Estilo Guardiola

De niño a padre
La infancia de Pep está en la casa natal, situada en la actual plaza de la Generalitat de Santpedor, cerca de Manresa, conocida también como plaza de los Asnos. Pep conserva en el archivo de gustos y olores los caldos cocidos a fuego lento por la cocina económica impregnada de leña y carbón. También los tomates del huerto del abuelo Sebastià, los garbanzos y demás tipo de legumbres y los caracoles a la llauna que ahora se disputa con su amigo y preceptor, el
ex jugador del Barça Josep Maria Fusté. Sentarse a la mesa de la casa de su madre continúa siendo un placer. El recuerdo gastronómico, incrustado en aquellos veranos con sabor a fruta, emerge por encima de cualquier exquisitez contemporánea.
Los veranos, junto a los sábados, se alzan como espacio y tiempo de libertad total, con una monotemática televisión de la que Pep apenas retiene a la traviesa Pippi Calzaslargas y al empalagoso Marco. Cuando nace, en 1971, las calles del pueblo no están asfaltadas, las familias dejan las llaves en la gatera, y los antiguos establos dan paso al garaje donde cobijar el turismo de nueva adquisición. Más allá de su atávico apego al balón, que no ha abandonado desde los tres años, a Pep se le recuerda como un chaval inquieto y movido, pero responsable y obediente.










