Olímpicos Waterpolo
Relevo hacia la gloria
Un éxito bajo presión
"Duele mucho que te traten como un mueble viejo", se lamentaba Joan Jané, legendario seleccionador español de waterpolo, en el 2004. Se lo habían llevado por delante los cambios institucionales, la llegada de un nuevo presidente, Juan Koninckx. El asunto implicaba sus complejidades, sus riesgos. En sus once años en el cargo, Jané había convertido a la selección en un equipo extraordinario, sin duda el mejor de la historia. Amparado por el fallecido Jesús Rollán en la portería y por el estupendo Manel Estiarte en la vanguardia, había ganado dos títulos mundiales y un oro olímpico. Sin embargo, todo se torció en el Mundial de Barcelona 2003 (quintos) y en los Juegos de Atenas 2004 (sextos). La Federación entendió que hacía falta un cambio de ciclo. "Y a mí me arrinconaron. Algo que me entristeció y me decepcionó", dijo Jané.
A su estela apareció Rafael Aguilar, un delfín de Jané, seleccionador de los júniors y entrenador del CN Terrassa, cuyo recorrido despertaba suspicacias. Se dijo que le faltaba experiencia, que el peso de la responsabilidad se le vendría encima. Enfrascado en un proceso de regeneración –desaparecía el bloque de Jané, con la excepción de Iván Pérez–, Aguilar pidió tiempo. Recorrió clubs y frecuentó vestuarios, buscó complicidades y formó el núcleo de su proyecto. Sometido a múltiples presiones, compareció en el Mundial de Montreal, en el 2005, cuando su bloque era aún un embrión. Salió fortalecido, con un quinto puesto. A partir de ahí, el conjunto creció. Lo avalan el bronce en el Europeo del 2006 (Belgrado) y el bronce del Mundial del 2007 (Melbourne).
Texto de Sergio Heredia
















