Gervasio Deferr
Equilibrio perfecto

GERVASIO DEFERR
Barcelona 7/XI/1980
1,65 metros
69 kilos
Especialidad: Gimnasia artística
Marcas:
• En suelo: plata en el Mundial de Tianjin (1999), plata en el Europeo de Bremen (2000), plata en el Mundial de Debrecen (2002) y plata en el Mundial de Stuttgart (2007)
• En salto: oro en los JJ.OO. de Sydney (2000) y oro en los JJ.OO. de Atenas (2004)
La plaza Catalunya de Premià de Mar fue su campo de fútbol infantil. Un juego remoto ese de dar patadas a una pelota que Gervasio Deferr prolongó de domingo en domingo y de pueblo en pueblo, pero también recuerda el escondite y el pote, todos aquellos entretenimientos que los niños aprenden, unos de otros, y que reinventan constantemente. Gervasio conserva una amiga de la infancia, Andrea, casi una hermana, en cuya casa fructificaban esta y otras complicidades. Pero los impactos atléticos del pequeño héroe olímpico pronto se desgajan de las diversiones de los demás mocosos.
Con cinco años ya se entrena en Premià, y a los seis se apunta al centro de la Fuixarda de Barcelona, del que han salido aplicados atletas y gimnastas. Primero compagina los estudios con los entrenamientos, a los que dedica un tiempo por la tarde, hasta que a los nueve años ya añade sesiones de mañana. La primera vez que acude a una competición, en 1988, es en una Copa de España en la que queda último, pero no importa, se trata de un open y, en realidad, está orgulloso de haber participado.
Estando en la Fuixarda es tan grande la afición del muchacho que incluso durante las horas de comer se queda en el gimnasio para ejercitarse sobre las colchonetas y jugar al voleibol. El año olímpico de Barcelona se le quedará grabado por más de una circunstancia. Gervasio tiene once años e ingresa en el Centre d’Alt Rendiment Esportiu de Sant Cugat.
Una carrera obstinada
¿Cuándo percibe, no obstante, que la gimnasia debe convertirse en profesión? Naturalmente, el cambio de mentalidad va parejo al resurgir de la pubertad. A partir de los catorce años se da cuenta del reto y asume las dificultades del oficio con todas sus consecuencias. A los quince años llega a la semifinal del Campeonato de Europa, a los dieciséis ya participa en el Campeonato Mundial. Sin duda ha dibujado una carrera de hormiguita obstinada, constante, rebosante de logros consecutivos. Así alcanza lo más alto de su actual palmarés.
Durante estos últimos meses, ha estado entrenando metódicamente en el centro Joaquín Blume de Madrid. Tiene novia, que es atleta, pero de momento vive solo. Es un tipo muy familiar. Tan adusto y ensimismado como tenaz y resuelto. Cuando no está en lo suyo, disfruta con sólo estar en casa. Es un apasionado de los animales. Vive con cuatro perros y un camaleón. Los padres, argentinos, le transmitieron no tan sólo la pasión por conocer el país, sino los secretos de un buen asado.
Come bien, salvo cuando se permite una pizza, un postre de chocolate o alguna salida esporádica a los establecimientos de fast food. Ahora, aunque los padres están separados, regresa a menudo al otro lado del Atlántico. De Europa, le encantan París e Italia.
Gervasio se confiesa buen lector, con una nómina de autores variados y suculentos: Bukowski, Dostoievski, Saramago y Ruiz Zafón. En música, sus gustos también forman un abanico dispar: hip hop español, Violadores del Verso, Bob Marley, Queen y Silvio Rodríguez. Cuando deje el deporte, no se ve muy lejos del entorno donde ha forjado su personalidad. Se dedicará a algo relacionado con la gimnasia o con los animales, su otro delirio. De pequeño llegó a coleccionar hasta seis perros, animal del que adora su fidelidad y compañía.
















