13/07/2008

Ruth Beitia

Texto de Jaume Collell
Fotos de Àlex Garcia

No podía ser la oveja negra. Es la quinta de cinco hermanos, todos atletas. Los padres, además, son jueces de atletismo. Su marido, lanzador de jabalina. Ella, saltadora de altura.

Santander
1/IV/1979
1,92 metros
71 kilos
Club Atlético Valencia Terra i Mar
Especialidad Salto de altura
Marcas
• Campeona de España absoluta en pista cubierta del 2002 al 2008
• Plusmarquista de España absoluta al aire libre, en el 2007, con 2,02 metros
• Compite en los
JJ.OO. de Atenas 2004
• Obtiene el bronce en los campeonatos mundiales de pista cubierta de Moscú (2006) y la plata en los Europeos de Madrid (2005)
• Ha participado en los campeonatos mundiales al aire libre en París (2003), Helsinki (2005) y Osaka (2007)
 

Con 29 años viajará a Pekín para arrancarse la espina de Atenas, en donde un esguince le restó posibilidades y no pudo pasar a la final. Los 1,92 metros de estatura de Ruth, con los que ha superado ya los dos metros en salto de altura, han ido creciendo centímetro a centímetro desde que a los 6 años empezó a correr y saltar por la pista. Este 2008, sin duda, es su año porque se halla en plena madurez física.
Claro que, como mujer y como deportista, repasa dilemas ante los que deberá pronunciarse. Primero, el reto de la maternidad que, tarde o temprano, deberá resolver. Después, la previsión de una actividad alternativa para cuando deje el deporte de elite. Por ello, está terminando los estudios de fisioterapeuta, mientras hace prácticas en un centro de salud. Esta doble consideración dibuja a una Ruth reflexiva y organizada, hogareña y familiar, muy consecuentemente cántabra. Nadie de ellos se ha movido de Santander.
El paraíso de niña está esculpido en el barrio alto de la ciudad que, contra el tópico, es de extracción obrera. Ruth nació alegre e hiperactiva y, por ello, callejera y rebeldilla. Jugaba al escondite del mismo modo que salía a pescar. Recuerda ir del brazo de su madre a acompañar a los hermanos a entrenarse y los recreos en los que en una misma pista rebotaban cinco o seis balones a la vez. La transfiguración de la pequeña, no obstante, se producía los días que tocaba vestir chándal, como si se tratara de una investidura tribal.

Los jj.oo. de barcelona, en vídeo
Los dioses empezaron por encarrilarle en las carreras de fondo. Siempre estaba entre las tres primeras. Cada domingo, pues, era sinónimo de trofeo. Con 11 años, el entrenador le hizo probar otras modalidades. La pista y la longitud no se le daban mal. La devoción creció cuando, con ocasión de los Juegos de Barcelona, en casa compraron un vídeo para grabar las pruebas. A los 13 años, ya se adentró en el salto de altura.
Hoy, tras cinco años como atleta profesional, el 50% de su rendimiento lo debe a su actual entrenador, Ramón Torralbo al que, para sortear la rutina de su especialidad, intenta engatusar para que la deje jugar a voleibol, deporte ideal que se complementa con el del salto de altura: corres, te desplazas y saltas. Al margen de ello, Ruth apuesta por el patinaje artístico y la gimnasia rítmica mientras rememora la figura del saltador cubano Javier Sotomayor, récord mundial con 2,45 metros. Haberlo conocido personalmente en el Santander de su infancia le permitió hacerse con un autógrafo que guarda como un preciado trofeo.
Un día en la vida de esta deportista santanderina necesitaría al menos treinta horas. Suele levantarse a las ocho, desayuna, lee y estudia hasta que llega la hora del entrenamiento. Las tardes no están más vacías: siesta, un poco de tele, universidad y más horas de entrenamiento. Ruth salvaguarda el ritual de tomarse una cerveza junto a su marido y a su entrenador, que se autoimponen una regla de oro: no hablar nunca de atletismo. Tras la cena y un poco más de tele, al filo de la medianoche, la cama le espera puntualmente. Acostumbrada a los alimentos sanos, todo a la plancha, suele comer de todo. Le gusta comprar donde lo hacen su madre y su abuela. Y disfruta cocinando. La imaginación le empuja a descubrir nuevas formas de cocción de la pasta y a innovar constantemente su carta de ensaladas. Es cuidadosa, pero si es cuestión de saltarse alguna privación, opta por las patatas fritas y el chocolate.
Ruth no es una chica de noches, sino de mediodías, eso sí, con estas sobremesas cargadas de cháchara. Por el oficio pone en cuarentena la oportunidad de viajar. En los viajes se conoce todo pero no se conoce nada. Pasear, leer, cantar, estos son los pequeños placeres de la atleta. Y un sueño por cumplir. Le encanta Manolo García, pero nunca ha tenido ocasión de verle en directo. Y no tan sólo le gustaría conocerle, sino quién sabe si cantar con él.


Se maquilla para saltar

¿Por qué a las personas que consiguen alcanzar las metas trazadas les brillan intensamente los ojos? La aspersión verde de la mirada de Ruth regala querencia alrededor, al tiempo que reclama ser querida. Lo delatan sus inocentes mejillas, salpicadas tan sólo por un leve mapa de pecas. Todo ello encaramado en un esqueleto de casi dos metros, delgado y escurridizo. La saltadora va provista de un buen grifo verbal. La palabra, a veces, oculta el gesto. El gesto, a veces, deriva en un exceso de teatralidad, pero ella es buena.
Ruth prepara sus actuaciones atléticas ante el espejo de maquillaje. Se pintarrajea los labios y se da una pizca de colorete como si se tratara de salir al escenario. Es chica de tendencias y por esto también escoge la ropa, como si diseñara el figurín de su personaje para el día del estreno. De tal modo controla todo lo que forma parte de su trabajo. Son muchos horarios en liza: vuelos, comidas, llamadas, competiciones. No es posible dejar huecos a la improvisación. Por el envés, Ruth Beitia es una esponja, todo corazón, muy amiga de sus amigos, que aguanta el tipo, aunque después, en la soledad, el grifo de las palabras se trueque en chorro de emociones.°

Más allá de los dos metros
“El salto de altura femenino vive el mejor momento de su historia. Están Vlanka Vlasic, Tia Hellebaut o Yelena Slesarenko… Y también está Ruth Beitia”, contaba hace un año Juan Carlos Álvarez, uno de los principales entrenadores españoles en saltos (cuenta con Carlota Castrejana, Concha Montaner y Patricia Sarrapio). “Beitia está entre las más grandes. Y eso indica que nuestro atletismo goza de un magnífico nivel.” Hace tiempo que se habla de Ruth Beitia, deportista atípica, la primera española que pasó de los dos metros en el salto de altura (lo hizo en el 2003): se trata de una mujer que gana medallas y bate récords, pero que también va a la universidad (tercero de Fisioterapia), que se exprime en casa y que ayuda a sus padres. Alguna vez ha atendido a una entrevista telefónica mientras compartía fogones con su madre, en la residencia familiar en Santander: “Llevo unos horarios rarísimos. ¡Es que lo quiero hacer todo!” No es un caso único: Naroa Agirre, pertiguista, combina el atletismo con su trabajo como actriz en una serie televisiva vasca. Y Carlota Castrejana, triplista, está en plantilla en un bufete de abogados en Madrid.
En plena madurez profesional (29 años), Ruth Beitia sigue brindándose un largo futuro atlético: se ve entre las más grandes por más tiempo, al menos hasta que se desarrolle Gema Martín Pozuelo, ocho años más joven. “Gema me va quitando récords, como yo le hice a Marta (Mendía). Tiene una calidad impresionante y es rápida sobre el listón. Pero yo no he perdido la ilusión. No me considero una atleta mayor para nada. Mi carrera no se acaba en Pekín.”
Texto de Sergio Heredia
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14 de marzo
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