24/08/2008

Los domadores del viento

Texto de Xavier Aldekoa
Fotos de Marc Arias
¿Es posible domar el viento? ¿Y volar en el agua? Sí, el windsurf puede.  Por eso ya hay miles de atrapados por el magnetismo de las olas. Y Pozo Izquierdo, un pueblo al sur de Gran Canaria, es su paraíso particular.

Durante la prueba del Campeonato del Mundo de surf a vela en Pozo Izquierdo, los mejores especialistas del mundo se reúnen en apenas un kilómetro de playa



Las gemelas Ruano suscriben las palabras de Víctor y dibujan su perfil del prototipo de surfista a vela. “Por lo general, somos gente bastante independiente. Este es un deporte difícil al principio, y hace falta un carácter inquebrantable, que no se rinda nunca y quiera superarse; y luego, claro, es importante que se divierta”, señala Daida. En cuanto termina la frase, Iballa recoge al vuelo las palabras de su hermana para poner los puntos sobre las íes: “Y luego están los viajes, te tiene que gustar viajar porque si te dedicas a esto vuelas a muchos sitios, conoces lugares y gentes geniales, aunque también es un poco duro pasar tanto tiempo en aeropuertos”.
Hawái, islas Fiyi, Australia, Cabo Verde, islas Mauricio... Preguntar a un windsurfista cuál es su playa favorita es recibir un curso acelerado de geografía costera. Todos llevan consigo pasaportes llenos de visados a los lugares más exóticos del planeta. Un privilegio al alcance de pocos y que alimenta el tópico de que en el windsurf todo es darse la gran vida, tumbarse a tomar al sol, lucir tipito con la tabla bajo el brazo y darse un chapuzón antes de la enésima fiesta de la semana. Pero no en competición. A las diez de la noche, la mayoría suele recogerse a descansar, muertos de cansancio después de seis horas navegando.
Otra cosa es la afición al surf. En auge desde hace unos años, la moda y el culto al cuerpo han hecho acto de presencia en las playas donde se reúnen fanáticos de las olas. Las grandes marcas ya se han puesto manos a la obra, y los estantes de las principales tiendas están llenos de ropas de diseño y accesorios que cambian cada temporada. No sólo hay que ser windsurfer, también hay que parecerlo. Para Víctor, la popularización del surf tiene mucho que ver con la estética. “Ahora hay gente que lleva una tabla de surf bajo el brazo y dice que es surfero, aunque casi nunca navegue durante el año, pero eso siempre pasa cuando un deporte se hace grande: hay locos por el windsurf y otros que llegan atraídos por la imagen, es normal.”
Muchas cosas han cambiado desde que en 1968 el windsurf asomó la cabeza cuando dos californianos apostaron a que era posible unir una vela a su tabla de surf. Y es que, no hace tanto, se miraba como un bicho raro a quien iba cargado de aquí para allá con una tabla gigante o las pasaba canutas buscando material adaptable para los más bajitos. Ahora ya hay equipos especiales para niños, mayores y viejos. El windsurf se ha hecho mayor.
También el pueblo de Pozo ha crecido de la mano del surf. Juan, que hace un lustro que se jubiló después de toda una vida de albañil en el pueblo, asoma la cabeza desde la calle principal para ver la competición. Desde su casa también se ve el mar, pero él prefiere cumplir ritual en el bar de enfrente y recargar fuerzas con un cafelito camuflado de conversación y partida de mus. A veces, hablan del paso del tiempo. “Hace veinte años aquí no había electricidad ni la carretera estaba asfaltada; esto ha cambiado mucho gracias al windsurf, el pueblo ha prosperado una barbaridad”, evoca en voz alta.
Pese a todo, las calles de Pozo permanecen inalterables cuando su población se triplica durante el Campeonato del Mundo. Aunque se mire de reojo al mar. “Las gemelas de Pepe Ruano –Daida e Iballa– vivían allí detrás, pero ellas estaban siempre en el agua. Dicen que son bastante buenas, ¿no?” Pese a las modas, Juan no estira su pulgar y su meñique para despedirse. Quizás viva en el paraíso del windsurf, pero los saludos y los símbolos surferos, como el que popularizó Ronaldinho, los deja para las nuevas generaciones del pueblo. Él prefiere el apretón de manos y mirar a los ojos para decir adiós.

EL PRESENTE

Daida e Iballa Ruano. Pozo Izquierdo (Gran Canaria). 30 años. Gemelas de leyenda

Con 15 años, las gemelas Ruano tiraban piedras a los windsurfistas que se acercaban a la playa de su Pozo Izquierdo natal. Eran sus enemigos. A ella les iba más el bodyboard, deslizarse sobre las olas tumbadas sobre una tabla muy corta. Pero un día todo cambió. “Un vecino iba a tirar una tabla de wind, se la pedimos y ahí empezamos a navegar”, recuerda Daida. Tenían 17 años y no tardaron en coleccionar campeonatos del mundo hasta convertirse en dos de las figuras más admiradas del mundo. Y rivales. “Fuera nos llevamos muy bien, pero en el agua no pienso que es mi hermana, sólo quiero superarme”, señala Iballa. Por eso hoy son casi leyendas. Y quieren aprovecharlo para ayudar a las demás. Desde el año pasado organizan un clinic en Pozo con las 40 mejores windsurfistas jóvenes para dar un empujón a las nuevas campeonas del futuro.

Víctor Fernández. Almería. 24 años. Campeón en detalles

Víctor salta como nadie, pero los demás le proclaman campeón también fuera del agua. Todos hablan maravillas de la simpatía de este almeriense, aspirante a suceder al gran Dunkerbeck. A los cinco años empezó a soñar con ello. A los doce, su padre le retó: “Si aprobaba todo, me enviaba el verano a casa de un amigo a Pozo para practicar en las mejores olas”. No suspendió jamás. El año pasado fue segundo en el mundial de olas y este año lleva la directa hacia lo más alto. Esfuerzo y perseverancia no faltarán. Pero en sus respuestas hay más detalles que afán de victoria: “¿El mejor lugar donde navegué? Madagascar, un paraíso de aguas cristalinas y olas perfectas... y rodeado de gente del lugar, pobres, sencillos y con una amabilidad que me marcó”.

EL FUTURO

Philip Köster. Vargas (Gran Canaria). 14 años. Un niño entre gigantes

Fuera del agua, Philip Köster no parece tener 14 años. Nació en Vargas, Gran Canaria, pero su imponente físico y su cabellera dorada delatan que la sangre alemana de sus padres corre por sus venas. Y en el agua aún crece más. Su inocencia y su humildad en tierra se transmutan en desparpajo sobre la tabla. En Pozo se coló entre los mayores y eliminó a varios sin pestañear. Casi le sabía mal. “Es alucinante poder competir con mis ídolos”, decía en combate abierto con su timidez. Víctor Fernández, estrella mundial, ya hablaba por él: “Es el futuro, su progresión es brutal, y es especial. Llegará muy lejos”.

Sarah-Quita Offringa. Aruba. 17 años. Candidata al trono femenino

A Daida Ruano se la llevaban los demonios. Un bufido de ira era su única respuesta a la prensa reunida en Pozo o al saludo de un seguidor despistado. Acababa de perder la final de freestyle en la prueba más importante del mundial. En la playa, Sarah, recién abandonados los 16, sonreía sabiéndose firme candidata al trono del windsurf femenino de la modalidad. En el 2006 y el 2007 acabó segunda. A lo lejos, su madre la miraba con el orgullo de quien sabía que el momento llegaría. Originaria de Aruba, en el Caribe, Sarah llevaba desde los tres años navegando para triunfar.

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de: E. C. C. | 10/09/2008
Enhorabuena por el reportaje, bien escrito, con el argot adecuado pero sin abusar, y transmite de alguna manera la emoción que sentimos los que practicamos este deporte. Ojalá lo probara más gente.
de: J. Rodriguez | 09/09/2008
A los seguidores del windsurf nos alegra ver este tipo de reportajes. Ojalá las revistas no especializadas en windsurf y las cadenas de TV sepan apreciar el crecimiento de este deporte y le den al wind el reconocimiento que se merece.
de: Vito Guillem Cortes | 22/08/2008
Es todo un placer ver en portada del Magazine la exaltación de un deporte tan minoritario y tan apasionante a la vez, que aporta y a la vez enseña tanto a los que lo conocen y lo practican. Desde aquí animar a todo el mundo a que se interese por este deporte tan espectacular; y que hay vida mas allá del futbol.

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