29/04/2007

60 años de pasión

Johan Cruyff

Texto: Dagoberto Escorcia
Fotos: Pedro Madueño
Uno de los mejores jugadores y entrenadores de la historia del fútbol acaba de cumplir 60 años el día 25. Alejado del primer plano de la actualidad y dedicado a su familia y a su fundación, las opiniones de Johan Cruyff siguen siendo una referencia ineludible en el apasionado debate futbolístico. Aunque su trayectoria deportiva es bien conocida y podría resumirse en que lo ha ganado casi todo, siempre ha procurado dejar al margen su vida personal. Dos de las personas que mejor le conocen, su hijo Jordi y su amigo Joan Patsy, ayudan en estas páginas a descubrir el perfil humano de Johan Cruyff. 
"Es un hombre que va un paso por delante de los otros y por eso quizás hay mucha gente que no lo acaba de entender", define Jordi Cruyff a su padre

“Sesenta sólo son 60, es más importante cumplir los 75”, dice Johan Cruyff como argumento para rehuir todo protagonismo y mantenerse en una posición discreta, conocedor de las pasiones que todavía despierta. De la misma forma que rehúye entrevistas ha eludido participar en los tres libros que este año se han editado en Holanda dedicados a su persona. Dice que los leerá para controlar si hay alguna incorrección, pero nada más.

Cuando hace diez años recibió al Magazine en su domicilio costó arrancarle una foto con sus trofeos: tres Balones de Oro, una Bota de Oro y Mejor Jugador mundial. Aducía que no sabía dónde estaban, porque acababa de mudarse y aún los tenía embalados.  Diez años más tarde, de lo que se siente orgulloso es de su familia. Y lo dice acompañado de su hija mayor, Chantal, que está embarazada por tercera vez.

Este hombre que lo ganó casi todo como futbolista y que fue grande como entrenador -con el Barça, cuatro Ligas y la primera Copa de Europa del club- dice que como padre ha hecho todo lo que ha podido por guiar y aconsejar a sus hijos, pero dejando claro que la vida es “del otro”, que a partir de cierto momento el padre sólo debe estar presente “por si acaso. Entonces es el momento de que cada palo aguante su vela, de que cada hijo busque su manera de vivir”.

Jordi Cruyff así lo hizo. Hoy tiene 33 años y es padre de dos niños. El mayor, Julen, tiene cuatro años, y la pequeña, Danae –“la única niña de la familia”, apunta Jordi- tiene tres años. Jordi, que creció en el Barça, jugó en el Manchester United, fue internacional por Holanda, recaló en el Espanyol, Alavés y Celta de Vigo, milita en el Metallurg, de la ciudad ucraniana de Donetsk. Sobre él siempre pesó el nombre de su padre, como sucede a menudo con los hijos de los grandes fenómenos del deporte, en los que todos esperan ver una reproducc ón del original y aspiran a reconocer el talento del mito. Pero Jordi superó esa prueba. Un examen de educación familiar.

“Lo que más destaco de mi padre es que es muy listo. Creo que es una persona que absorbe toda la información, un hombre que va un paso por delante de los otros, y por eso quizás hay mucha gente que no lo acaba de entender. Mi padre ha ido ganando con los años, ha aprendido de las experiencias y, como fue un hombre al que le tocó trabajar pronto, porque su padre murió muy joven y mi abuela limpiaba los vestuarios del Ajax o hacía un trabajo nada agradable, a los 15 años ya tuvo que luchar por su familia para ayudar a salvar las dificultades. Creo que toda esta experiencia le ha ayudado a ser una mejor persona. Mi padre no es alguien que se deje llevar por lo material. Yo le hago feliz con poco, regalándole botellas de vino de la bodega del ex presidente del Alavés, Gonzalo Antón. Es que, en realidad, no sabría qué regalarle, lo que más aprecia es su familia. Estoy convencido de que el mejor regalo que le podemos hacer es el nuevo hijo de Chantal. Eso le alegrará muchísimo”.

Jordi, que coincidió en el Barça con el esposo de su hermana, el ex portero Mariano Angoy, habla con el corazón, con la mirada del hijo que ha visto en su padre a alguien más que un ídolo del fútbol. Incluso entiende que haya gente que opine lo contrario cuando sostiene que no es un hombre apegado a lo material: “Como todo deportista de elite, mi padre ha tenido que llevar esa coraza protectora. En el deporte, cuando uno se retira sólo le quedan unos pocos amigos y lo que ha ganado. Es normal entonces que haya defendido sus intereses y que haya luchado para que los futbolistas tuvieran su seguro de vida, para que los patrocinadores pagaran el precio de la imagen. Pero todo lo que hizo por él sirvi ó para que otros se beneficiaran”.

Hay un ejemplo que ilustra a las claras esa voluntad de hacer llegar a los deportistas esa percepción de que su trayectoria es breve y tienen que centrarse en su trabajo. Su gran amigo Joan Patsy recuerda que .tuvo una conversación bestial con los jugadores del Barça cuando trató de convencerles de que dejaran un programa de televisi ón y de que se centraran en su trabajo. La conversación fue subiendo de tono, y los amenazó con que iban a acabar haciendo un programa de suplentes porque no iban a jugar más. Aquel día parecía que la vena le iba a estallar, según me han contado algunos jugadores. Los puso a todos de vuelta y media, pero cuando salió de la reunión, va y me dice: ‘Joan, he olvidado decirle a Txiki y a Bakero que vinieran con sus esposas a una cena en la que me entregan no sé qué’. ¡Los acababa de destrozar y los invitaba a cenar! Y cuando le expresé mi extrañeza me dijo: “¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?”. Patsy le dio el recado a Txiki, que tampoco entendió nada. Los códigos de Johan Cruyff son muy particulares.

Johan Cruyff está dedicado hoy a la familia, a la fundación que lleva su nombre, a las escuelas de formación de deportistas, a su golf, a escribir los lunes en “La Vanguardia” y a sus amigos. Pero eso no significa que su presencia en el mundo del fútbol se haya diluido, porque los artículos que publica los lunes en “La Vanguardia” acostumbran a tener una una gran repercusión, aunque cualquier impresión suya acaba siendo interpretada de distinta forma por los medios de comunicación.

Sostiene Cruyff que tiene más amigos en Barcelona que en Holanda, porque por algo pasa más tiempo en la capital catalana que en su país de origen. Amigo, para Cruyff, es un ámbito reducido. Sabe que también tiene enemigos y que probablemente vive en medio de un mundo que se divide en cuanto habla de él. Es así como todavía hoy el barcelonismo se reparte entre cruyfÞ stas y anticruyffistas o también llamados nuñistas, en relación con el presidente Josep Lluís Núñez, el hombre que despidió a Cruyff. Y su amistad con Joan Laporta, actual presidente del FC Barcelona, al que dio el voto en las últimas elecciones, es también interpretada por los sectores anti como una forma de que Johan siga mandando en el club. Así que cualquier decisión deportiva del presidente algunos la asocian con la mano de Cruyff, porque fue él quien recomendó a Frank Rijkaard y también ha apoyado siempre a Txiki Begiristain.

Que otros estén en su contra nunca le ha quitado el sueño. “Yo siempre hago lo que pienso y pienso que lo hago bien, y nunca hago las cosas con segundas intenciones, porque en primer lugar no tengo intención, y después no tengo necesidad”. Es una de las máximas de una persona que no soporta la traición, aunque también asume su parte de responsabilidad porque “tenía que haberlo visto antes”.

Poco accesible
Cruyff entró en la vida del periodista Joan Patsy como ídolo futbolístico. Estaba seducido por sus habilidades y en 1988 tuvo la gran oportunidad de echar un pulso con su mito. El pulso se convirtió con el paso del tiempo en un apretón de manos que dura todavía. El entonces presidente azulgrana pensó en Cruyff como entrenador, y los medios de comunicación se movilizaron. Patsy trabajaba en “El Periódico” y fue enviado a Holanda en plenas fiestas navideñas. Aquel 4 de enero comprobó lo difí cil que era entrar en casa de los Cruyff, en Vinkiveen, cerca del aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam. Llamó a la puerta y fue recibido por Danny, la esposa del jugador. Afuera hacía frío, estaba todo nevado.

“Aparecieron Danny y los doberman”. Pregunt ó si tenían cita y negó cualquier entrevista. Ni la excusa de “venimos de Barcelona” les sirvió: “Nadie los ha llamado”, fue la respuesta. Pero antes de que cerrara la puerta, Patsy, hábilmente, le comentó que hacía mucho frío. Y esta frase ablandó a la esposa de Cruyff. “Entrevista no la vais a ! tener, pero un té te lo ofrezco”. Fue el té que más ha alargado en su vida Patsy. Quería conseguir la entrevista y no dejar que Danny lo despidiera en cuanto creyera que el cuerpo ya estaba caliente para volver a las invernales calles de Vinkiven.  

Johan Cruyff, fotografiado en la sede de su fundación.
“Con Cruyff sólo te puedes equivocar una vez. Y no admite la traición. Entiende que la amistad está basada en la fidelidad total y más cuando las cosas van maldadas”, apunta Joan Patsy

“Si publicas algo más de la cuenta, tengo amigos en Barcelona que me pondrán al corriente. Y nunca más”, fue la frase-advertencia de Cruyff. El siguiente examen de confianza necesitó de otros cuatro viajes. Johan no quiso nunca dar su teléfono, pero Patsy se las ingenió para conseguirlo. Lo había conseguido a través de Chantal, la hija mayor de Cruyff. “Un día llamé y se puso Johan”. ‘¿De dónde has sacado el teléfono?’, me preguntó. “Si no me lo dices, se acaba aquí la conversación y no hablo contigo nunca más”. Patsy salvó aquel round con otra frase: .”i te lo digo, tampoco vas a confiar en mí, así que mejor paso palabra”. La respuesta convenció a Cruyff. Había entrado en el reducido grupo de amigos. Se inició entonces una amistad que años después lo llevó a dejar la profesión y a seguir con él como su hombre de confianza.

“Johan es una persona que escucha muchísimo, pero sólo hay un problema. Sólo te puedes equivocar una vez. Y es un tío que no admite la traición. Él entiende que la amistad está basada en la fidelidad total y absoluta, y más cuando las cosas van mal dadas. Lo de Charly Rexach, por ejemplo, fue justamente eso. Johan tenía adoración por Charly, lo quería a muerte. Muchos de los tropiezos de Johan se debieron a inventos de Charly. Y eso lo asumía, pero lo que no podía esperar es que lo dejaran tirado en cuestión de horas. Entonces no hay marcha atrás”. Cruyff y Rexach fueron amigos. Jugaron juntos y luego, como entrenador y segundo entrenador, llevaron al Barça a una época de esplendor en la que el equipo acabó siendo llamado “dream team” por su forma de jugar y por los títulos conseguidos (cuatro ligas consecutivas y una Copa de Europa). Pero consiguieron sobre todo contagiar su optimismo y cambiar la mentalidad del aficionado, hasta tal punto que veinte años después aún se habla el mismo lenguaje: “rondo”, “vacas sagradas”, el “4”, disfrutar... Pero Cruyff creyó que Rexach iba a secundarle cuando Núñez lo despidió sin dejarle acabar la temporada. Se equivoc ó. Charly aceptó dirigir el equipo, a cambio de perder a un amigo.

“Es muy radical”, dice Joan Patsy al recordar esta historia. “Con Cruyff puedes hablar, negociar, acabar imponiendo tu criterio, pero no hagas lo contrario de lo que has dicho. Él es muy ‘open mind’, como dirían los americanos. Tiene una ventaja: se parte la cara por ti. Nunca va de farol”.

Ahora, al cumplir 60 años, Johan, a juicio de Joan Patsy, no ha cambiado nada. Cruyff nunca intenta compensar por ningún lado. “Si fuera por cariño, Txiki habría jugado las finales, los grandes partidos. Pero Txiki no jugó en Wembley”, cuenta Patsy que dice Cruyff. Un hombre de una honestidad exagerada que, como subraya Rijkaard, es capaz de vivir tranquilo sabiendo que tiene al mundo dividido. A Cruyff le da lo mismo. Eso sí, le gusta saber dónde están unos y dónde están los otros. Pero no se preocupa, no se obsesiona por los que no están con él. Su mundo sólo es positivo. A veces se ríe cuando piensa: “Este tío aún está así, han pasado veinte años y todavía recuerda aquello. Debe de dormir mal”. Hace las cosas sencillas, simples, tal como jugaba al fútbol o como entrenaba. “Con él la vida no es aburrida -concluye Patsy-, y a su lado no conoces la paz. Él no se altera, pero el que trabaja con él sí, porque somos más ‘mortales’ que Johan”.  

Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.
30 de noviembre
30 de noviembre
Publicidad
Buscar en