20/07/2008

Fútbol sin muros

Texto de Soledad Puértolas
El éxito de la selección en la Eurocopa remite a la omnipresencia del fútbol en la sociedad española pero también muestra la nueva imagen de un país que se sacude viejos complejos.

Superada la maldición de quedar eliminada en cuartos de final, España pasó a convertirse en una de las selecciones favoritas de la Eurocopa 2008 gracias a la calidad técnica de sus jugadores, representada por Xavi, que fue elegido el mejor jugador del torneo. El espíritu de equipo, reflejado en jugadores como Güiza, que marcó un bello gol a Rusia, y los demás suplentes, elevó la moral del grupo. El gol de Torres en la final frente a Alemania fue el colofón de una trayectoria brillante

Ese era su principal orgullo, un orgullo de equipo, de buen juego. Esos jóvenes triunfadores, nacidos en diferentes puntos de España, subidos al estrado de la plaza de Colón, en Madrid, son el símbolo de esta sociedad que tanto nos ha costado construir. Aquella España de tonos grises y muchas zonas oscuras ha dado paso a esta marea de color, de diversidad, con la que todos podemos identificarnos porque lo que está ante nuestros ojos es la obra bien hecha, con ganas, y un deseo que flota sobre la fiesta: que seamos capaces, todos, de jugar bien, de conceder al juego la importancia que tiene y, más allá de las estridencias y las exageraciones, confiar en las facultades de quienes no están marcados por resentimientos y rivalidades ni se sienten obligados a hacer una demostración de fuerza racial o nacional.
Cuando se juega, se puede perder. Aun jugando muy bien, se puede perder. La gran alegría se produce cuando, habiendo jugado muy bien, se gana. Entonces se cumple el vaticinio de Píndaro: “Cuando Dios esparce sus luminosos rayos, la brillante luz está en el hombre, y la vida es tan dulce como la miel”.
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