubiera azulado aún más los iris. Después, uno repara en la contradicción de una chica que con apenas unos meses de vida fue sumergida en una piscina y que aún recuerda cómo lloraba durante los cursillos de natación. Aquellas lágrimas de asombro llevaban implícitas un pacto con el agua que se forjaría a raíz de una circunstancia congénita. Por una desviación de la columna, los médicos le prescribieron la natación. Tenía cuatro añitos. De la necesidad, virtud, pues.
En su corta vida deportiva ha cosechado ya éxitos rotundos y medallas de oro. El orgullo de un esfuerzo tan continuado, siempre que la ocasión viene a cuento, lo sublima mostrando a los facultativos que le van controlando de año en año los recortes de prensa con metas y récords conseguidos. Hoy, con 17 años, esta deportista de Badalona competirá en Pekín. Estar en unos Juegos Olímpicos cuando su infancia no es aún una patria muy lejana parece un sueño. No ha tenido tiempo de mitificar nada. Naturalmente, los primeros balbuceos del recuerdo están en aquellas no tan lejanas y asiduas aguas que ya no ha dejado de tomar. Quizá sus recuerdos nunca se han movido de allí. Atrás quedan los nueve años que pasó en el colegio de monjas asuncionistas de su ciudad, los flashes de la hora del patio, los amigos y amigas, algunos de los cuales aún conserva, y la idea de que ya en la escuela se encontró con gente educada y gente que no lo era.
Pero el deporte muy pronto penetró en sus venas. Estuvo un año practicando el tiro con escopeta e incluso, de los nueve a los diez años, probó suerte con el tenis de sábado en sábado. Al repasar disciplinas aje-nas, la nadadora se inclina por la fórmula 1, la gimnasia rítmica y ar-tística y el atletismo. Y entre los antecedentes familiares, Mireia anota con naturalidad que mientras su padre jugaba al rugby, su madre exhibe un pasado propio como futbolista. Tan disciplinada como pletórica de ilusiones, tan risueña como metódica en su afán de superarse y mejorar marcas, Mireia Belmonte habla casi tan velozmente como nada. Es difícil perseguir su halo de voz, gota tras gota, para amarrarla en tierra. Ella es agua. Se levanta a las siete, y al cabo de media hora ya está en la piscina. Que alguien compruebe como incluso en invierno desafía los fríos amaneceres con sus entrenamientos al aire libre. Compagina la piscina y la sesión de pesas con los estudios.
La natación, escuela de valores
Cuando a una persona que es capaz de tanto esfuerzo se le habla de entrega y abnegación, claro, al reflexionarlo no tiene más remedio que admitir que es así. ¿Qué reacción experimentar, no obstante, cuando uno ve que los amigos llevan una vida más regalada? Los amigos ven las cosas a su modo. “Qué suerte tienes de viajar tanto”, le envidian. Y ella, para dentro, se lamenta de que apenas puede ver a sus padres. La natación se ha ido convirtiendo en la escuela de la vida, con sus valores incorporados y todo el bagaje que será útil para el día de mañana.
Mientras el bañador se escurre, a la chica le chifla salir de compras, no tanto para acaparar ropa, que ya se la regalan, como para husmear en los detalles y los complementos. Es un universo que le hechiza: las pasa-relas, las revistas, las modelos. Un día imagina al menos posar en alguna sesión fotográfica. Por la edad, lo atrapa todo: de cine, las películas románticas y cómicas, y de música, el rap y reggaetón, enganchada a los auriculares. En su horizonte próximo está terminar el bachillerato para enfrentarse a la selectividad el año que viene. Le gusta el mundo de la economía y asegura que estudiará empresariales para montar sus propios negocios. Es consciente de que la vida de los deportistas no es muy larga, y ella aún la acorta más al comentar que una nadadora, a partir de los 25 años, debe pensar en retirarse. Es entonces cuando conviene tener previsto un cambio de oficio, aunque la práctica de la natación seguro que de un modo o de otro nunca la abandonará. De momento está en lo suyo, cuida su dieta para mantener el peso ideal, pero la rebosante juventud que desparrama por todos sus poros le permite pasarse un día con pizza y chocolate si quiere.
Mireia posee un cuerpo escultórico, proporcionado, ni chato ni espigado; es desenfadadamente expresiva, con el ademán gestual desbocado, irremediablemente latino, que corona con la cascada de una risa franca y fácil. Derrocha pícara coquetería, armada incluso de unas largas y blancas uñas sobrepuestas que son tan sólo el florete que esgrime su autoexigencia. Cuando contempla hasta dónde ha llegado en su temprana edad, de repente le parece que todo ha resultado sencillo, pero en realidad no ha sido así. Como todo aquel que persigue retos difíciles, Mireia posee la facultad de alcanzar los objetivos que se propone, no como algo sobrenatural sino porque es un don propio del que es consciente y que cultiva lo mejor que puede.















